Publicado originalmente el 13 de abril de 2017 

Por: María José López

Fotos: Verónica Ortíz

“Claro que es un buen negocio”, responde Matías Awad, cuando se le pregunta si Lollapalooza es rentable. “De eso veníamos hablando en el helicóptero cuando veníamos para acá”, ironiza su socio Maximiliano del Río.

***

Su viaje a la India lo iluminó.

Sebastián de la Barra estaba en quinto año de ingeniería comercial de la Diego Portales, cuando decidió dejarlo todo. Pescó un avión y partió al otro lado del mundo para perfeccionar sus estudios de yoga. Corría el 2005.

En ese tiempo de reflexión se hizo la pregunta: ¿en qué creen los jóvenes? “En sus ídolos”, pensó entonces… Y la mayoría de ellos, concluyó, están en la música. Entonces se propuso hacer festivales y a través de ellos “transmitir amor”. “Ése es el origen de todo. Con el fin de traspasar unión a través de la cultura y la música”, asegura De la Barra.

Allá conoció a una japonesa, que prendió con la idea y decidió financiarla. Se vinieron a Chile y fundaron Lotus Producciones, empresa que se dedicaría a hacer los recitales “Festival One”. Al primero de ellos le fue mal: llegaron dos mil personas. La japonesa decidió salir de escena y De la Barra optó por seguir solo.

El 2007, dos compañeros del Andrée English School, fanáticos de la música al igual que él, decidieron sumarse al proyecto: Matías Awad y Maximiliano del Río. El primero, agrónomo de la UC, entonces ejecutivo de una exportadora de frutas, mientras que el segundo, ingeniero comercial de Universidad de Chile, trabajaba en una compañía, con cuello y corbata.

Los tres amigos comenzaron a viajar por el mundo viendo cómo se hacían los grandes festivales: Coachella, Austin City Limits, Glastonbury. Y, a principios de 2010 volaron a Los Angeles, a una reunión con Perry Farrell, el vocalista de Jane’s Addiction y creador de Lollapalooza. Entonces le propusieron traer a Chile el festival.

El mismo año, Farrell y su socio Marc Geiger, dueño de la mega agencia musical William Morris, viajaron a Santiago para ver cómo el trío de Lotus empujaba el Festival Maquinaria, que también organizaban. “Notaron que había potencial en nosotros y en el público. Caminamos del Club Hípico al Parque O’Higgins y les dijimos ‘este es el parque donde hay que hacerlo’. Lo miraron y se enamoraron de una”, asegura Max del Río.

Por primera vez el festival salía de Chicago (hoy están además en Sao Paulo, Buenos Aires, Berlín y París). Se convirtieron en socios, aunque aseguran que los términos de la franquicia son confidenciales: no se refieren a porcentajes ni qué socio chileno o gringo tiene más “acciones”.

El primer año invirtieron 9 millones de dólares para echarlo a andar, fueron 100 mil personas, 56 bandas. Seis años más tarde, la versión 2017 requirió 15 millones de dólares y convocó a 160 mil personas y 67 grupos musicales.

-¿Cómo explican el salto?

-Sebastián Meza (SM): Hay dos consolidaciones este año: la del evento, que se ve en la asistencia, seguridad y hasta en el feeling de la gente en el festival. Y la consolidación de nosotros como equipo. Pero queremos afinar las tuercas para seguir apuntalando a éste como uno de los mejores festivales del mundo. El festival va a seguir creciendo.

-Maximiliano del Río (MD): Hemos sido dos veces (2011 y 2014) nominados por los ingleses de Poll Star como el mejor festival del año. Nos ha ganado Glastonbury (el legendario festival de Inglaterra, que se realiza desde los 70). Tenemos que ser nominados por tercera vez y ojalá la tercera sea la vencida. Vamos en el camino correcto.

[box num=”1″]

-¿Qué hacen el resto del año?

-Matías Awad (MA): Se acabó Lolla, pero esto no para. Ya estamos organizando Cirque du Soleil. Tenemos el show de Soda Stereo, el Séptimo día, y estamos siempre buscando nuevos conciertos, recitales, productos distintos.

El tejemaneje y el lucro

El 2012 se sumó otro integrante a Lotus Pro, Sebastián Meza (34), ingeniero civil de la Universidad de Chile, quien estaba dos cursos más abajo que ellos en el Andrée. “El primer año me ofrecí a manejar la van para trasladar a las bandas”, cuenta Meza. Al año siguiente se convirtió en gerente general y desde entonces trabajan todos juntos.

En total, el equipo estable está compuesto por 30 personas, mientras que en época de festival llegan a movilizar a cinco mil. Hoy, los roles de cada uno están totalmente divididos: De la Barra es el que mantiene la relación con agentes, bandas y artistas y se encarga de todo cuando llegan a Chile, desde conseguir hoteles hasta el traslado; Awad, el que ve el marketing y Del Río, maneja el área comercial y los auspicios. Meza, vela para que los números anden bien.

Hace tres años Lotus Pro se cambió de casa a una construcción grande, de dos pisos, emplazada en un terreno de unos 1.000 m2 en Las Condes, con un jardín lleno de árboles, mesas tipo “picnic” de madera y una que otra banderita tibetana. Por ahí deambulan dos perros y tres gatos recogidos de la calle.

De las puertas del recinto cuelgan letreros –“sala de reuniones”, “cocina”, etc.– y las paredes de la casa están tapizadas con los afiches de los recitales que han realizado. En el resto de los muros hay carteles con la misión y valores de Lotus Producciones.
Los socios de la empresa aseguran que ellos no tienen horario de trabajo. Pero que la disciplina y rigurosidad son trascendentales. Si no, dicen, “la cosa no anda”. Hoy, además, tienen un directorio que está integrado por ellos cuatro y por asesores independientes.

-¿Qué bandas han saltado tras Lollapalooza?

-MD: Ha pasado con muchos: con Calvin Harris, por ejemplo. No podrías creer lo que les pagamos la primera y la segunda vez.

-¿Cuánto?

(Ríen).

-Max: Es como que le preguntemos a alguien, ¿oye, tú cuánto ganas? A nadie le gusta esa pregunta.

-¿Desde cuándo Lollapalooza es buen negocio?

-SM: No esperábamos ver resultados el primer año. Trajimos un producto que no existía y sabíamos que los primeros años eran de aprender. En los años siguientes la gente ya empieza a confiar y no te compra sólo por una banda, te compra por “Lolla”. Y ahí es cuando ya se empieza a consolidar.

-SD: Desde el año tres, el festival tiene números azules y está de acuerdo al plan.

–En buen chileno, hay gente que dice “estos gallos se están forrando”…

-MA: eso lo dicen del día 1…

-SM: Hay que ser súper concretos. Tener 80 mil personas cada día es un gran negocio. De que sea rentable o no depende del criterio de cada uno. Hay algunos que prefieren gastarse la misma plata en la bolsa, mover tres órdenes y rentar lo mismo. Éste es un festival que cuesta mucho y va a seguir costando. Lo que pueda pasar en la industria de la música de acá a dos o tres años puede cambiar, nadie sabe con las nuevas tecnologías qué pueda suceder. Nadie sabe qué va a pasar con los actores relevantes de la industria, cómo se van a normar. Hoy en día el festival es saludable, sí. Y que va a seguir creciendo, sí…

-En 2011, Sábado los describe como quizá los empresarios culturales más grandes de Chile. ¿Se sienten empresarios?

-Todos: Sí.

-¿No tienen rollo con la palabra? Muchos de su generación prefieren autodenominarse emprendedores.

-MD: No, para nada. Nos metimos en el sistema, y tenemos que ser el mejor empresario que puedas ser. Y si no lo tenemos claro, estamos renegando de nosotros mismos.

-MA: Es típico del chileno. ¿Qué te preocupa si te dicen emprendedor o empresario?

-SD: Nos preocupamos de ser el mejor empresario que podemos ser. Por eso tenemos directorio, contabilidad, reuniones, queremos ser lo más profesionales posibles. Yo estudié en la Portales en la época en que estaba Felipe Cubillos, quien fue un gran ejemplo para mí. Me enseñó a seguir nuestros sueños, y eso estamos haciendo.

-Los políticos de su generación van en contra del lucro. ¿Ustedes?

-SM: Estoy de acuerdo con el lucro, todos queremos hacer algo y con ello obtener alguna utilidad, un beneficio, que puede ser interno, monetario… Pensar hacer Lollapalooza y reinvertir todo de nuevo, no es parte de la discusión.

-MD: Pero sí estamos preocupados de otras cosas. Estamos creando una fundación donde queremos potenciar muchas áreas relacionadas a Lollapalooza. De hecho, este año por las entradas de cortesía cobramos 25 lucas, y esas platas van para beneficencia.

-SD: Vamos a elegir tres causas. El año pasado apoyamos a algunas escuelas, y regalamos instrumentos. Este año está en proceso de discusión.

-¿Cómo financian el festival?

-MA: Parte del financiamiento del festival lo cubren los auspiciadores, pero donde está la gran recaudación de plata es en los tickets. De las ganancias, 70% son por venta de entradas y 30% por auspiciadores.

-Pagan harto las marcas por estar ahí…

-MA: Pagan lo que nosotros consideramos que tienen que pagar.

-MD: El apoyo de los auspiciadores es importante. Con VTR tenemos una alianza que empezó hace tres años y que consiste en transmitir el festival desde los canales de VTR cable en forma simultánea. Este año lo vieron más de dos millones de personas. Eso equivale a 30 puntos de rating, si lo llevamos a people meter.

-Como las teleseries turcas…

-Tal cual (ríen).

Comiendo con Metallica

Antes de entrar en el mundo Lollapalooza hay que tocar el timbre de la calle. Al abrirse la reja, una voz dice: “Please come in”. El día de la entrevista, la canción Traidora de Marc Anthony suena en la recepción de la casa.

Todas las semanas, los socios de Lotus Pro tienen reuniones virtuales con Perry Farrell y sus otros socios. Hablan de bandas emergentes que están sonando fuerte en otros recitales y desde ya organizan el Lollapalooza 2018. “El festival ya está instalado en Sudamérica y en el ciclo de vida de una banda, hay un minuto que les conviene estar en Lollapalooza. Radiohead, Pearl Jam, Red Hot Chili Peppers, a todos les conviene estar acá y después seguir solos. Es parte de la planificación de las bandas ver qué año van a venir”, cuenta Max del Río.

Con Farrell, además de negocios, ya hay una real amistad, sobre todo con De la Barra. “Se encontraron”, bromean sus socios. Cada vez que el vocalista de Jane’s Addiction viene a Chile, come en su casa, y después de cada festival, visitan algún lugar de Chile. El 2015 estuvieron en las Torres del Paine y el año pasado en Isla de Pascua, donde aprovecharon esas aguas del Pacífico para surfear. “Cuando viene, incluso lava los platos”, bromea Del Río para graficar la amistad.

-Farrell dijo sentirse avergonzado del festival porque en un comienzo fue concebido como un espacio para bandas de rock alternativo, indie y punk rock, pero poco a poco las nuevas tendencias se fueron imponiendo, como el electro dance, estilo que Farrel simplemente “detesta”.

-MD: Creo que lo descontextualizaron.

-SM: Lollapalooza partió bien roquero y después tuvo que meter este otro hermano que es la electrónica, y la popularidad del Movistar Arena (donde actúan estos grupos) habla por sí sola.

-Max: Así son las nuevas generaciones. Escuchan Metallica, reggaetón y después los Beatles. Todos los géneros son bienvenidos.

-¿Todos? No he visto reggaetón todavía…

-MD: No, todavía no entra como género. Tenemos otras prioridades. Pero hemos llevado al Festival de Viña a artistas de reggaetón.

-¿Para estar en Lollapalooza hay que ser cool?

-MA: Sí, absolutamente cool. No va a estar Miguel Bosé, ni Alberto Plaza, ni Arjona.

-¿Cómo lo hacen para estar al día con los artistas y traer a los que la están rompiendo?

-MD: Yendo a festivales. Ahí ves lo que está pasando y si una banda funciona bien en un escenario. De eso se trata el festival. De conocer y hacer crecer la industria.

-Los críticos dicen que Lollapalooza se transformó en una franquicia. ¿Cómo no perder el ideal con que nació, de traer las bandas más alternativas y talentosas?

-SM: Los festivales tampoco traen las bandas más conocidas de la industria. La gente que va al festival agradece esos descubrimientos de bandas que no conocían. Y si no existiera Lolla, no vendrían.

-MA: Uno no puede traer a las más grandes solamente, porque hay un presupuesto.

-SM: Siempre vamos a dar el máximo para tener las mejores bandas. Pero Lollapalooza es una fiesta independientemente de quién esté, es una fiesta donde en dos días la gente va a compartir en buena onda. Y si eso es lo que quieres criticar, o te molesta, bueno…

-MD: Igual nos metemos a Twitter porque hay gente que hace críticas constructivas. Como un usuario que dijo que hizo cola de varias horas para comprar la entrada. Eso lo tomamos en cuenta. El resto de las críticas, ¿para qué?

-¿Cómo van a enfrentar en las futuras ediciones la masividad? Este año tuvieron que cerrar la cúpula. ¿Están pensando trasladarse a otro lugar?

-SM: Queremos seguir en el parque. Y sobre la masividad, aunque uno prepare todo, el día del evento es cuando uno ve cómo la gente se comporta. Es muy distinto un año que puede estar cargado al rock, con otro que está cargado a la electrónica o al pop. No puedes hacer algún tipo de análisis hasta el sábado a las cinco de la tarde.

-Traer a Metallica fue una apuesta muy rockera y masiva, que a algunos sorprendió.

-MD: Metallica ha estado en Lollapalooza desde 1991, cuando partió en EE.UU. Hubo muchos hits este año; músicos como Tom Lord que vienen recién saliendo y The Weeknd que va a seguir creciendo.

-MA: Igual esperábamos que hubiese mucha gente fanática de Metallica, con polera y todo, pero finalmente hubo más “público Lolla”. La experiencia del festival es lo que prima más que el artista.

-MD: El sábado fuimos a comer con Metallica al Varanasi (donde Awad y De la Barra son socios). Estaban súper contentos porque se habían encontrado con una energía distinta. James (Hetfield) dijo que lo habían pasado tan bien arriba del escenario que no se querían bajar.

-Comentó en el escenario que le llamaba la atención lo de los niños. ¿Qué significa la cultura Lollapalooza, que padres e hijos van juntos a ver Metallica?

-MD: Eso a él no le había tocado nunca. La participación en familia es algo que nosotros queremos promover.

Lolla eterno

-¿En qué han mejorado?

-MD: El 2011 vinieron 100 mil personas, y muchos no sabían ni lo que era el festival. Han pasado siete años de eso y ya se ha incorporado en el inconsciente colectivo de Chile. Independiente de que la gente haya ido o no, todos saben lo que es Lollapalooza. Si quieres ir a un festival de esta categoría, tienes que viajar. Se cuentan con los dedos las capitales del mundo que hacen algo así: Berlín, Londres, Chicago, Nueva York. Incuso ahí los festivales son más chicos que el Lollapalooza de acá.

-SM: Tener a Lollapalooza en Chile sigue siendo inédito. Lo que nosotros hemos hecho ha sido contra viento y marea. En EE.UU. y Europa puedes cotizar entre diez empresas de iluminación de escenarios, tienes una base de datos de tres mil productores. En Chile hay muy buenos productores, empresas de iluminaciones y de audio, pero no los suficientes para ocho escenarios, ni para estar en 35 partes a la vez. Las autoridades y todos los asociados al evento tampoco sabían cómo normar un festival de esta categoría. Todo se ha ido construyendo en el tiempo, y todavía hay espacio para el desarrollo de la industria, para que nos permita hacer el festival como debe ser. Y no se ve de aquí a cuatro años que exista otro evento así.

-Chicago dura cuatro días. ¿Dos días ya es poco para ustedes?

-MA: Funciona bien por ahora. Pero nos estamos dando cuenta de que se está cumpliendo el plan de negocios, lo que nos lleva a pensar en un tercer día. Es parte del plan.

-SM: El festival fue hecho para 85 mil personas. Este año llegaron 80 mil por día. El próximo año vamos a tener que hacer uno para 100 mil personas, de modo de siempre tener un mismo nivel de producción e ir mejorando.

-MD: Hoy, toda la gente que va a Lollapalooza se comporta de una forma súper amistosa, pacífica, amigable, todos se respetan… Nunca ha habido ningún accidente importante. La clave es que la seguridad sea la adecuada, la gente sea la adecuada… Son dos días de respeto de diversidad, de buena onda, de ir disfrazado con tu mejor pinta, de ir a ver a Metallica con flores en la cabeza, lo que sea, pero todos se respetan.

-SM: Lo único que no se puede controlar es el fanatismo que sobrepasa todo, ver a las chicas llorando a mares. Pero no se pueden tener las emociones bajo control de los más fans. La seguridad es lo que más nos preocupa.

-¿Qué errores han cometido?

-SM: Cada año nos damos cuenta de que se necesitan más personas para hacer este festival. Necesitamos más personas responsables capacitadas, para que estén y respondan, y no estar obviamente nosotros 24 horas trabajando, cansados todo el día…

-MD: Cuesta mucho delegar.

-Quieren hacer todo ustedes…

-MA: Sí, claro…

-¿Qué hay que mejorar?

-SD: Hay desafíos con la experiencia al público, mas áreas verdes, más puestos de comida, y eliminar el polvo, sobre todo en la parte de KidzPalooza. El festival ya llegó a un buen grado de consolidación y maestría.

-¿Cuánto tiempo le queda a Lollapalooza?

-MA: Es eterno.

___________________________________________

“No tenemos apoyo”

-¿El gobierno los apoya?

-(Responden todos): No. Estamos solos.

-¿Han tocado la puerta?

-SD: Sí. Y nadie apoya. Somos un producto que podría ser un tema de imagen país. Hay áreas que queremos seguir desarrollando y necesitamos más recursos, como hacer un festival inclusivo de clase mundial. Pero no podemos. Necesitamos más apoyo, pero no lo tenemos.

-¿A quién han pedido apoyo?

-SD: Al ministro de Cultura, al del Medio Ambiente… a varios. Ellos tienen la intención, pero no se concreta. El New York Times nos premió y destacó a Santiago como lugar para visitar por esto, pero las autoridades nada.

-MD: Los políticos al final hacen su carrera no más. Piensan en ellos. Y si ellos tienen elecciones en cuatro años, piensan en cómo ser reelectos. La política es un mundo muy distinto al que nosotros nos movemos.

-¿Ustedes votan?

-Sí. Nos interesa que haya un buen gobierno.

-¿Legalización de la marihuana?

-Todos a favor.

-¿Educación gratuita?

-MA: Para todos, ricos y pobres por igual.

-¿Lollapalooza paga impuestos?

-SD: Al igual que todos los festivales, estamos exentos. Pero pagamos otros muchos que hacen que traer artistas sea carísimo. Hay que pagar cerca de 900 dólares en impuesto por traer artistas de Estados Unidos. Hay muchos temas que regularizar.

-¿Cuál otro?

-SD: Es inexplicable que no se pueda tomar cerveza o una copa de vino en este tipo de festivales. No se entiende.

Publicidad