“En las 4.15 pm del domingo 21 de febrero y estaba más agotado que nunca, pero mis amigos y yo estábamos sentados en el techo de América del Sur". Así comienza el posteo que Kyle Maynard escribió en Facebook luego de completar un largo ascenso que lo llevó a la cima del Aconcagua, la montaña más alta del continente.

Maynard, de 29 años y nacionalidad estadounidense, nació con una amputación congénita de sus brazos y piernas, condición que no le ha impedido lograr lo que quiere en la vida.

En una entrevista con la NBC, su padre contó que él y su mujer optaron por no darle un tratamiento especial, “ya que el mundo no iba a adaptarse a todas sus necesidades, por lo que debería ser Kyle quien se adaptara al mundo”.

Desde muy pequeño, aprendió a levantar una cuchara para comer, hacer castillos de arena en la playa, y hasta peinar a sus tres hermanas menores, publica Clarín.

Hoy es un deportista de alto nivel, con títulos en campeonatos artes marciales y récords en levantamiento de peso.

En el montañismo también tiene credenciales. Además de su hazaña en el Aconcagua, es el  primer amputado cuádruple que sube sin ayuda de prótesis la cima más alta de África, el Kilimanjaro, de 5.895 metros de altura.

La travesía en el Aconcagua -de 6.962 metros- duró para él 20 días, lo que le dio otro récord que él se tomó con humor. “Soy el escalador que más lento ha subido esta montaña. Curioso, porque coincidí en el ataque a cumbre con la mujer que más rápido ha ascendido (la brasileña Fernanda Maciel, que batió el récord femenino)”, dijo a la prensa en Mendoza.

Kyle y su grupo llegaron a la cima el domingo por la tarde, y el lunes un helicóptero los bajó desde el campamento base a 4.200 metros hasta la base del cerro.

Maynard recorre el mundo dando conferencias y hablando de su libro “Sin excusas”, donde relata su vida y derriba mitos sobre la discapacidad física. “Nunca he tenido pena por mí mismo, y nunca puedes ponerte excusas para no hacer las cosas (…) Quienes se sientan abatidos, levántense y hagan algo. En lugar de quejarse por lo que les ocurrió, es mejor darse cuenta de que hay una vida por vivir”, son algunas de su reflexiones.

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