Es escritora, es nigeriana, su charla TED tiene más de once millones de visitas, sus letras han inspirado canciones de Beyonce y su ensayo “Todos Deberíamos ser Feministas” (We Should All Be Feminist) se ha vendido alrededor del mundo como si se tratara de un bestseller.

Chimamanda se ha convertido en una líder de opinión y sus batallas tienen que ver con lograr la igualdad de género, superar el racismo y otras formas de discriminación. Por todas esas razones y más, la escritora figuró entre los 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time el año 2015.

Nació en la aldea de Abba y es la quinta hija del matrimonio de la etnia igbo formado por Grace Ifeoma y James Nwoye Adichie. Pasó su infancia en la ciudad de Nsukka, sede de la Universidad de Nigeria. Su madre era secretaria académica y su padre profesor por lo que Chimamanda creció en una familia de clase media ilustrada. Desde niña leyó literatura inglesa y norteamericana. Cuando empezó a escribir, sus cuentos tenían protagonistas rubios que jugaban en la nieve, porque eso era lo que había leído hasta entonces. Pero luego fue incorporando elementos y personajes africanos a sus historias, influida principalmente por el gran escritor nigeriano Chinua Achebe.

A los 19 años se ganó una beca para estudiar en Estados Unidos. A los 26 publicó su novela “La Flor Púrpura” que obtuvo gran éxito y reconocimiento. Luego vinieron “Medio Sol Amarillo”, “Algo Alrededor de tu Cuello” y “Americanah”; su última novela con la cual ganó el Premio de la Crítica Estadounidense en 2013. Con el ensayo “Todos Deberíamos ser Feministas” terminó de posicionarse como referente social y femenino. Su charla, que lleva el mismo nombre, acumula más de cuatro millones de visitas en youtube.

Su literatura trata temas complejos; habla de machismo, violencia y discriminación. De relaciones interraciales, identidad y amor. Escribe de su África, pero también de Estados Unidos y un tipo de racismo camuflado que a ella le ha tocado vivir. Algunos profesores universitarios le sugirieron en su momento que sus relatos fueran más “africanos”, es decir, más miserables, más cruentos y sangrientos. Y sus compañeros se sorprendieron con su buen inglés, siendo que ese es el idioma oficial en Nigeria. Estos prejuicios los incorpora en sus novelas con humor y agudeza.

Pronta a cumplir 40 años, hoy Chimamanda divide su tiempo entre la vida académica en Estados Unidos y Nigeria donde dicta talleres de escritura en la sede del Fondo Farafina, que creó con su editor nigeriano para impulsar la lectura y la escritura en su país.

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