Lo llamaban "el soldado favorito de Hitler" y de la curiosa vida de Otto Skorzeny después de la Segunda Guerra Mundial ya se sabía que había trabajado incluso como guardaespaldas de Eva Perón.

Pero una investigación publicada originalmente en el periódico judío Forwardacaba de revelar que el célebre ex teniente coronel de la Waffen-SS tuvo un empleador aún más inesperado: los servicios de seguridad israelíes.

Y Skorzeny –quien nunca renunció completamente a la ideología nazi– llegó incluso a matar por cuenta de Israel.

"Es una de las historias sin contar más importantes de los archivos del Mossad", Dan Raviv y Yossi Melman.

La suya, afirman los periodistas Dan Raviv y Yossi Melman, "es una de las historias sin contar más importantes de los archivos del Mossad".

"Supimos, por fuentes impecables, que después de considerar matarlo, Mossad decidió que era mejor reclutarlo", le dijo Raviv al programa The World, producido por Public Radio International en colaboración con la BBC.

"Y eso fue lo que hicieron, en 1962", relató.

"El más peligroso"

La trayectoria anterior de Skorzeny, quien nació en Austria en 1908, ya era bastante conocida.

Como miembro de las fuerzas especiales alemanas se destacó en varias operaciones que le llevaron a ser considerado por los aliados como "el hombre más peligroso de Europa".

Y ninguna lo representa tan bien como la osada liberación del líder italiano, Benito Mussolini, que le fue encargada por el mismo Hitler en 1953.

El recién derrocado Duce estaba cautivo en una remota colina de los montes Apeninos, en el norte de Italia, adonde el comando liderado por Skorzeny llegó de sorpresa utilizando parapentes.

Tras desarmar sin lanzar un solo disparo a la guardia de carabineros que custodiaba al líder italiano, lo condujo sano y salvo a la capital austríaca, en aquel entonces territorio nazi.

El propio primer ministro británico Winston Churchill calificó el rescate como un acto de "gran audacia militar".

Y como premio, "Caracortada" –como era llamado por una cicatriz en el rostro sufrida durante una justa de esgrima– fue ascendido y condecorado por Hitler, quien también le entregó el control de sus fuerzas especiales.

"Creo que lo trataba todo como una aventura. Además, el Mossad es lo mejor que hay el negocio y creo que disfrutaba estar involucrado con ellos", Dan Raviv.

Luego del suicidio del Fuhrer, sin embargo, Skorzeny se rindió ante un escuadrón estadounidense.

Y aunque fue encontrado inocente de crímenes de guerra en los juicios de Dachau de 1947, la posibilidad de nuevas acusaciones en el marco de los juicios de Nuremberg lo mantuvo en la cárcel, de la que se fugó con la ayuda de viejos compañeros de la SS un año después.

Sin remordimientos

Raviv y Melman, sin embargo, también destacan "rumores" de que el escape de Skorzeny pudo haber sido asistido por la agencia predecesora de la CIA, la Oficina de Servicios Especiales, para la que el antiguo comando nazi "también hizo algunos trabajos después de la guerra".

Y, en los años siguientes, ya establecido en España, Skorzeny también se desempeñó como "asesor" de los gobiernos de Argentina y Egipto, lo que terminó abriéndole las puertas del Mossad.

Efectivamente, una de las grandes preocupaciones de los servicios de inteligencia israelíes en esa época eran los esfuerzos de Egipto por desarrollar misiles y cohetes con los que atacar a Israel.

Lla participación de viejos científicos nazis en ese programa hacía deseable el reclutamiento de alguien como Skorzeny, en caso de que se le pudiera convencer.

Según Raviv y Melman, Caracortada aceptó ayudar a Israel a cambio de que lo eliminaran de la lista de posibles blancos del Mossad y no quiso dinero.

Y aunque se convirtió en un cooperador entusiasta de la agencia de inteligencia del estado judío, nunca mostró signos de remordimiento por su pasado nazi.

"Creo que lo trataba todo como una aventura. Además, el Mossad es lo mejor que hay el negocio y creo que disfrutaba estar involucrado con ellos", le dijo Raviv aThe World.

"El mejor y el más despreciable"

Según el periodista, además de facilitar información clave sobre los científicos que trabajaban para Egipto, el viejo nazi envió al menos una carta bomba y participó voluntariamente en al menos un asesinato.

"De hecho, fue Skorzeny quien apretó el gatillo y mató a uno de los científicos alemanes", aseguró.

Según el relato publicado en Forward, supervisando la muerte de Heinz Krug –el científico en cuestión– estaba Yosef "Joe" Raanan, el principal agente de Mossad en Alemania.

Y cuando Skozerny murió de cáncer en Madrid, en 1975, Raanan –quien perdió a la mayor parte de su familia en el Holocausto– se sintió obligado en ir a su cremación en la capital española.

Era el primero de dos funerales –el definitivo tuvo lugar en Viena– en los que no faltaron canciones y símbolos nazis.

Pero el espía judío no quiso dejar de rendir tributo "al mejor, pero también el más despreciable, agente que jamás tuviera a su cargo": Otto Skorzeny, un ex teniente coronel de la SS.

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