La prevalencia del sobrepeso y la obesidad a nivel mundial entre niños y adolescentes de 5 a 19 años aumentó de 4% al 18% en cinco décadas, según cifras entregadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

Además de los números, el organismo también alertó sobre los efectos del estigma, la discriminación y el acoso escolar en la salud mental de los menores. 

De esta manera, apuntan a la importancia de detectar a tiempo las señales de malestar emocional en los menores, así como brindarles el apoyo adecuado. 

"El peso corporal no determina por sí mismo el bienestar psicológico de un niño. Muchas veces, el sufrimiento no está asociado directamente a su cuerpo, sino a cómo ese cuerpo es mirado, comentado o tratado por su entorno", indicó la psicóloga infanto-juvenil de la Universidad Uniacc, Camila Navarrete. 

La especialista apuntó a la importancia de observar cambios en el comportamiento habitual del menor, colocando como ejemplo el "evitar actividades que antes disfrutaba, alejarse de sus amigos o evitar situaciones donde antes disfrutaba, mostrar incomodidad al vestirse, rechazar actividades deportivas o comenzar a realizar comentarios negativos sobre su apariencia". 

Además, indicó que esas señales "no deben interpretarse de manera aislada", sino que es recomendable "comprender qué está ocurriendo en sus relaciones familiares, escolares y sociales". 

"A veces, aquello que los adultos interpretan como inseguridad es una respuesta a experiencias reiteradas de burlas, comparaciones o rechazo", siguió la psicóloga. 

Consecuencias de burlas por la apariencia física 

La especialista también apuntó a las consecuencias que pueden existir en el menor respecto a las burlas, discriminación y bullying en torno a su apariencia física. 

"Cuando un niño recibe constantemente mensajes de que su cuerpo es inadecuado, puede comenzar a incorporar esas valoraciones en la manera en que se comprende a sí mismo. Esto puede favorecer sentimientos de vergüenza, aislamiento, ansiedad, tristeza e incluso rechazo hacia su propio cuerpo", explicó. 

Además, indicó que el problema no sólo se puede reducir a la autoestima individual del niño o niña ni que basta con enseñarle a sentirse más seguro, sino que "necesitamos intervenir en las relaciones y contextos que están produciendo ese sufrimiento". 

"Cuando existe sufrimiento emocional significativo, es recomendable buscar acompañamiento psicológico. Y si hay preocupaciones relacionadas con su crecimiento, alimentación o salud física, estas deben abordarse mediante una evaluación interdisciplinaria, respetuosa de su desarrollo y evitando prácticas que refuercen el estigma corporal", concluyó. 

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