Puede que no sean tan supersticiosos como los atletas, pero con frecuencia los escritores admiten que visitan lugares y usan accesorios que supuestamente tienen el poder de hacer fluir las palabras.

Agatha Christie concebía sus tramas dentro de una enorme tina victoriana, recreando homicidios mientras saboreaba manzanas.

James Joyce escribía con un lápiz azul en la cama, vestido con un abrigo blanco.

Otros se aferran a sus equipos, como Cormac McCarthy, Tom Wolf y Don DeLillo, quienes nunca se distancian de sus máquinas de escribir.

Pero ninguno de ellos dice nada sobre la curiosa configuración del teclado que golpean todos los días con sus dedos.

Y que no lo hagan es significativo: mientras que todos los demás aspectos de los aparatos que usamos para dejar registro de la palabra han cambiado, el teclado, conocido como "Qwerty" por la disposición de las teclas en la fila superior izquierda, permanece inmutable.

La historia de cómo Qwerty llegó a convertirse en regla en los países de habla inglesa -y, con algunas alteraciones, en español- es algo turbia y esconde un apasionado debate que permanece ajeno a la mayoría de nosotros.

Cuestión de velocidad

Las primeras máquinas de escribir eran incómodas, pero siempre conservaban un orden en el teclado que resultaba fácil de captar: tenían un orden alfabético.

¿Por qué cambió esa disposición de las letras?

Cuenta la leyenda que el Qwerty fue creado para disminuir la velocidad de los tipógrafos.

Era una necesidad.

En los primeros modelos de máquinas de escribir las teclas estaban conectadas a un brazo metálico, que se activaba cuando eran presionadas.

Si activabas una y rápidamente presionabas otra cercana antes de que el brazo metálico de la primera volviera a su posición original, terminabas con las teclas bloqueadas.

La solución de Scholes

La búsqueda de una solución a este problema estuvo presente en la mente de los inventores de las máquinas de escribir, entre ellos Christopher Sholes.

Sholes, nacido en Pensilvania en 1819, fue reconocido como integrante del equipo que inventaría uno de los modelos comerciales de máquina de escribir más conocidos.

Su aventura con las máquinas comenzó en 1867, cuando leyó un artículo donde describían el Pterotipo, un prototipo de máquina de escribir inventado por John Pratt.

El artículo decretaba la muerte inminente de la pluma, esa "difícil e insatisfactoria" herramienta que sería sustituida en breve por el placer de "tocar el piano literario".

Sholes se inspiró en esta idea y se asoció con Samuel Willard Soulé, para crear una máquina cuyo teclado contaba con dos filas con letras de marfil y de ébano, muy parecido a un piano.

En los años siguientes el proyecto atrajo a otras personas, como Carlos Gidden, el relojero Matthias Schwalbach y el empresario James Densmore, quien invirtió ahí sus últimos US$600.

En 1868 la primera máquina de escribir fue enviada al Porter's Telegraph College, en Chicago.

Desafortunadamente no la utilizaron mucho, debido a que el teclado no contenía números, lo cual era indispensable para la transcripción del código Morse.

Sholes le agregó números, pero el problema de bloqueo de teclas continuaba.

Fue cuando surgió la idea del Qwerty, sistema que para muchos fue creado por él, aunque hay quien afirma que Densmore fue el autor de la sugerencia.

La ingeniosa idea ubicaba la combinación de dos letras de uso muy frecuente a una distancia razonable entre sí.

 

Este teclado tomó finalmente la forma que hoy conocemos cuando la compañía E. Remington and Sons compró la patente en 1873 (hasta entonces el punto y aparte, por ejemplo, iba donde hoy va la "R").

El rival de Qwerty

Si Qwerty logró o no disminuir la velocidad de los mecanógrafos, es algo que se sigue debatiendo.

Entre sus opositores figura August Dvorak, un psicólogo educacional que estaba convencido de que Qwerty podía ser mejorado.

En su opinión, en Qwerty hay combinaciones de letras que requieren de habilidades acrobáticas.

Notó, por ejemplo, que palabras de uso frecuente como "éramos" y "estábamos" (was y were en inglés) se encontraban casi por completo en el lado izquierdo del teclado.

En 1936 Dvorak y su cuñado patentaron el Sistema de Teclado Simplificado Dvorak.

De acuerdo con Dvorak, un texto que le tomaría a los dedos de un mecanógrafo promedio recorrer unos 32 kilómetros utilizando el teclado Qwerty, se reduciría a 1,6 kilómetros con el sistema suyo, gracias el diseño ergonómico del teclado, lo cual también reduciría el número de errores al escribir.

En épocas más recientes, muchos entusiastas de Dvorak han asegurado que su diseño permite curar las usuales lesiones por el esfuerzo repetitivo de teclear.

Pese a ello, Qwerty sigue dominando aunque la distribución de las letras no tenga ningún sentido.

¿Cuál es la lógica?

Una de las explicaciones iniciales de la fama de Qwerty era que, desde la fila superior del teclado, se podía teclear rápidamente "máquina de escribir" en inglés (typewriter), lo cual supuestamente asombraba a los potenciales compradores cuando los vendedores mostraban el equipo.

Quizás deberíamos agradecer la aparición de cualquier cosa que haga escribir más lento, y que nos salve de esos grandes errores que vemos a diario en las redes sociales

No obstante, los investigadores japoneses Koichi y Motoko Yasuoka, de la Universidad de Kyoto, reportaron en el 2011 que no había mecanógrafos profesionales en la época cuando Sholes lanzo su sistema.

En vez de eso, ellos propusieron otra teoría.

"El arreglo del teclado terminó accidentalmente como Qwerty por tres razones: primero para beneficiar a los operadores de telégrafo (entre los primeros clientes de Sholes); en segundo lugar, para desacreditar un acuerdo entre los inventores y los productores; y finalmente para escapar de posibles restricciones legales relacionadas con patentes viejas".

La razón de fondo

Pocas veces nos detenemos a pensar en que el teclado de la computadora tiene, entre otras cosas, una serie de funciones que generalmente no utilizamos.

Una de ellas es la que cambia la disposición del teclado, para adoptar un nuevo sistema: el Dvorak.

Claro, tendrás que volver a etiquetar las letras hasta que aprendas donde encontrarlas en la nueva disposición del teclado, pero más allá de eso te estarías expresando en Dvorak sin ningún problema.

Y puede que ahí se esconda la razón de fondo que mantiene a Qwerty en posición de dominio: es tan poca la gente que aprende mecanografía formalmente hoy en día, que la mayoría prefiere quedarse con lo que ya conoce.

Otros sistemas

Cuando Sholes y sus compañeros estaban trabajando en el desarrollo del "piano literario", no tenían manera de saber que la disposición de las letras en el teclado iba a convertirse en su contribución más perdurable en la comunicación humana.

No obstante, ahora que escribimos tanto con nuestros pulgares, una plétora de sistemas alternativos están dándose a conocer en el mercado.

Entre ellos figura el Teclado Hero, que luce como el dial de un teléfono retro; o el TouchOne, especializado en teclados para relojes inteligentes.

También se cuenta PopKey, un teclado donde todo el alfabeto queda sustituido por… gifs (formatos de intercambio gráficos, utilizado tanto para imágenes como animaciones).

La característica común de todos estos llamativos sistemas es la velocidad que le permiten a sus usuarios. Pero, ¿podría considerarse que esa es una virtud?

La respuesta para algunos escritores es no. Como prueba está la célebre frase de Truman Capote: "Eso no es escribir, es teclear".

Y en cuanto a nosotros, ahora que hay tantos sistemas con aplicaciones que publican todo instantáneamente, quizás deberíamos agradecer la aparición de cualquier cosa que haga escribir más lento, y que nos salve de esos grandes errores que vemos a diario en las redes sociales.

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