Jugar a las escondidas puede ser divertido. Pero si te escondes tan bien que nunca nadie pueda llegar a encontrarte, se convierte en un juego peligroso.

Es la lección que "Güela" Librada le da a su nieto de 9 años, El Chaparro, cuando juega con sus primos.

"¡Hijos de la chingada! No se me desaparezcan, por lo que más quieran. No se escondan tan bien. Porque después nadie los va a encontrar nunca", les dice a gritos.

Pero El Chaparro es desobediente y tiene alma rebelde.

También tiene miedo. Mucho miedo. Sobre todo a la oscuridad, aunque es capaz de sobreponerse a ella y pasarse horas -e incluso un día entero- escondido en el viejo ropero de su abuela para salir victorioso.

"Yo era el que se podía volver invisible, me sentía superhéroe", cuenta el niño a través de la voz que le otorga el escritor mexicano Luis Jorge Boone en su novela "Toda la soledad del centro de la Tierra" (Alfaguara, enero 2019), un libro que, según le dice a BBC Mundo, le resultó "doloroso de escribir".

Combinando con maestría prosa y poesía, la inocencia infantil y la brutalidad del relato, el coahuilense presenta un viaje literario hasta un pueblo olvidado del norte de México, un lugar desértico y hostil arrasado por una ola de violencia y narcotráfico en el que crece un niño que fue abandonado por sus padres.

Un niño menudo (chaparrito) y tremendamente imaginativo, que el autor confiesa que tiene mucho de él mismo y con quien al mismo tiempo busca retratar a la infancia más castigada de su país.

Es la segunda novela que escribe tras varios poemarios y libros de cuentos, y la primera en la que personifica a un niño.

"Me pareció que era la mejor perspectiva para poder contar la barbarie tan impactante del arrasamiento de un pueblo, pero quitándole el tremendismo y el amarillismo y dejando más bien la sensibilidad, esa visión del mundo de alguien que aún no empieza a juzgarlo, que todavía tiene esperanza e ilusión".

Boone dice que la infancia es lo que más le preocupa:

"Cada vez que veo a niños abandonados, pidiendo en las esquinas, trabajando en la calle, pienso en todas estas infancias condenadas".

"Este país -y nuestra sociedad actual contemporánea- ha dejadoque los niños estén desprotegidos, que tengan que renunciar a ese periodo de formación, de juego y de fantasías que es suyo".

Pero el libro de Boone no retrata solo a los niños.

Otro personaje clave es "Güela" (la abuela) de El Chaparro.

"Es el papel de una mujer mexicana -y podría ser de muchos otros lados- que, al quedarse la familia sin varones, se vuelve la cabeza y también el alma de la familia".

"Es una matriarca que se endurece ante los golpes y las pruebas de la vida, y que al mismo tiempo se muestra sensible. Ella canta, sobre todo cuando bebe tequila, y se vuelve otra persona.

"Yo siempre admiré mucho a mis dos abuelas, que fueron mujeres que tomaron en sus manos las riendas de la familia y su manutención, y que eran respetadísimas".

A su vez, los desaparecidos cuentan en versos intercalados en el relato lo que ocurría en un pueblo, Los Arroyos, aunque en realidad hablan sobre la masacre de Allende, una de las más sangrientas de Los Zetas, que llegó a ser el cártel más violento de México.

"Es una voz colectiva que suma todas las individualidades: mujeres, niños, hombres, muertos, vivos, los que nos quedamos, los que nos fuimos, los que desaparecieron e incluso los que cooperaron con los criminales... Todo un pueblo contándose a sí mismo cómo sucedieron las cosas", explica Boone.

Delante de nosotros van nuestros fantasmas.

Caminan con pasitos quietos,

casi no se mueven, o es el mundo

el que gira ya sin ellos.

Son una plegaria,

una oración a un dios que ya se cansó de oírnos,

una pesadilla que casi ya tocamos,

que se nos acerca mucho,

mucho, con los ojos cerrados,

y los abre

y despertamos.

Una masacre olvidada

Ocurrió en la primavera de 2011, pero todavía no se sabe cuántos muertos dejaron Los Zetas en Allende, una pequeña ciudad cerca de la frontera con Estados Unidos. Era la época más dura de la guerra contra el narco.

En los registros hablan de 42 "desaparecidos", aunque se estima que pudieron ser hasta 300 (o tal vez más).

Los hermanos Miguel Ángel Treviño Morales (el Z40) y Omar Treviño Morales (el Z42), exlíderes de la banda criminal (ahora detenidos) pensaban que había tres traidores en su organización que colaboraban con los estadounidenses. Y decidieron "castigar su deslealtad" perpetrando una matanza.

"Se tardaron años en saber qué era exactamente lo que había pasado", cuenta Boone.

"Me pareció que no era humano, que no era digno, vivir como sociedad y estar involucrados en eso si lo olvidábamos, si no éramos plenamente conscientes de que eso había provocado tanto dolor y tristeza".

El escritor va más allá de lo que pasó en Allende.

"Estas cosas sucedieron en Coahuila, pero también en todo el país. Lo desubico un poco para que se pueda imaginar el lector en Michoacán, en Guerrero, en Tamaulipas... en otros lados. Creo que nunca había escrito un libro con tanta conciencia social".

"Lo que yo quiero es que no se olvide que toda esta capacidad de hacer daño y violencia tuvo consecuencias para personas que se vieron totalmente cercadas por el crimen".

Enfrentarse al miedo

El sentimiento más latente en la novela de Boone es el miedo y cómo nos enfrentamos a él (si acaso lo hacemos).

"De niños tenemos ciertos miedos. Pero quizás los adultos tengamos muchísimos más miedos a los que enfrentarnos... y muchísimas más razones para no querer hacerlo".

"El pueblo -al igual que El Chaparro- se enfrenta a su orfandad. Perdió el norte. Perdió la fe y la esperanza en un tejido social, en una autoridad. Hay ahí un miedo terrible.La muerte y la violencia, que ejercen esa especie de sombras que los acosan y que los arrastran, son la principal fuente de miedo. Pareciera que no hay cómo defenderse".

No hablábamos nosotros. Hablaba el miedo.

Qué nos van a hacer. A todos nomás o a los demás.

A nosotras las mujeres. A nosotros los niños.

A nosotros los ancianos,

Y bien que sabíamos.

Era eso lo que nos dejaba sin voz, y por eso era el miedo el que hablaba.

"Tenemos que enfrentarnos como sociedad a todo lo que nos da miedo. De alguna manera -y esto duele muchísimo decirlo- permitimos que esto pasara", continúa Boone.

"Nos compete a todos que esta mancha de miedo y de violencia esté y permanezca en la historia".

"México se caracteriza por ofrecer siempre la cara más terrible: una noticia va enterrando a la anterior, una estadística más brutal va enterrando a la anterior.

"Todo eso va haciendo una capa de brutalidad tras otra. Y corremos el riesgo de que se nos olvide", señala el autor.

Boone lanza preguntas retóricas: "¿Es posible escuchar o silenciar ese llamado de lo que ha pasado y pretender que no sucedió? Es como esta vieja disyuntiva de 'yo solo seguía órdenes'. ¿Cómo es un recurso pretender que las cosas no pasaron o no darles importancia?".

"Existen las fosas. Existen los grupos criminales. Tenemos que enfrentarlo, señalar y decir: 'Esto no está bien que pase'. Y proponer cambios".

El coahuilense señala esas fosas en su novela a través de la metáfora de un pozo.

"Hay algún pozo cerca de Monclova, la ciudad donde yo nací y crecí", dice.

"Y se van haciendo leyendas sobre un pozo que no tiene fondo, al que nunca te asomas porque si te caes o por si no sales. Se empezó a decir que los grupos criminales lo usaban para hacer desaparecer personas, y también se dijo que se escuchaban voces".

"Es la metáfora de las fosas de la muerte. Y un niño puede entenderlo así".

Aplanaron todo alrededor.

Quedó un pozo al que no se le ve el fondo.

Dicen que ni así se conformaron, que le pararon porque algún derrumbe les bajó la rabia.

Es que la tierra se hundió, solita.

Se hartó, dijimos.

"Creo que en nuestra sociedad moderna se acostumbra mucho a callar. Aunque cada vez menos, afortunadamente", dice Boone.

"Todo estaba muy concertado para contar una serie de realidades que llevan más de 20 años en el país y de las que no se había hablado".

"Pero en Latinoamérica y en el mundo, muchas literaturas están despertando y diciendo: 'Vamos a hablar de lo que no habíamos podido hablar; vamos a retratar a esos personajes que antes hubieran sido extraños y que ahora son necesarios'".

"Nos tenemos a nosotros. Y esa es una de las cosas que como sociedad estamos aprendiendo. El primer material para cambiar el mundo somos nosotros".


Luis Jorge Boone (Monclova, Coahuila, 1977) es autor de varios poemarios, ensayos y libros de cuentos, y de dos novelas"Las afueras" (2011) y "Toda la soledad del centro de la Tierra" (2019). Ha recibido 12 premios nacionales, entre ellos el de Cuento Inés Arredondo 2005, el de Poesía Joven Elías Nandino 2007, el de Ensayo Carlos Echánove Trujillo 2009 y el de Literatura Gilberto Owen 2013. Sus textos han sido traducidos al inglés, al francés y al alemán.


Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Querétaro 2019, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad mexicana entre el 5 y el 8 de septiembre.

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