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La radical decisión de un entrenador de la liga inglesa para que sus pupilos no jueguen Fortnite

Reuters
Por T13
El técnico del Southhampton dejó entrever que la adicción a los videojuegos era algo de lo que el gobierno debía hacerse cargo.

Los videojuegos parecen no solo ser un hobby en el mundo del deporte, pues se han visto casos de indisciplinas generados a partir de títulos tan populares como Fortnite.

Uno de los casos más emblemáticos es el del delantero del Barcelona, Ousmane Dembélé, quien en una ocasión se quedó dormido por jugar hasta tarde y no asistió a un entrenamiento de los culés.

Esto es algo que preocupa sobremanera a Ralph Hasenhuttl, técnico del Southampton, equipo de la Premier League inglesa. El DT tomó la severa decisión de cortar el wi-fi de todos los hoteles en donde se hospeden sus jugadores en la previa a los partidos del equipo.

"Es algo a lo que te haces adicto y eso significa que debemos proteger a los jugadores", dejando en claro que se trata de una decisión que también se dio durante su estadía en el Leipzig de Alemania, los cuales se acostaban a dormir a las tres de la mañana. 

El austriaco incluso deja ver que la adicción a los videojuegos debe ser un problema gubernamental, en el que el Estado debería hacerse cargo con correspondientes campañas de prevención.

"Si se llegase a tratar de una enfermedad sería fácil para el gobierno el exigirle a las compañías que bloqueen los juegos después de tres horas", aseveró.

"Estoy preocupado de que termine con mi carrera"

La relación de los futbolistas con el gaming es cada vez más cercana. El volante del Tottenham, Dele Alli, es rostro de una marca de sillas gamers e incluso se transmite en vivo mientras juega a Fortnite.

Otros como Harry Kane, Mesut Özil e incluso Zlatan Ibrahimovic son embajadores del ya mencionado juego, compartiendo sus experiencias con éste en sus redes sociales.

El medio británico The Sun realizó una entrevista anónima a un jugador inglés que confesó ver afectada su vida por una severa adicción a Fortnite.

Sus sesiones de juego, las cuales se extendían a 16 horas, mermaron su rendimiento futbolístico, lo hicieron ausentarse a entrenamientos e incluso afectaron su relación de pareja, transformándolo, en sus palabras, en una persona agresiva.

"Cuándo tenemos partidos de visita y viajábamos en bus, estoy jugando desde el momento en que partíamos y después seguía en la habitación del hotel", confesó.

Pero también dejó en claro que su caso no es aislado, y que se replica en casi la mitad de sus compañeros de equipo: "Sé que juegan por muchas horas porque lo hago junto a ellos, como también con jugadores de otros equipos".