Felipe Mangini, dueño de Starnberg: “En la TV los políticos están peleando y después acá son amigos”
Felipe Mangini
T13 En Vivo
Que mirar. En Starnberg, las diferencias políticas pueden quedar al otro lado de la puerta. En sus mesas se han encontrado figuras de la centroizquierda y de la derecha, empresarios de grandes compañías, rostros de la televisión y futbolistas. Sebastián Piñera estuvo entre sus clientes; José Miguel Insulza también, gente de todos los gobiernos. Por sus salones han pasado los Matte, los Guilisasti, Don Francisco (quien estuvo el viernes), Marcelo Salas, Mauricio Isla y Arturo Vidal.
- No es un restaurante que se defina por una tendencia política ni que pretenda convertir la notoriedad de sus comensales en espectáculo. Su principal atractivo es precisamente lo contrario: que nadie moleste a nadie.
- “Tú ves en la TV que están los políticos peleando y después acá son amigos”, cuenta Felipe Mangini, uno de los propietarios del local de Vitacura. “El restaurante no es político. Vienen los políticos, pero nosotros tenemos que mantenernos neutrales”.
- El 90% de quienes llegan, calcula, son clientes habituales. Muchos se conocen entre sí, comparten almuerzos de trabajo o se reúnen con amigos. En una mesa puede haber una negociación empresarial y, en la de al lado, un grupo celebrando sin que ambas escenas se interfieran. “Más que un restaurante, es un club”, resume.
Origen. La historia de Starnberg comenzó con el cierre de otro establecimiento. En 2001 dejó de funcionar el München, un restaurante de tradición alemana que durante décadas había reunido a su propia clientela. Había partido en Luis Thayer Ojeda, pasado por Lo Barnechea y vivido su última etapa en El Bosque, cuando ese sector de Santiago concentraba una intensa actividad gastronómica.
- Tras la venta de la propiedad, parte de su equipo quedó sin trabajo. Algunos garzones se acercaron a un cliente frecuente, el suegro de Mancini, para proponerle reabrir el negocio. La iniciativa reunió a este último, a su hija Paulina y a un socio. Durante 2001 buscaron un inmueble y encontraron una casa de un piso que prácticamente demolieron para levantar el nuevo restaurante.
- Starnberg abrió el 24 de julio de 2002. No recuperó el nombre München, que pertenecía a sus antiguos propietarios, pero sí conservó algo que consideraba fundamental: el equipo. Garzones, cocineros, barman y coperos procedían del establecimiento anterior. El nombre elegido corresponde al de un lago cercano a Múnich, una referencia a las raíces alemanas de la familia de su esposa. Mangini, en cambio, lleva un apellido de origen genovés.
- Él llegó en octubre de 2002. Publicista de profesión, había trabajado en el diseño de imagen corporativa de restaurantes y marcas gastronómicas. Lo que inicialmente sería una ayuda al proyecto familiar terminó convirtiéndose en su actividad principal. Con el tiempo, él y Paulina compraron la participación del socio y, más recientemente, la de su padre, de 86 años. Hoy ambos están al frente del negocio.
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Un clásico que no quiso convertirse en cadena. La decisión de Mancini ha sido mantener un solo local. Han recibido ofertas para abrir sucursales y propuestas de compra, pero ninguna prosperó porque, según explica, no quieren perder el control cotidiano del restaurante.
- “Nosotros analizamos durante mucho tiempo si abrimos sucursales y al final llegamos a la conclusión que no, porque esto es como tu casa. Ya cuidar todos los detalles es imposible”, afirma. “Tuvimos mucha oferta en un principio, justamente que nos fuéramos a los mall, a Borderío”, pero no quisimos.
- No busca seguir las tendencias de la alta gastronomía, sino conservar una cocina reconocible para su público. «No soy alta gastronomía. Somos comida de un corte clásico», explica Mancini. La clientela es mayoritariamente adulta, desde los 35 o 40 años, y durante la semana predominan los almuerzos de negocios. Los fines de semana, en cambio, el ambiente es familiar. El restaurante emplea a 43 personas y tiene una capacidad de 220 clientes. Cierra a las 11.30, por seguridad.

Crisis. Mangini dice que 2025 fue el primer año en que el negocio dejó de crecer, después de dos temporadas especialmente buenas tras la pandemia. En su diagnóstico, la gastronomía chilena atraviesa un período complejo, con insumos, remuneraciones y cuentas de servicios cada vez más altos. Estima que el sector estuvo entre un 20% y un 25% por debajo del año anterior en 2025, y que 2026 sigue una trayectoria parecida.
- A eso suma la caída de las salidas nocturnas por razones de seguridad. Starnberg ha resistido mejor que otros locales gracias a su clientela estable, aunque también ha sentido una disminución en las noches.
- Mangini cuestiona, además, los precios que ha alcanzado comer fuera de casa. Calcula que una salida para dos personas en restaurantes de la zona puede costar entre $100.000 y $120.000.
- Sobre la caída en los últimos dos años en el rubro, explica: “Es la situación país que está complicada, que es mundial. Lamentablemente los insumos y el recurso humano están súper caros. Y en general el rubro gastronómico ha pecado de tener precios muy elevados, o sea, hoy día salir a comer incluso para la gente de clase alta es caro”.
- El futuro, por ahora, también permanece en familia. Su hijo Bruno, que desde niño pasó los veranos trabajando en bodega y cocina, está aprendiendo la administración del negocio, aunque su padre le ha pedido primero terminar sus estudios y desarrollar una trayectoria propia.
