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Quién era el campesino que murió tras un atentado incendiario en su casa en La Araucanía

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Agencia Uno
Por Ex-Ante
Nació en Curicó, pero llegó en su infancia a Carahue, comuna de la Región de La Araucanía donde viviría hasta el crimen. Aprendió de joven a trabajar la madera, oficio en el que se desempeñaría de adulto. Fue dirigente de las juntas de vigilancia que surgieron como organizaciones vecinales para evitar el abigeato, hasta que el delito de robo de madera se convirtió en frecuente en la zona. También contribuyó a la renovación de la posta local. Dos días antes del atentado incendiario que quemó sus vías respiratorias, sufrió el robo de un aserradero portátil, su única fuente de ingreso. Su mujer sigue internada grave. La mesa de la Convención Constitucional rechazó dar a su muerte un minuto de silencio.

Hernán Antonio Allende Ponce, 48, nació en 1972, en Curicó, Región del Maule. En el Registro Civil sólo figura el nombre de su madre, Ismenia Ponce, quien luego formaría pareja con un campesino de Carahue, Región de La Araucanía, donde pasaría el resto de su vida. Tenía una hermana un año menor.

Estudió en una escuela rural a 3 kilómetros de su casa, ubicada en la precordillera. Según cuentan vecinos de su infancia, no terminó la enseñanza básica. Comenzó desde muy temprano a trabajar en el campo y la madera, que sería su sustento de adulto.

El sector donde se estableció era conocido como La Cabaña, pero pasó a llamarse Villa Las Araucarias, por los árboles endémicos que rodean sus parcelas y que se llenan de nieve en invierno. Está al norte de La Araucanía, cerca del límite con el Biobío.

Se casó en 1995 con Delia Flores Tamarín, una mujer de la zona con la que tendría un hijo al año siguiente. Lo bautizaron Hernán Enrique.

Su sustento era el trabajo que realizaba en forma independiente para diferentes forestales, ayudando en las plantaciones, en la poda o a levantar cercos. En los últimos años trabajaba la madera en un aserradero portátil. Quienes lo vieron en esta labor destacan lo meticuloso que era para no desperdiciar madera en el proceso y llevar los residuos a depósitos donde no contaminaran la tierra.

La pareja de su madre, Francisco Jeldres (con quien se casaría en 2003) lo introdujo desde niño en las nacientes juntas de vigilancia, con las que los vecinos buscaban detener el robo de animales, realizando patrullajes nocturnos, sin armas de fuego, aseguran. “Francisco Jeldres empezó a agrupar a la gente para, en conjunto, repeler los abigeatos, y como don Hernán Allende se crió con don Francisco Jeldres, estuvo siempre muy cercano, desde muy niño, en este oficio de cuidar sus tierras”, dijo al teléfono Roberto Rojas, coordinador de las juntas de vigilancia de Carahue.

La junta de vigilancia de Villas Las Araucarias se creó legalmente en 1981 y Allende fue su dirigente durante años, aseguró. En los últimos no estaba activo, pero Rojas dijo que seguía en contacto con la organización y dispuesto a colaborar.

Cercanos a estos grupos dicen que los abigeatos de décadas pasadas dieron paso a robos de madera, y que los patrullajes nocturnos se realizaban muchas veces en conjunto con Carabineros.

Allende fue también dirigente comunal. Integró el comité de salud que logró la renovación de la Posta Rural La Cabaña en 2009, cuentan conocedores del proceso.

Su afición eran las carreras a la chilena, a las que procuraba ir los fines de semana. Vecinos cuentan que tenía 2 caballos, pero que nunca pensó en competir.

En 2020 denunció un robo de madera, por el que habría recibido amenazas. “Él había denunciado el robo de madera, no sé si era suya o de una forestal. Pero sí recuerdo que un día dijo que estaban robando madera, lo que es habitual en esta zona”, recordó Rojas.

La concejal DC por Carahue, Paola Retamal, contó al teléfono que conocía a Hernán Allende desde los años en que trabajaron para renovar la posta local. Dijo que visitó su casa a principios de mayo de 2021, durante la campaña municipal, pero que sólo encontró a su señora con un pañuelo en la cabeza. “Estuvimos una hora hablando y me contó que los tiempos no eran como los de antes; que había violencia y grupos extremos que andaban robando y que la gente estaba asustada”, contó. “También me dijo que le había cambiado la vida por un cáncer que tenía, que su marido estaba medio enfermo y que su hijo estaba trabajando el aserradero, que era su única fuente de ingresos”.

El 17 de septiembre de este año Carabineros recibió una denuncia por hurto simple: desconocidos se habían llevado el aserradero portátil con el que trabajaba la familia. En las inmediaciones aparecieron leyendas acusando supuestas delaciones. “Sapo allende”, decía uno de los mensajes.

Dos días después ocurrió el atentado. La querella por el delito de incendio calificado presentada por el Ministerio del Interior en contra de quienes resulten responsables, detalló que cerca de la 1am del domingo 19 de septiembre, el matrimonio Allende Flores dormía en su casa cuando escucharon disparos reventando los vidrios de la casa. Tanto él como su mujer despertaron de golpe. En la vivienda estaba también su hijo de 25. Entonces vieron a por lo menos 3 personas, con ropas oscuras y el rostro cubierto, entrar armadas.

El vocero de la fiscalía de La Araucanía, Miguel Rojas, precisó que los desconocidos vestían ropas militares y que habían llegado en 2 vehículos.

Los encapuchados encañonaron entonces a la familia para obligarlos a salir y, una vez fuera de la casa, los obligaron a tirarse en el suelo.

Entonces prendieron fuego a la casa, que comenzó a arder rápidamente, les pareció.

Mientras unos vigilaban que no se movieran, otros comenzaron a quemar un galpón contiguo y 2 vehículos estacionados: una camioneta Toyota Hilux, que quedó carbonizada, y un Hyundai Terracan, que terminó con daños menores.

Es incierto si el matrimonio intentó entrar a la casa para recuperar sus bienes luego de que se fueran los encapuchados, pero versiones de vecinos mencionan que la señora de Allende lo sacó de la casa en llamas. El hijo de la pareja dijo a Canal 13 que empecé a “hablarle a mis papás que se retiraran de la casa, porque estaba ardiendo. Y mi papá con quemaduras graves. Mi mamá con algo un poco más leves, pero igual con quemaduras”.

Algunas versiones mencionan que vecinos llevaron a la pareja al hospital de Nueva Imperial, mientras que otras dicen que fue la hermana menor de Allende, quien los había visitado horas antes. Los médicos observaron que él tenía quemaduras entre el 30% y 39% del cuerpo, incluyendo sus vías aéreas. Su mujer mostraba quemaduras en la cabeza, el cuello, la muñeca y la mano, que abarcarían cerca del 10% de su cuerpo. Ambos fueron conectados a respiración artificial y trasladados hasta el hospital de Temuco.

El mayor Javier Sepúlveda de Nueva Imperial detalló que cerca de las 3:20 am recibieron un llamado al 133. Era la dueña de casa, que contó cómo los habían atacado desconocidos que portaban armas largas. La mujer dijo desconocer el motivo del ataque.

La Coordinadora Arauco Malleco (CAM) emitió al día siguiente del ataque una declaración asegurando no tener vinculación con el atentado, lo que no hicieron otros grupos radicales que operan en la zona.

Tras permanecer 2 semanas internado, Allende murió a raíz de sus heridas. Su mujer sigue en el hospital.

El caso dio paso a protestas en Carahue y a una querella del municipio. “Era una persona de esfuerzo, campesino y era mi amigo”, dijo el alcalde de Carahue Alejandro Sáez (UDI), quien se reunió este lunes con la subsecretaria de Prevención del Delito, María José Gómez.

Hernán Allende fue criado católico y este martes 5 se veló su cuerpo. Este miércoles está previsto que se realice su funeral.

La fiscalía recalificó el delito como incendio con resultado de muerte, la misma figura que se indagó en el crimen de enero de 2013 del matrimonio Luchsinger-Mackay.