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Abuelo remata una de sus propiedades para costear cirugía de reasignación de sexo de sus nietas

AFP
Por AFP | T13
Las cirugías de Mayla y Sofia, dos gemelas trans brasileñas, costaron casi 15 millones de pesos.

El abuelo paterno de Mayla y Sofia, dos gemelas trans brasileñas que a sus 19 años se recuperan de una exitosa cirugía de reasignación de sexo, remató una propiedad para pagar las intervenciones.

Las cirugías costaron casi 100 mil reales –poco menos de 15 millones de pesos– cifra que fue costeada gracias a la acción del hombre.

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Querían operarse en Tailandia, pero Mayla, quien estudia medicina en Argentina, descubrió una clínica en Blumenau, una pequeña ciudad en Santa Catarina, en el sur del país.

El Transgender Center Brasil fue fundado en 2015 por los doctores José Martins y Claudio Eduardo para atender pacientes del exterior. 

"Aún predominan clientes de Europa y Estados Unidos, pero ahora un 30% es local" y llegan personas más jóvenes o de la tercera edad, asegura Martins a la AFP. 

La reasignación de sexo se puede realizar en Brasil a partir de los 18 años. Está contemplada en la red pública de salud por ley desde 2011, pero sólo cinco hospitales realizan el procedimiento. La larga espera estimula la alternativa privada.

La demanda permitió al Transgender Center Brasil crecer incluso durante la pandemia, pero Martins aclara que, estadísticamente, "de 3 a 5% (de las personas transgénero) tienen necesidad o indicación para la cirugía genital".

Mayla y Sofía nacieron en Tapira, una ciudad de apenas 4 mil habitantes en Minas Gerais, al sureste de Brasil. Desde niñas se preguntaban por qué nacieron con órganos genitales masculinos.

“El miedo de nuestros padres no era a lo que éramos, sino a que la sociedad nos maltratara”, afirma Mayla durante la entrevista con AFP, realizada por videollamada. 

“Cuando se asumieron, para mí fue un alivio (...) Ni me acuerdo qué un día fueron ellos, para mí siempre serán ellas", dice su mamá, Mara Lucia da Silva, de 43 años.

Una semana después del procedimiento, las jóvenes sonríen, bromean y también lloran al recontar el camino de adaptación que han recorrido desde niñas, cuando tomaron consciencia de su cuerpo.