Las negociaciones entre Estados Unidos y Groenlandia se han estancado: tres formas en que podría terminar la crisis
AFP - Las negociaciones entre Estados Unidos y Groenlandia se han estancado
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Persiste un “desacuerdo fundamental”. Este fue el único resultado concreto de la reunión celebrada en la Casa Blanca entre representantes estadounidenses, daneses y groenlandeses el 14 de enero, ya que cada parte mantuvo su posición original sobre la soberanía de Groenlandia. La Administración Trump argumentó que Estados Unidos debe asumir el control directo de la isla, mientras que los dirigentes daneses y groenlandeses rechazaron firmemente la idea.
Quizás esto era de esperar. La recientemente publicada Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU. dejó una cosa muy clara: la política exterior estadounidense se define ahora por un enfoque asertivo hacia todo el hemisferio occidental. Washington reclama el derecho a intervenir en los asuntos internos de otros países, incluso militarmente si es necesario, con el fin de garantizar los intereses estratégicos y corporativos de Estados Unidos.
Esta nueva “doctrina Donroe” es una versión renovada de la diplomacia de las cañoneras que configuró la política exterior estadounidense hacia América Latina (y la región Asia-Pacífico) a principios del siglo XX.
Trump quiere Groenlandia
Trump ha dicho en repetidas ocasiones que Estados Unidos necesita asumir el control directo de Groenlandia por razones de “seguridad nacional”. Las redes sociales de la Casa Blanca ahora publican regularmente mensajes sobre el control de la isla por parte de Estados Unidos, pero Trump lleva tiempo haciendo alarde de su poderío militar: “La conseguiremos, de una forma u otra”, afirmó en un discurso ante el Congreso en febrero de 2025. Su nombramiento del actual gobernador de Luisiana, Jeff Landry, como enviado especial para Groenlandia en diciembre de 2025 confirmó esta línea de actuación.
Para Trump, Groenlandia es estratégicamente vital. Aunque escasamente poblada, la isla es potencialmente rica en materias primas, incluidos minerales críticos de tierras raras. Esto la convierte en un objetivo para los gigantes tecnológicos estadounidenses.
También encaja perfectamente en su idea de unos Estados Unidos imperiales, junto con la extraña propuesta de convertir a Canadá en el 51.º estado de EE. UU. y el controvertido cambio de nombre del golfo de México por el de “golfo de América”.
Como parte de su retórica sobre seguridad nacional, Trump ha afirmado que los barcos chinos y rusos están “por todas partes” en Groenlandia. Sin embargo, altos funcionarios nórdicos con acceso a la inteligencia de la OTAN han declarado pública y explícitamente que no hay registros de ello en los últimos años.
Geográficamente, Groenlandia es la puerta de entrada de América del Norte al Ártico. El cambio climático ha hecho que la región sea cada vez más fácil de navegar, y se espera que se convierta en un escenario de fuerte competencia entre las mayores potencias mundiales.
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Respuesta danesa y europea
Los responsables políticos europeos han empezado a tomarse en serio las palabras de Trump, y con razón: en este segundo mandato está demostrando que quiere –y, en ocasiones, es capaz– de alinear sus palabras (incluso las más radicales y extremas) con la acción política. A pesar de formar parte de Dinamarca, que es aliada de la OTAN y miembro de la Unión Europea, Groenlandia parece una presa fácil.
El Gobierno autónomo de Groenlandia ha declarado en repetidas ocasiones, tanto antes como después de la reunión del 14 de enero, que no quiere ser anexionado por Estados Unidos.
Tras un largo periodo de mediación y un enfoque discreto, el primer ministro danés también ha adoptado una postura firme, ahora respaldada por otros socios europeos y el Reino Unido.
Por su parte, la Comisión Europea se ha mostrado indecisa, expresando su solidaridad con Dinamarca y Groenlandia, pero siendo decepcionantemente ambigua en lo que respecta a compromisos concretos en materia de seguridad. Por el contrario, el Gobierno danés ha optado por ampliar su presencia militar en la región. Ha puesto en marcha la Operación Resistencia Ártica en estrecha colaboración con aliados como Francia, Alemania, Noruega y Suecia. Finlandia y los Países Bajos aún están evaluando la propuesta danesa.
Desde una perspectiva militar, se trata en gran medida de una medida simbólica, pero políticamente tiene una enorme relevancia, ya que supone un nuevo mínimo histórico en las relaciones transatlánticas. Las tropas europeas están ahora desembarcando en Groenlandia para defenderla de una amenaza real que no proviene de Rusia ni de China, sino de Estados Unidos, su socio en materia de seguridad desde hace décadas.
Tres posibles resultados
Dadas las circunstancias actuales, parece que hay tres posibles formas de superar este punto muerto.
La primera es que Trump dé marcha atrás, renuncie a su plan de “conseguir Groenlandia” y respete el statu quo. Esto es muy improbable: la escalada verbal del presidente ya ha llegado a un punto sin retorno, y ahora se encuentra en la posición de tener que vender la cuestión de Groenlandia a su electorado como una victoria histórica.
La segunda opción es, por lo tanto, la ocupación militar. Esto se rige por la lógica de la teoría de juegos del “juego del gallina”. Las fuerzas armadas estadounidenses son más numerosas, están mucho más preparadas para luchar y cuentan con el apoyo de una Administración que ya ha demostrado que puede utilizar la fuerza de forma deliberada y unilateral, con o sin la aprobación del Congreso, tal y como prescribe la Constitución de los Estados Unidos. En el momento de la verdad, Trump puede pensar que los europeos se asustarán y se retirarán.
Este es el peor de los escenarios, que podría conducir al fin de la OTAN. También podría desencadenar un efecto dominó de deterioro de las relaciones, lo que podría amenazar la unidad de la UE.
Es cierto que Trump puede verse tentado a continuar con su enfoque errático de “la fuerza hace el derecho” (que algunos analistas han bautizado de forma pintoresca como la estrategia “Fuck Around and Find Out” (“juega y descúbrelo”). Sin embargo, también podría verse frenado por las crecientes preocupaciones dentro de su propio partido, como las expresadas recientemente por el poderoso senador republicano Mitch McConnell.
La tercera posibilidad es negociar un compromiso que beneficie a ambas partes. Estados Unidos y Dinamarca podrían revisar su acuerdo bilateral de 1951 y, de esta manera, proporcionar a Washington una mayor presencia militar en la isla (como, por ejemplo, el permiso para construir una base para submarinos nucleares estadounidenses) junto con una concesión especial para los derechos mineros. Al mismo tiempo, Dinamarca y otros aliados de la OTAN se comprometerían a aumentar su presencia militar en Groenlandia y en todo el Ártico.
Se dice que el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, está trabajando activamente para lograr este resultado. Sería una solución beneficiosa para todas las partes y muy bienvenida.
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Michele Testoni no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
