“Nos mojan el lado para dormir. Siendo que son religiosas”: Personas en situación de calle cuestionan instalación de ‘duchas anti rucos’
“Nos mojan el lado para dormir. Siendo que son religiosas, no debería ser”, cuenta Emanuel, una de las personas en situación de calle que cuestiona la instalación de aspersores en el exterior del Monasterio de Clarisas Capuchinas, en Santiago.
La medida fue implementada por religiosas y vecinos del sector con un objetivo concreto: evitar que nuevas personas instalen rucos en las inmediaciones del templo.
El sistema funciona mediante decenas de aspersores instalados en las paredes. Cuando se activan, lanzan agua sobre el espacio exterior donde habitualmente se ubicaban personas para pasar la noche.
La iniciativa surgió después de una serie de problemas que los residentes atribuyen a quienes ocupaban esos lugares. Entre las situaciones denunciadas mencionan basura, malos olores y personas que defecaban u orinaban en la vía pública. A esto se sumó un intento de robo registrado hace algunos días en el monasterio.

“Nos mojan el lado para dormir”: la crítica de quienes viven en la calle
Emanuel lleva más de 20 años viviendo en situación de calle y tiene una visión distinta sobre la medida adoptada frente al monasterio.
El hombre asegura que quienes viven en el sector no necesariamente son responsables de los delitos que ocurren en el barrio y sostiene que, en ocasiones, son ellos mismos quienes enfrentan a delincuentes.
“Nos mojan el lado para dormir. Siendo que son religiosas, no debería ser”, afirma.
También cuestiona que se generalice la responsabilidad por los hechos delictuales ocurridos en la zona. “Yo vivo en esta zona, vivo en la calle, defiendo mi zona. Personas que vienen de otro lado vienen a hacer daño acá... para que nos echen la culpa a nosotros”, señala.

Para Emanuel, el problema también pasa por la falta de alternativas para quienes viven en la calle. “No tenemos posibilidades por ningún lado”, plantea.
Al cierre de su relato, compara su situación con la imagen de Jesús y cuestiona que personas vinculadas a una institución religiosa utilicen una medida que, desde su perspectiva, termina afectando a quienes buscan un lugar donde dormir. “A pesar de que somos parecidos a Jesús, porque caminamos en la calle. Es raro, ¿cierto?”, concluye.

La instalación de los aspersores no cuenta con respaldo unánime en el barrio. Mientras algunos residentes y las religiosas defienden el mecanismo como una forma de evitar nuevas ocupaciones, otros vecinos consideran que no es una solución adecuada.
“Mal porque en realidad todos tenemos derecho de estar dignamente donde queremos”, cuestionó una vecina.
Otra persona planteó una crítica directamente al monasterio: “Esa misma iglesia debería ayudarlos”.
Desde el grupo Matta Vecinos Unidos, su vocero, Miguel Ángel Durán, sostiene que el sistema comenzó a funcionar en mayo y que desde entonces habría disminuido la presencia de rucos en el lugar. “Alcanza a solucionar y mojar todo el espacio, entonces ha dado bastante buenos resultados”, afirmó.
