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Telescopio australiano capta misteriosa señal espacial que viajó por más de 6000 millones de años

Telescopio australiano capta misteriosa señal espacial que viajó por más de 6000 millones de años
T13
El rápido estallido ha desconcertado a los astrónomos, ya que la emisión parece venir de eventos poderosos a miles de millones de años luz de distancia. Los científicos apodaron el telescopio como el "Sauron del espacio".

A solo cuatro días de haber sido encendido, el radiotelescopio Australian Square Kilometer Array Pathfinder (ASKAP) recibió una misteriosa señal.

Corresponde a un estallido rápido de radio (FRB, por sus siglas en inglés), el cual está compuesto por una serie de picos cortos y agudos de ondas de radio que duran pocos milisegundos.

El descubrimiento fue realizado por Keith Bannister y sus colegas de CSIRO (Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation), la Universidad de Curtin y el Centro Internacional de Investigación de Radio Astronomía (ICRAR)

Telescopio australiano
Telescopio australiano

Según el grupo de investigadores, la causa de la ráfaga sigue siendo un misterio. Sin embargo numerosas teorías hablan del origen en enormes eventos interestelares como los pulsares hasta las gigantescas megaestructuras extraterrestres tales como las naves espaciales que viajan más rápido que la luz. 

Desde 2007, fecha en que fue descubierta la primera señal, solo se han captado una docena de ellas.

La detección se llevó a cabo solo con 8 de los 36 platos del radiotelescopio y que de manera inusual, apuntaban en distintas direcciones. Generalmente se usan todos los platos para señalar un punto muy específico en el espacio. 

"Hemos convertido el telescopio en el Sauron del espacio: "el ojo que todo lo ve", dijo Dr. Keith Bannister a The Huffington Post. 

Otra de las cosas que impactó a los científicos fue la facilidad con que encontraron la señal.

"Fue tan fácil como pescar un pez en un barril", dijo Dr. Jean-Pierre Macquart, otro de los investigadores.

La señal, registrada como FRB170107, vino desde el borde de la constelación de Leo. Parece haber viajado por el espacio durante 6.000 millones de años antes de golpear el telescopio a la velocidad de la luz.

El brillo de la ráfaga y su aparente distancia indicaría que la energía involucrada es gigantesca, algo casi inexplicable para los científicos.

"Hemos hecho un duro problema aún más difícil" asegura Ryan Shannon, astrónomo de CSIRO.