A ocho meses de asumido el gobierno, el ministro de Hacienda, Alberto Arenas, tiene en sus manos la “Agenda Laboral” que es el concepto que la administración Bachelet quiere imponer en reemplazo de la Reforma Laboral.

Arenas puede estar recogiendo opiniones de otras autoridades, pero tenderá a monopolizar esta iniciativa en las semanas que vienen, junto a su equipo de colaboradores en estas materias: Fidel Miranda, coordinador de políticas sociales, Julio Valladares, asesor del ministro y ex subsecretario del Trabajo, y Enrique Paris, coordinador general de modernización del Estado.

La Reforma Tributaria fue una clase de cómo lograr lo que se estimaba imposible: que desde la UDI al PC apoyaran por escrito una recaudación que implicaba 3,0 puntos del Producto Interno Bruto (PIB) hacia 2018. Esa misma jugada quiere replicar con la Agenda Laboral, aunque todavía está difusa la forma en que se plasmará un acuerdo transversal.

Hay un ingrediente que le juega en contra al ministro para llevar cambios muy profundos a la manera en que se organiza la actividad sindical en Chile y es que la desaceleración económica es más honda de lo que se pensaba.

Ya no se crecerá entre 2% y 3%, sino que las proyecciones se localizan en torno a 2% o menos. Esta cifra que podría haber sido caratulada de especulación durante la negociación de la Reforma Tributaria, es una certeza que cruza las conversaciones en torno a la Reforma Laboral.

Arenas está consciente de que su mayor desafío es recuperar el ritmo de crecimiento de la economía

Arenas está consciente de que su mayor desafío es recuperar el ritmo de crecimiento de la economía. “La actividad económica es el centro de gravedad y punto de partida para cualquier negociación que lleve Hacienda. La Reforma Laboral se hará, pero tiene límites”, dicen en el equipo de gobierno.

Algo de eso dejó traslucir Arenas en una entrevista a La Tercera: “nosotros cumpliremos con nuestra agenda laboral dialogando con los distintos actores, generando certidumbre y estabilidad. Hay que entender que esta agenda es necesaria para modernizar las relaciones laborales; para mejorar la productividad en el mercado del trabajo; para reforzar los procesos de negociación colectiva y de fortalecimiento sindical. Y además debe ser consistente con el objetivo de recuperar la inversión privada y el crecimiento económico”.

Obviamente esto no gusta a los trabajadores, pero Hacienda levanta como su principal activo que la única reforma que está hecha a esta altura del año es la Tributaria, por lo tanto, los distintos actores –empresarios y trabajadores- tienen conciencia que cuenta con la capacidad de cumplir lo que promete y transformarlo en ley.

Trabajo da Trabajo

A diferencia de la Reforma Tributaria que era un tema privativo del ministerio de Hacienda, la Laboral pasa por una negociación con el Ministerio del Trabajo y por la gestión de la ministra Javiera Blanco y de su subsecretario, Francisco Díaz, ambos muy cercanos a Michelle Bachelet.

Asesorándolos está Roberto Godoy, quien ha sido un estrecho colaborador del diputado y presidente del PS, Osvaldo Andrade, desde la época en que ambos trabajaban en la municipalidad de El Bosque.

A Andrade no hay que perder tampoco de vista porque juega un rol importante a la hora de que los partidos tomen posición, sobre todo en lo que respecta al Partido Socialista y Comunista.

Se dice que la última intervención de la ministra Blanco en la UAI enrareció el clima de entendimiento que existía con la CUT. A fines de octubre, la ministra se habría adelantado al dar a conocer voluntades más que acuerdos concretos.

En esa oportunidad, desestimó que la titularidad sindical tenga como objetivo la constitución de sindicatos únicos y que el proyecto considerará el establecimiento de la sindicalización automática. También descartó la negociación colectiva interempresas.

Ante eso, los trabajadores optaron por tomar distancia del gobierno, en espera de que la tensión disminuya. De hecho, dirigentes sindicales señalan que desde octubre que la CUT no se reúne con la ministra del Trabajo y que desde la promulgación de la Reforma Tributaria no tienen un encuentro con Arenas.

El ministerio del Trabajo se muestra proclive a cumplir con los trabajadores a fin de año. Hacienda pretende llegar a un acuerdo con distintos actores empresariales y sindicales "tal vez" en diciembre y luego mandar un proyecto de ley

Eso en lo público porque otra cosa es lo que sucede en privado donde las reuniones entre asesores continuarían. “Ambas partes dirán que no hay acercamientos, porque no pueden decir otra cosa”, se explica.

Fuentes informadas indican que el ministerio del Trabajo se muestra proclive a cumplir con los trabajadores antes de fin de año. En tanto que Hacienda pretende llegar a un acuerdo con los distintos actores empresariales y sindicales “tal vez” en diciembre y luego mandar un proyecto de ley o quizás más de uno.

El vicepresidente de la CUT, Nolberto Díaz, es el encargado de levantar la posición más dura y de presionar a la presidenta de la Central, Bárbara Figueroa, a mantener una postura maximalista. Ayer, miércoles 19, emplazó a Arenas al decir que el ministro de Hacienda no debía esconderse detrás de los empresarios para postergar la Reforma Laboral.

La Moneda con opinión

A la labor del ministerio del Trabajo, hay otros dos ministros y una subsecretaria radicados en La Moneda que tienen experiencia en el mundo laboral.

Tanto el ministro secretario general de Gobierno, Alvaro Elizalde, como la ministra de la Presidencia, Ximena Rincón, fueron superintendentes de Seguridad Social en distintos períodos. Además, esta última integró la comisión del trabajo del Senado.

Mientras que la subsecretaria general de la Presidencia, Patricia Silva, fue directora del Trabajo durante la primera administración de Michelle Bachelet.

Es decir, hay personeros en el equipo político con más experiencia en el tema sindical que lo que había en materia tributaria, por lo tanto, hay más voces que se pueden inclinar en favor de Arenas o hacerle frente.

Sin embargo, cada vez que se toca el tema, se advierte que la presidenta Michelle Bachelet tiene la palabra final y que la última opinión que ella oirá es la del ministro Alberto Arenas.

Marca registrada

La marca registrada de Arenas es la reserva y la parcialización de la información. Son muy pocos en Hacienda que tienen la visión global de un proyecto considerado estratégico. Así operó durante la discusión tributaria y lo volvería a hacer en la laboral. Eso le permite tener control de escena.

Se le caracteriza como un jugador de ajedrez, es decir, hace una jugada, pero ya tiene pensadas las dos o tres siguientes.

Durante la tramitación de la Reforma Tributaria colocaba a sus asesores en distintos escenarios y les demandaba respuestas para cada uno de ellos. Eso le da seguridad, pero también le quita espontaneidad. Uno de los aspectos que más complicó al equipo de Teatinos 120 fue la animadversión a la Reforma Tributaria que se produjo en la clase media. Ese escenario no estaba previsto y les costó rearmar una estrategia.

Un tema que no hay que olvidar es que si bien hubo un Protocolo de Acuerdo Tributario que daba cuenta de puntos de entendimiento, la redacción de las indicaciones que vinieron a continuación sirvió para apretar aquello que quedó demasiado suelto.

El objetivo de Arenas es llegar a un terreno similar con la Reforma Laboral, donde los sectores empresariales y sindicales respaldados por el gobierno pongan la firma en los puntos de consensos. Hacia dónde se corra el cerco una vez lograda esa imagen, está sólo en la mente del ministro de Hacienda, pero también es una lección ya aprendida por los distintos sectores.

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