Roberto Izikson, gerente de Asuntos Públicos y Estudios Cuantitativos de Cadem -empresa de investigación de la opinión pública que semana a semana da a conocer sondeos políticos-, desentraña los últimos números que han mostrado las encuestas: un empate técnico entre el Rechazo y el Apruebo, y la sensación de los ‘rechazadores’ de que finalmente se terminará imponiendo el texto redactado por esta Convención Constitucional.

En entrevista con T13.CL, el cientista político critica la puesta en escena de los partidos de Chile Vamos, de este fin de semana, al posicionarse en el Rechazo y lo califica como un “error estratégico” para esa alternativa. En ese sentido, recalca que los rostros de esa campaña debe ser la sociedad civil y ocupar otros activos políticos con credibilidad y buena evaluación como alcaldes de la centroderecha.

“Hoy anticipar un resultado sería arriesgado e incorrecto. En Chile se ha demostrado que las elecciones se definen en las últimas tres semanas y creo que ahora se va a venir un receso, de hecho, que son las vacaciones de invierno, en julio. En agosto entonces se va a entrar en tierra derecha, cuando tengamos las franjas andando, estas van a ser muy influyentes”, dice de entrada.

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—¿Tienen la misma posibilidad hoy en día ambas opciones? En los sondeos está a la vista que quienes rechazan, creen que va a ganar el Apruebo.

—Tanto el Apruebo como el Rechazo hoy tienen la misma chance de ganar. Cuando nosotros hemos medido la intención de voto del plebiscito -hemos medido en 16 semanas aproximadamente- se ha visto que, en las primeras siete semanas, el Apruebo tuvo una diferencia significativa por sobre el Rechazo y, en las nueve últimas, el Rechazo estuvo significativamente por sobre el Aprueb. Ahora tenemos este nuevo proceso de un empate estadístico, con tres puntos por sobre el Rechazo, dependiendo la encuesta. Ahora, claro, una gran diferencia es que los que votan Rechazo creen que va a ganar el Apruebo, hay mayor convicción asociada a la esperanza, que es algo que está del lado del Apruebo. Aquellos que creen que Chile va a ser un mejor país con esta Constitución están del lado del Apruebo y, por otro lado, desde el Rechazo está más bien asociado hoy día al temor, a la incertidumbre y a la preocupación sobre el futuro del país si se aprobara este texto. Hay que considerar de dónde venimos: un 80% votó Apruebo al comienzo, el 56% de Gabriel Boric en segunda vuelta y eso hace que prácticamente un tercio de los ‘rechazadores’ crean que va a ganar el Apruebo. Ellos dicen: ‘Voy a votar Rechazo, pero aun así creo que va a ganar el Apruebo’.

—Y ese pesimismo también está impregnado en la clase política de la derecha. ¿Lo ves?

—Yo no tengo una relación con los partidos de la derecha, no sé si hay optimismo o pesimismo, pero definitivamente esta es una elección muy relevante -una de las más importantes que ha tenido Chile en los últimos 30 años- y que se vive con incertidumbre. Y pienso que eso ocurre de lado y lado. Uno sabe que en el PS o en el PPD o en la ex Nueva Mayoría van a votar Apruebo sin mucho entusiasmo y considerando que hoy el Rechazo es una alternativa real.

—¿Cómo viste la puesta en escena de los partidos de Chile Vamos este fin de semana? ¿Puede influir en los próximos sondeos?

—No creo que tenga una influencia, pero esa puesta en escena fue un error estratégico para el Rechazo que, de hecho, el Presidente Boric ha utilizado esta semana de forma efectiva, asociando el Rechazo a la derecha. Si el Rechazo es asociado a la derecha, va a perder, va a sacar el 44%. Cuando uno hace un análisis del proceso que ha vivido Chile y tú miras, por ejemplo, cómo votó la gente (Apruebo, Rechazo, la que no votó), y luego lo cruzas con cómo votó en la segunda vuelta (si votó José Antonio Kast, Gabriel Boric o no votó), se pueden identificar tres claves. Primera: el grupo duro del Apruebo es el doble de grande que el voto duro del Rechazo. El que votó Apruebo, Boric y hoy aprueba hoy es dos veces el segmento que rechazó, votó Kast y hoy rechaza. Segunda: un 22% del Rechazo actual viene de gente que no ha votado en las últimas elecciones y que se está movilizando, ya sea porque es un plebiscito con voto obligatorio o por lo importante que es esta elección. Tercera: un 13% del Rechazo actual viene de gente que votó Apruebo y que votó Boric y eso es lo más complejo para los partidos de derecha. Ese es un segmento clave que va a terminar definiendo el plebiscito.

—Se teme que ese grupo ahora pueda decir ‘no quiero agruparme con la derecha, así es que me decido por el Apruebo’…

—Es una amenaza en la medida en que el Rechazo sea de la derecha y no de las agrupaciones ciudadanas o sociales, de los pescadores, profesores, padres de colegios particulares subvencionados, de los mineros, claro, y esto se transforme en una campaña de los partidos. Así, evidentemente, ese segmento se va a sentir más lejos. Para mí el principal clivaje de esta elección es esperanza versus temor, pero ahí entra en pugna un segundo clivaje, que es Apruebo para reformar o Rechazo para una nueva Constitución.

—Comunicacionalmente, los partidos optaron por desechar un eslogan específico de apellido al Rechazo y, por otro lado, ha surgido un grupo de senadores que llaman al “no Apruebo”. ¿Es acertado?

—La complejidad de una elección binaria -donde el Rechazo tiene una connotación negativa y donde sabemos que más de la mitad de los rechazadores quiere una nueva Constitución, pero no este borrador- es que hay un sentimiento negativo y otro positivo. El Rechazo es negativo, es un freno, una interrupción de algo que se quería inicialmente, por lo tanto, se ve como un fracaso para un segmento importante. Comunicacionalmente aún no logran llegar al tono ni al mensaje correcto.

—¿Cuál debería ser el tono del mensaje o el mensaje en particular?

—Hay varios mensajes, pero el más importante es mantener este compromiso real que el Rechazo es para tener un nuevo proceso, independiente de cuál sea: grupo de expertos, una nueva Convención, la reforma constitucional de Michelle Bachelet mezclada con esta en el Senado, lo que sea, pero la derecha debe mantener en alto el compromiso de que va a haber un nuevo proceso; que el Rechazo no significa volver atrás. En segundo lugar, el mensaje correcto es uno que refleje lo siguiente: ‘Queremos una nueva Constitución, esta propuesta es una mala Constitución, por lo tanto, hay que devolver al pueblo la posibilidad de que construyan una nueva Constitución bien hecha’.

—¿La derecha podrá dar esos mensajes que al final están cargados de ‘esperanza’? Desde los analistas hasta los partidos dicen que históricamente la derecha ha hecho campaña desde el miedo.

—Yo no sé, porque, a ver, Sebastián Piñera ganó con la promesa de cambio (‘súmate al cambio’), y Piñera sale primero en la primera vuelta de 2017 con el eslogan ‘Tiempos mejores’, lo que pasa es que efectivamente la segunda vuelta de 2017 instalaron el ‘Chilezuela’. El problema de la derecha no es transmitir esperanza -porque Piñera gana en 2010 con un mensaje de esperanza- sino instalar que este compromiso de cambio -de nueva Constitución- sea creíble en un contexto donde la derecha se ha opuesto a todos los cambios. La derecha tiene hoy más un problema de credibilidad más que si juega o no con el temor.

—¿Hay tiempo y espacio para lograr revertir esa falta de credibilidad?

—No mucho institucionalmente, pero hay ciertos activos que uno debería potenciar.

—¿Cómo cuáles?

—Esta red de alcaldes que está bien evaluada -Evelyn Matthei, Rodolfo Carter, Germán Codina y se podría pensar en otros- deberían ser activos. Podría ser que la primera línea de la derecha -la partidaria- se ponga detrás y que le dé espacios a las organizaciones sociales para que se articulen y eso sabemos que es complejo por los egos propios de los personajes.

—De hecho, no se hicieron a un lado después del fin de semana.

—No, nada.

—La reforma constitucional de senadores DC y la derecha para cambiar los quorum de la actual Constitución a 4/7, ¿puede ayudar a la credibilidad? ¿la gente lo alcanza a leer como una posibilidad de una tercera vía o un plan B?

—No, ese es un tema súper enredado, de elite. Son conversaciones que pueden aportar, pero que no son decisivas.

—A la luz de la encuesta CEP y la necesidad de un plan B que muestra la gente y, en caso de que gane el Rechazo, ¿la derecha debe apurarse para plantear esa opción antes del 4 de septiembre?

—Pueden decir, por ejemplo, ‘si gana el Rechazo, vamos a organizar un nuevo plebiscito para definir cuál es el mecanismo para reformar la Constitución’. No necesariamente podría ser una reforma constitucional sino un acuerdo político firmado, notariado, de que se va a plebiscitar el camino para una nueva Constitución. Esto, asumiendo que gane el Rechazo.

—Esta semana dijiste que el Rechazo no tiene un activo como sí el Apruebo con Gabriel Boric, ¿José Antonio Kast, al tener un porcentaje importante de segunda vuelta, no podría ser un activo también del Rechazo?

—Lo que ocurre es que quien votó por convicción por José Antonio Kast va a votar Rechazo sin dudar. Y si José Antonio Kast se transforma en un ícono ya conocemos el resultado: 56% versus 44%.

—Su estrategia entonces es correcta, ‘no salir hasta el 5 de septiembre’.

—Es correcta la estrategia, porque, si es que él quiere que gane el Rechazo, son necesarios esos cinco o seis puntos que no están hoy y que no estarán en tu sector.

—En resumen, la derecha partidaria se debe quedar en la casa.

—Esa sería la mejor recomendación.

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