El mejor tenista argentino de la actualidad, Juan Martín Del Potro, pareció revalidar este fin de semana, con su victoria en el abierto de Estocolmo, su exitoso regreso tras dos años de ausencia de una lesión en su muñeca.

Sin embargo, lo llamativo del asunto no fue que Del Potro volviera a ganar un título ATP después de 33 meses, sino el enorme trofeo que le entregaron como premio por su victoria.

"Lo que se ve es muy bueno. Lo que se avizora, también, porque la foto de Del Potro en Estocolmo lo muestra alzando un trofeo tan grande, tan pesado y tan incómodo de elevar como uno de Grand Slam", escribió el periodista argentino Sebastián Fest en el diario La Nación.

Pero no es el único de esas magnitudes y por eso en BBC Mundo quisimos hacer un recuento de aquellos galardones que se ganaron un lugar en la historia por su llamativo diseño.

La perla y la ostra

El Máster de Golf de Qatar (Bank of Qatar Master) es uno de los más apreciados en el circuito por la generosidad en los premios: US$2,5 millones al ganador.

Pero el campeón no sólo se queda con un jugoso cheque, sino también con un trofeo que tiene forma de ostra, la cual está recubierta en su interior con una película plateada y una gigantesca bola de marfil que simula una perla.

Es llamado "la madre perla", como un homenaje a uno de los símbolos del país árabe.

El último propietario del pesado certificado de victoria es el golfista sudafricano Branden Grace, quien también lo había ganado en 2015.

El más pequeño está lleno de cenizas

"The Ashes" (Las cenizas) es considerado uno de los galardones más pequeños en el deporte. Y también uno de los más históricos.

Hay que volver hasta 1882, cuando Australia vencía a Inglaterra en críquet por primera vez en su historia.

Al otro día de la derrota -dolorosa en tanto los ingleses habían inventado el deporte- el diario Sporting Times escribió en tono de obituario: "El críquet inglés murió en The Oval -el templo de ese deporte en Reino Unido- el 29 de agosto de 1882 y el cuerpo será incinerado y las cenizas (the ashes) serán llevadas a Australia".

Pronto, Inglaterra cobró venganza. Al año siguiente, jugando de visitante, consiguieron la victoria.

Unas mujeres de la delegación inglesa que vivían en Australia les dieron a los jugadores una pequeña urna que contenía las cenizas de las estacas que se utilizaron en el tercer encuentro de esa serie.

Las cenizas regresaban a Inglaterra en 1883. Desde entonces cada año se juega la serie entre Australia e Inglaterra y el ganador se queda con el pequeño trofeo que contiene esas cenizas y que se levanta con la misma euforia como si fuera la famosa "orejona" de la Liga de Campeones.

Aunque muchas veces no se pueda ver qué están levantando.

¿Un ventilador?

El abierto de Alemania es uno de los torneos más tradicionales del tenis en polvo de ladrillo. Desde hace más de 80 años se viene realizando en la ciudad de Hamburgo.

Lo curioso del evento deportivo es que desde hace unos cinco años viene entregando un trofeo que parece un ventilador, lo que ha llamado la atención de varios medios alrededor del mundo.

Sin embargo, está lejos de ser un homenaje a un electrodoméstico, si no más bien reconocer el corazón de la actividad comercial de la ciudad alemana: los barcos.

El puerto de Hamburgo es famoso por su comercio naviero -es el segundo puerto de Europa y el noveno en el mundo- por eso el trofeo tiene forma de hélice de barco.

El último en ganar el título del abierto de Hamburgo fue el serbio Martin Krizan.

El cerdito valiente

Rivalidades en el mundo del deporte abundan: Real Madrid vs. Barcelona, Alí vs. Frazier, Mourinho vs. Guardiola, etc.

Pero tal vez la forma más curiosa de premiar una rivalidad histórica sea la que se inventaron los equipos de fútbol americano de la Universidad de Iowa y la Universidad de Minnesota en EE.UU.

Cada vez que se enfrentan está en disputa el trofeo "Floyd of Rosedale", que no es otra cosa que un chanchito de bronce.

La historia se remonta a 1935, cuando Minnesota era casi invencible y los de Iowa no podían soportarlo.

Después de un partido bastante tenso y violento en 1934, el gobernador del estado de Minnesota, Floyd Olson, decidió que tenía aligerar la presión y antes del juego de ese año le mandó una apuesta al gobernador de Iowa, Clyde Herring.

El perdedor debía pagar con un cerdo de su estado y entregárselo en persona al ganador.

Minnesota ganó y Herring viajó con un bello ejemplar porcino donado por el dueño de una granja llamada "Rosedale". De allí surgió el nombre del trofeo que se entrega cada año.

Una piedra en el camino

Los trofeos por lo general están hechos de algún metal: bronce, plata o simplemente lata bañada por un líquido dorado.

Pero la carrera ciclística París-Roubaix, que se disputa desde 1896, tiene una particularidad: su trofeo es una piedra.

¿La razón? Pues que la mayoría del recorrido de esta carrera se hace en lo que se conoce como "pavé": caminos hechos con pedazos de piedras o adoquines que son el terror de los ciclistas.

Por eso esta carrera se le conoce como "la última locura" y "la clásicas de las clásicas".

Y el ganador se queda con un trozo de lo que le hizo sufrir tanto.

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