Radares móviles. La Dirección Meteorológica de Chile (DMC) tiene sobre la mesa la compra de radares meteorológicos móviles para enfrentar las situaciones de lluvias y tormentas. “Este último tiempo se contempló la adquisición de radares móviles, pero eso todavía está en estudio y faltan los recursos”, señalaron desde la institución.
- Un radar meteorológico lanza ondas que rebotan en las gotas de lluvia y vuelven al equipo. Así calcula dónde llueve, con qué fuerza y hacia dónde avanza la lluvia.
- El radar también tiene dos funciones clave. Con la tecnología Doppler mide la velocidad y la dirección del viento dentro de la tormenta. Con la doble polarización distingue si cae lluvia, nieve o granizo, e incluso a qué altura se derrite la nieve en la cordillera.
- El móvil es ese mismo radar montado sobre un camión, que se lleva hasta donde se forma la tormenta.
- La gracia de poder mover el radar es la cercanía. Los radares fijos pierden detalle a medida que la tormenta se aleja, porque su haz va observando cada vez más alto. Además, en un país como Chile, la cordillera bloquea parte de sus señales. Un radar móvil se puede ubicar a pocos kilómetros del sistema frontal o de la quebrada en riesgo y escanear las capas más bajas de la atmósfera.
Caso de EE.UU. A fines de marzo, el Laboratorio Nacional de Tormentas Severas de Estados Unidos, presentó tres camiones con radar fabricados por la empresa EWR Radar Systems. Según los registros federales de compras, el contrato se adjudicó en septiembre de 2024 por US$4,58 millones, cerca de US$1,5 millones por unidad con camión incluido.
- La flota tiene dos radares de banda X y uno de banda C. La diferencia entre ambas tecnologías importa para la lluvia. Los de banda X son más sensibles y detectan mejor las gotas pequeñas. Mientras que el de banda C entrega menos detalle, pero mide mejor la precipitación intensa.
- Con dos equipos mirando la misma zona desde ángulos distintos se puede calcular la velocidad y la dirección real del viento.
- El origen de esa compra también es elocuente para Chile. NOAA, la agencia del gobierno de Estados Unidos encargada del clima y los océanos, los encargó para estudiar los incendios forestales y lo que pasa después. En concreto, querían medir las lluvias que caen sobre cerros quemados. Ahí el suelo absorbe menos agua y aumenta el riesgo de que se produzcan aluviones. Lo cual es el mismo escenario de aluvión que preocupa en los cerros chilenos.
En la región. En 2012, el gobierno de la provincia argentina de Mendoza informó que, de sus cinco radares meteorológicos, dos eran móviles. Están montados sobre un tráiler para trasladarlos cuando se necesita una medición específica. En Brasil, la base de datos de radares de la Organización Meteorológica Mundial registra un radar móvil de banda X operativo en Barueri, en el estado de São Paulo, de propiedad del Centro Nacional de Alerta de Desastres.
- En Perú, el Instituto Geofísico desarrolló un prototipo de radar móvil para medir cuánta lluvia cae en una cuenca y entender qué activa los aluviones.
Telón de fondo. En Chile, la discusión volvió tras el aluvión de la Quebrada Honda en Las Condes y las continuas tormentas ocurridas en la Región Metropolitana en octubre. Una red fija exige estudiar dónde instalar cada equipo para evitar el bloqueo de la cordillera, además de infraestructura, conectividad, mantenimiento y especialistas.
- Una red de ocho radares fijos podría tardar al menos dos años. Ese es uno de los argumentos para partir por los móviles.