-¿Cómo se originó la nueva ruta marítima entre Punta Arenas y las Islas Malvinas?
-Lo primero es entender que aquí no hay un acuerdo que involucre al Estado de Chile ni a alguna municipalidad. Esta ruta se remite a un vínculo comercial histórico con las Malvinas, que existió también en los ’90 y principios del 2000. Hoy las islas compran sus productos, básicamente, a Montevideo.
En el último tiempo, la Cámara de Comercio de las Islas y la Corporación de Desarrollo de las Islas Falkland vinieron a nuestra ciudad, a Santiago y a Valparaíso, y se generó un poder comprador organizado. Ellos contrataron a una naviera chilena que hace los recorridos de Valparaíso a Isla de Pascua y a Juan Fernández.
Como municipalidad, nos coordinamos para juntar al poder comprador con el poder vendedor y generar ruedas de negocios, algo en lo que en Punta Arenas tenemos experiencia.
-¿Qué beneficios económicos traería esta ruta para Punta Arenas?
-Este es un mercado de aproximadamente US$20 millones anuales, que en vez de llegar a Montevideo llega a Punta Arenas y genera empleos para los magallánicos. Esto, en las estimaciones más conservadoras. Para una economía como la nuestra, en una ciudad que tiene 130 mil habitantes, realmente es un impacto muy relevante.
-¿Qué rubros se verían beneficiados?
-Todos lo que te imagines para una isla que no produce nada. Alimentos no perecibles, congelados, verduras frescas, vinos, bebestibles, gaseosas, repuestos, cementos, artículos de construcción, etc.
-¿La Cancillería o el Ministerio de Defensa fueron informados de la negociación para esta nueva ruta?
-Lo desconozco. Pero cuando ya estábamos con esta rueda de negocios organizada, me comuniqué con la Cancillería y con autoridades para indicar que este es un tema entre comunidades, entre privados, y la Municipalidad colabora con los emprendimientos locales.
Por eso, quiero descartar bajo cualquier punto de vista una posición política: Chile ha sido claro con la reclamación argentina por Malvinas y eso no tiene nada que ver con este vínculo. Lo que estamos haciendo es reabrir un mercado que hoy se está yendo para Montevideo y queremos que quede para los habitantes de nuestra ciudad. Lo que hice, en mi calidad de alcalde, fue ver una oportunidad de negocios entre privados que puede generar empleos para la región.
-¿Esto es una manera de responder a la prohibición de 2011 del Mercosur que recalen barcos con la bandera de las Malvinas?
-En los ’90 y los 2000, era un buque de las islas el que comerciaba. Ese buque dejó de llegar a Magallanes por la adhesión a esa resolución. Nuestro comercio se terminó cuando no pudieron llegar el armador de las Islas Malvinas para Punta Arenas, y se fue a Montevideo. Esta ruta no violenta ese acuerdo, pero es una respuesta a esa situación.
-¿Cómo ve el timing de este anuncio? Salió a la luz en paralelo a las diferencias con Argentina por el Estrecho de Magallanes y cuando el presidente Milei dirigió una larga cadena nacional sobre la reclamación por las Malvinas.
-Los timing no los maneja la municipalidad. Nadie pensó que un general de la Fuerza Aérea argentina haría esas declaraciones erradas, tampoco sabíamos de la visita del Presidente Kast a nuestra ciudad —que fue muy buena— y tampoco que el Presidente Trump tendría una opinión sobre la cuestión de las Malvinas.
El contexto le da un componente de morbo a esta situación, que se ha intentado interpretar como de formas que no dicen relación, bajo ningún punto de vista, con el origen, la lógica y los objetivos de este proyecto. Hace un par de semanas, por un tema de responsabilidad dado lo que podía venir, me comuniqué con las autoridades para informarles de esta rueda de negocios.
-¿Cómo observa usted la polémica que se ha generado por la soberanía del Estrecho de Magallanes?
-Con preocupación. Después de leer las declaraciones de la Cancillería argentina, yo no vi una retractación y tampoco lo veo como un hecho aislado. Eso es lo que la Cancillería chilena debe tomar en consideración. Nunca se ha controvertido la validez de los tratados, nadie pone en duda la legitimidad del documento jurídico, pero el contenido sí lo estamos cuestionando.
Después de estos días hubo un cambio de mirada. Creo que la Cancillería chilena actuó muy oportunamente con su nota de protesta y creo que es muy pertinente que este debate siga abierto en términos más académicos y con un apoyo transversal del arco político. Esto da para un replanteo, no ser tan ingenuo y también generar acciones y estrategias eficaces para defender los intereses en el Chile austral.
-¿Qué le pareció la declaración de las presidencias de Chile y Argentina tras la reunión entre Kast y Milei? ¿Cree que es suficiente?
-Está el famoso decreto argentino de 2021, que se mantuvo más allá de las declaraciones. El hecho jurídico importante, que es consecuencia de esta declaración, sería la derogación automática por parte de Argentina de esta coadministración de parte del Estrecho de Magallanes. Fue una muy buena declaración en ese sentido.
-¿Pero basta con esa declaración?
-Esta es una declaración que está en muy buenos términos, pero eso es: una declaración. No hay nada que no se haya expuesto antes. Lo que corresponde es que Argentina derogue ese decreto. Más allá de las declaraciones, hay que derogarlo, y esperemos que sea pronto. Sería una buena señal para nuestro país y también para honrar los tratados internacionales.
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