Por qué importa: El sábado pasado, en un vuelo privado, Gabriel Boric, aterrizó en Juan Fernández. Durante el viaje de poco más de dos horas y media, fue leyendo el libro del fundador de Microsoft: “Cómo evitar un desastre climático”.

Uno de los temas que plantea Gates es que “las medidas que adoptaríamos para realizar reducciones pequeñas antes de 2030 serían radicalmente distintas de las que tomaríamos para alcanzar el cero antes de 2050. En realidad, se trata de dos vías diferentes, con indicadores de éxito distintos, y tenemos que elegir entre ellos. Es genial tener objetivos para 2030 siempre que sean hitos en el camino a cero emisiones para 2050”.

El libro de Gates: Una de las conclusiones que destacó El País en su crítica al texto, fue que “no hay vías realistas para alcanzar la meta cero que consistan en abandonar por completo los combustibles fósiles (carbón, gas y petróleo), por lo que considera necesario poner a punto sistemas para capturar las emisiones de carbono a la salida de las centrales o para absorberlas directamente del aire”. Aquí algunos de sus principales párrafos.

  • Ingresos y consumo: “Por la misma época, el científico ya fallecido David MacKay, profesor de la Universidad de Cambridge, compartió conmigo un gráfico que reflejaba la relación entre ingresos y uso de energía; entre la renta per cápita de un país y la cantidad de electricidad que consumen sus habitantes. El esquema, en el que la renta per cápita aparecía representada por el eje horizontal, y el consumo de energía, por el vertical, dejaba patente que ambos factores están estrechamente relacionados”.
  • Gobierno y privados: “Ya hay gobiernos y empresas que valoran los riesgos climáticos como criterio de selección de los proyectos; todos deberían hacerlo. Además, los gobiernos podrían asignar más fondos a la adaptación, fijar objetivos de inversión en el tiempo y adoptar políticas que mitiguen el riesgo para los inversores privados. Cuando los proyectos de adaptación comiencen a rendir frutos visibles, la inversión privada sin duda crecerá”.
  • ¿Y el costo? “No existe un método para determinar el precio de todo lo que tiene que hacer el mundo para adaptarse al cambio climático, pero la comisión de la que formo parte ha calculado los gastos en cinco campos clave (el desarrollo de sistemas de alerta temprana, la construcción de infraestructuras resistentes al clima, el aumento del rendimiento agrícola, la gestión del agua y la protección de los manglares) y ha llegado a la conclusión de que una inversión de 1,8 billones de dólares entre 2020 y 2030 tendría un retorno de más de 7 billones”.
  • Objetivo 0 para 2050: “Las medidas que adoptaríamos para realizar reducciones pequeñas antes de 2030 serían radicalmente distintas de las que tomaríamos para alcanzar el cero antes de 2050. En realidad, se trata de dos vías diferentes, con indicadores de éxito distintos, y tenemos que elegir entre ellos. Es genial tener objetivos para 2030 siempre que sean hitos en el camino a cero emisiones para 2050. He aquí el porqué. Si nos fijamos el propósito de disminuir las emisiones solo en parte antes de 2030, nos centraremos en los esfuerzos para conseguirlo, incluso si esos esfuerzos nos dificultan o imposibilitan alcanzar la meta definitiva del cero”.
  • Rol del gobierno: “La I+D no es el único ámbito en que el crecimiento económico va de la mano de la innovación en tecnología de cero emisiones. Los gobiernos también pueden ayudar a las empresas de energías limpias a crecer con políticas que reduzcan las primas verdes y faciliten que los productos verdes puedan competir con los productos basados en combustibles fósiles. Por otro lado, pueden aprovechar los fondos de los paquetes de ayuda contra el coronavirus para ampliar el uso de renovables y construir redes eléctricas integradas, por ejemplo”. 
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