Lo nuevo. Jorge Quiroz no llegó a Hacienda a trabajar desde cero su primer gran proyecto: llegó a ejecutar una hoja de ruta que venía incubándose desde la campaña presidencial de José Antonio Kast. La rebaja de impuestos, la reactivación, el ajuste fiscal y el destrabe a la inversión ya estaban en el libreto.
- Lo que vino después fue la bajada técnica: convertir esas ideas en texto legal, escuchar a SII y Tesorería, afinar cifras con Dipres, conversar con otros ministerios y cerrar un paquete que, al menos para quienes se incorporaron a fines de febrero, ya no era una suma de ideas, sino un proyecto completo.
- El trabajo en las últimas semanas fue de jornadas largas, con luces prendidas en Hacienda hasta tarde en la noche y retomando temprano en la mañana. “Al ministro le gusta llegar temprano. Han existido reuniones a las 6 de la mañana”, admiten en Teatinos 120.
La hoja de ruta venía de antes. La cocina del proyecto no partió con la instalación del Gobierno. Los primeros esbozos se trabajaron cuando Quiroz se integró a la campaña presidencial en primera vuelta, con apoyo desde Ideas País y Republicanos, especialmente en materias tributarias. Más tarde, el trabajo se trasladó a la Oficina del Presidente Electo (OPE), donde siguió reuniéndose con economistas que se fueron sumando desde otras candidaturas de derecha.
- La lógica era tomar ideas generales del programa económico y transformarlas en propuestas concretas. “Analicen el tema del crédito del empleo, ¿cómo lo podemos estructurar? ¿Cómo haría una ley respecto a esto?”, resume una fuente al describir el método. Más que una reflexión programática, el trabajo consistía en bajar las ideas al lenguaje de la norma.
- En ese proceso, la dupla formada por Quiroz y Tomás Bunster aparece como el eje ordenador. “El ministro con Tomás tuvieron sumamente claro qué es lo que querían, para dónde iban, porque venían trabajando en esta idea del programa económico hace un tiempo”, señala un cercano al trabajo realizado.
La Hacienda que armó Quiroz. El proyecto de Reconstrucción Nacional refleja muy bien el tipo de ministerio que Quiroz quiso construir: menos concentrado en la ortodoxia macro tradicional y más enfocado en incentivos, regulación y cuellos de botella al crecimiento.
- Esa lógica ya se reflejaba en el diseño de su equipo, que apuntaba a una Hacienda con incidencia directa en áreas que históricamente pesan más en Economía, Trabajo, Energía, Minería o Medio Ambiente.
- El objetivo era que la reactivación pasara por Hacienda y no quedara dispersa en distintas carteras.
- En el círculo principal aparecen Rudy Canales, jefe de gabinete, Tomás Bunster como jefe de asesores y coordinador de Regulación Económica, Sebastián Vallebona como coordinador tributario, Alejandro Guin-Po Bon en la coordinación macroeconómica; Josefina Soto en la coordinación legal; y Felipe Donoso en la parte más política del proyecto.
- A ellos se suma el trabajo de Dipres, encabezada por José Pablo Gómez, que actuó como pilar en el cierre del informe financiero y en el afinamiento de las proyecciones.
Cuando el proyecto ya era un paquete. Una de las claves de la interna es que, al menos desde la llegada de los equipos más técnicos a Hacienda, el proyecto ya no se estaba pensando como una suma de iniciativas aisladas. Desde marzo, la iniciativa se trató como “un paquete completo”, dejando atrás la idea inicial -que Quiroz había esbozado en campaña- de avanzar con varios proyectos separados para acelerar su aprobación.
- El texto que terminó entrando al Congreso se convirtió en un solo vehículo legislativo que mezcla reconstrucción, rebaja de impuestos, empleo formal, gratuidad, Sence, contribuciones y varios ajustes sectoriales. La decisión fue política y técnica a la vez: dar una señal económica amplia al inicio del Gobierno.
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Cómo Hacienda empezó a bajar las ideas. Una vez que el proyecto tomó forma, se abrió una ronda de conversaciones con ministerios y organismos que después tendrían que administrar, fiscalizar o ejecutar las medidas. La meta era detectar trabas, ver factibilidad y recoger observaciones antes del ingreso al Congreso. Incluso el Banco Central aprovechó de proponer una medida menor, pero útil para su operación: abaratar el transporte de monedas, que hasta ahora debía hacerse bajo exigencias similares a las del traslado de billetes.
- En el caso tributario, la coordinación fue con el Servicio de Impuestos Internos y con Tesorería. El método fue el de una rutina de ingeniería legal: mostrar borradores, pedir observaciones, revisar plazos, detectar problemas de fiscalización y ajustar la norma. Uno de los asesores lo resume así: “Acá uno no se la sabe toda y se requiere de que los que deben manejar los temas den su opinión”.
- Con Tesorería, por ejemplo, la conversación giró sobre la alta deuda fiscal incobrable y sobre qué herramientas podían ayudar a mejorar la recaudación. De ahí surgió parte del sustento para las normas de condonación de intereses y multas. En el caso del SII, la discusión se concentró en la subdirección normativa y la de fiscalización, para revisar factibilidad y advertir riesgos operativos.
- También hubo conversaciones sectoriales. Con Medio Ambiente, sobre permisos; y con Cultura, sobre cómo introducir mayor método en la evaluación del Consejo de Monumentos Nacionales. La lógica, según las fuentes, fue escuchar a los organismos “para ir mejorando ciertas trabas”.
Afinar números y conversar con los ministros. En la construcción del proyecto también opinaron otros ministerios, lo que significó que algunas materias entraran, otras salieran y varias se moderaran. El caso de gratuidad fue uno de los temas que siguió discutiéndose en la etapa final. El objetivo era llegar al Congreso con algo “sumamente potente”, pero que no dejara “cierto flanco”.
- En esa recta final, Dipres jugó un rol clave afinando proyecciones de ingresos y gastos. Había una preocupación explícita por no repetir errores del pasado en materia de estimaciones fiscales. Eso explica parte de los retrasos respecto de los anuncios iniciales: no solo hubo negociación política, sino también trabajo técnico intenso para pulir cifras, contrastarlas con datos del SII y reducir el margen de error.
- La misma lógica se vio en temas sensibles. El caso de la tasa de 12,5% para pymes terminó quedando fuera del paquete principal, no como abandono de una promesa, sino como una decisión de secuencia: no traer al presente un problema que legalmente se abría más adelante y que podía trabajarse en una iniciativa separada.
- La idea era “destrabar ciertos elementos críticos” que frenan la inversión. El diagnóstico de Quiroz es lineal: sin inversión no hay crecimiento, y sin crecimiento no hay más ni mejor empleo.