-¿Cómo vivió el 18 de octubre de 2019? ¿En qué momento se dio cuenta de que la protesta se salió de control?

-Es importante recordar que los días previos, debido al alza de $30 decretada por el ministerio de Transportes (MTT), hubo manifestaciones masivas y complejas en diferentes estaciones de Metro. En particular, el jueves 17 de octubre el recordado “profesor” destruyó parte importante de los torniquetes en estación San Joaquín, lo que obligó al cierre de dicha estación. Eran días muy difíciles para los trabajadores de Metro. Por ello, el viernes 18 de octubre se conformó, desde las 6:00 de la mañana, el comité de crisis, encabezado por los gerentes de Metro y con mi participación, en el centro de comando de las líneas convencionales del edificio corporativo.

Las manifestaciones empezaron ese día desde temprano, y fueron aumentando en violencia conforme pasaban las horas. La operación se empezó a afectar desde temprano debido a la interrupción de servicios por parte de estudiantes en los andenes, y por el lanzamiento de artefactos sobre las vías, como monitores de televisión que fueron arrancados de las boleterías y arrojados sobre las vías, generando interrupción de grandes tramos de la red. Al mismo tiempo, trabajadores de las estaciones estaban siendo violentados por parte de manifestantes, y poniendo en riesgo su integridad física.

-¿Cuáles fueron los momentos más duros?

-Con la interrupción de servicios en varios tramos de la red, las manifestaciones de estudiantes en los andenes, y la agresión que sufrían nuestros equipos en estaciones, nos dimos cuenta que la situación sobrepasaba cualquier pronóstico. Junto con los equipos de estaciones y los ejecutivos de la empresa, que en conjunto representan los mayores especialistas en Metro de nuestro país, y respaldados por mí, se tomó la decisión de ir cerrando estaciones, cuyo principal objetivo era proteger la integridad física tanto de nuestros trabajadores como de nuestros pasajeros. Creemos que fue la decisión correcta, y que nos permitió salvar vidas.

La decisión de suspender el servicio el fin de semana fue consecuencia evidente de la destrucción que durante la tarde/noche sufrieron múltiples estaciones de Metro. El servicio simplemente no podía funcionar. Los días sábado 19 y domingo 20 de octubre nos desplegamos completamente en terreno para cuantificar los daños y ver si podríamos abrir algún tramo el lunes 21.

-Mirando hacia atrás, ¿hay algo que hubiera hecho distinto?

-Sin duda que oponerme al alza de $30 que impuso el MTT.

-¿Cómo fueron sus relaciones con La Moneda esos días? ¿Había una sensación de que la situación estaba fuera de todo pronóstico?

-Estábamos ad portas de una de las peores crisis sociales de la historia de nuestro país. Nadie lo previó. Los conflictos fueron en múltiples partes no solo de Santiago, sino en el país. Afortunadamente, Metro siempre recibió el respaldo del accionista (Hacienda) y del Presidente de la República.

-¿Cuánto costó recuperar el Metro?

-El costo total de la reconstrucción del Metro, que aún no finaliza, se proyectó en US$ 255 millones.

-¿Qué piensa de quienes en ese minuto apoyaron las protestas, como el actual director del Metro Nicolás Valenzuela? 

-Durante la crisis social había “permiso” para decir y justificar prácticamente cualquier brutalidad bajo el paragua de la “protesta social”. No solo evadir Metro, sino que también grafitear calles completas, vandalizar monumentos, funar a autoridades en sus casas por parte de ciclistas, el que baila pasa, etc. Muchas actuales autoridades se sumaron a esa brutalidad, entre ellos Nicolás Valenzuela, pero también ministros, subsecretarios, directores de servicios, etc. Hoy en día, afortunadamente, todas esas brutalidades son rechazadas.

Respecto del caso particular de Valenzuela Levi en Metro, yo creo que si él realmente valora a dicha empresa y a su gobierno, debiera dar un paso al costado. De lo contrario, les impedirá avanzar de manera efectiva en sus respectivas agendas.

-¿Qué conclusiones saca de este proceso?

-Las conclusiones son varias. Quizás las más significativas son, primero, la confirmación de la enorme importancia que tiene el servicio de Metro para las comunidades, en especial en los sectores más postergados y vulnerables. Sin Metro, la ciudad no funciona, y los más perjudicados son los más pobres.

La segunda, fue constatar el enorme compromiso de todos los equipos de Metro, que mostraron una vocación de servicio público excepcional que nos debe enorgullecer como país.

Por último, subrayar la importancia que tiene el carácter de empresa autónoma que tiene Metro S.A., que le permite contar con las mejores personas y tomar decisiones cuya finalidad es velar por el bienestar de sus trabajadores y usuarios, y no sucumbir a intereses políticos. Si Metro fuese un reparto público o dependiera del gobierno regional, probablemente aún habría estaciones cerradas.

Publicidad