Un patrón que se repite. El duro enfrentamiento entre Squella y La Moneda -a raíz del caso del ex subsecretario de Hacienda, Juan Pablo Rodríguez- cumplió el mismo ciclo de otros que se han venido repitiendo desde el inicio del gobierno. El primer encontrón se dio en el encuentro más crucial entre Kast y el equipo con el que preparaba la instalación del gobierno.
- Poco antes de Año Nuevo – en las oficinas de Calle la Gloria, donde se alistaban los principales nombramientos – el presidente Kast encabezó una reunión donde estaban Alejandro Irarrázaval, Cristián Valenzuela (encargado de comunicaciones), Carmen Soza (jefa programática), Sebastián Figueroa (actual subsecretario de la Subdere), y Arturo Squella.
- Kast dio a conocer su esquema de gobierno: el gabinete sería compuesto mayoritariamente por técnicos y las principales decisiones quedarían bajo control del Segundo Piso. Ahí se registró un fuerte debate entre Squella e Irarrázaval, que no se toleraban en ese entonces y ahora menos.
- Desde el primer día de gobierno las cosas partieron mal, pero se disimulaban. Solo podían empeorar y lo hicieron al poco andar.
La rebelión inevitable. Además de no participar de las decisiones, los partidos tampoco eran informados de resoluciones clave. La rebelión se empezó a incubar cuando, sin escucharlos, el Segundo Piso le dio el vamos al traspaso del alza histórica de los combustibles de forma inmediata y sin gradualidad a los consumidores.
- El Partido Republicano encendió todas sus alarmas. El costo fue una caída brutal en la popularidad del presidente: 17 puntos, perdiendo la mayoría de un plumazo en menos de tres semanas. Públicamente, apoyaron el alza. Pero era cuestión de tiempo para que todo explotara.
- Casi un mes después, se filtró un polémico oficio de la Dirección de Presupuestos (Dipres) que sugería recortar o eliminar 142 programas estatales para el presupuesto venidero. La oposición se dio un festín.
- Ahí Squella, como timonel del partido del presidente, asumió la vocería de la molestia en el oficialismo. Calificó el hecho como un “error garrafal” y emplazó al Segundo Piso a “tomar las riendas” para corregir las descoordinaciones del Ejecutivo.
- A la semana siguiente, todo explotó. Durante el Comité Político ampliado en el palacio de gobierno, la tensión estalló cuando Squella encaró duramente a Irarrázaval. Cuestionó el diseño político del asesor y remató con una advertencia: “Quien concluya que parte del problema, tiene que dar un paso al costado”.
- La ofensiva, respaldada por las directivas de Chile Vamos, forzó la intervención directa del propio Presidente Kast en el palacio presidencial de Cerro Castillo para frenar la crisis interna entre su partido y su círculo de hierro.
- Nunca más Irarrázaval ostentó el mismo poder, aunque no lo perdió del todo. Y nunca más la relación entre Kast y el presidente volvió a ser la misma.
- La explicación es que, dado el esquema de gobierno por el que optó el presidente, era imposible que eso no ocurriera.
- El timonel republicano tiene hacerse cargo de administrar las quejas y necesidades de su partido, donde su liderazgo sigue siendo sólido, según los dirigentes escuchados por Ex-Ante. Eso incluye evitar que los Libertarios de Kaiser lo pasen por la derecha, un tema que preocupa permanentemente a los republicanos.
- El mandatario, a su vez, quiere mantenerse lejos de los problemas entre el gobierno y los partidos. Después de esa crisis, armó un comité con las directivas de los partidos, pero sin fecha fija para reuniones y no se comprometió a estar en todas (comentarios maldadosos señalan que esto último se ha notado).
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El último round. No se entiende el tono que adquirió la disputa en torno al caso del exsubsecretario Rodríguez sin ese clima previo. Finalmente terminó como tenía que terminar, con los republicanos cuadrándose con el gobierno, con miras a usar todas sus energías en impulsar la agenda de seguridad en la que el gobierno ha puesto todas sus fichas.
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