Un sacerdote ortodoxo de nacionalidad griega fue tiroteado con una escopeta de cañones recortados este sábado en Lyon (suroeste de Francia), hacia las 16:00 hrs (hora local) y el presunto autor se dio a la fuga, indicó a la AFP una fuente policial.

El sacerdote "estaba cerrando su iglesia", precisó esa fuente, que añadió que se encuentra en estado grave.

"No había ninguna ceremonia" dentro de la iglesia y "el sacerdote no iba vestido con ropa sacerdotal", indicó la misma fuente.

Según un periodista de la AFP presente en el lugar de los hechos, la pequeña iglesia donde se produjo el tiroteo se encuentra en un barrio residencial de Lyon (centro-este), donde había muy poca gente en la calle durante el primer sábado del nuevo confinamiento en Francia.

El ministro del Interior, Gérald Darmanin, organizó una célula de crisis en su Ministerio en París.

De momento, la fiscalía antiterrorista francesa no se hizo cargo de la investigación del ataque en Lyon.

El primer ministro Jean Castex recordó "la total determinación del gobierno para permitir a todos y a cada uno de practicar su religión con total seguridad y libertad".

"Nuestra voluntad es fuerte y nuestra determinación no decaerá. Es el honor de Francia, es el honor de la República", añadió Castex durante un desplazamiento el sábado en Saint-Etienne-du-Rouvray (noroeste), donde el cura Hamel fue degollado en una iglesia en 2016 por dos jóvenes yihadistas.

El hecho ocurrió horas después de la detención de un tercer hombre posiblemente involucrado en el ataque con cuchillo en una basílica de Niza, que dejó tres muertos.

"Un suceso se está produciendo cerca del sector de Jean-Macé, en el distrito VII de Lyon", indicó en Twitter el Ministerio del Interior.

"Las fuerzas de seguridad y los servicios de emergencias están ahí". "Evitad la zona y seguid las consignas de las autoridades", añadió el Ministerio.

El gobierno francés permitió que los lugares de culto se mantengan abiertos hasta el lunes para celebrar el día de Todos los Santos, antes de volver a cerrar por el nuevo confinamiento para frenar el COVID-19.

Tras el ataque en Niza, el ejecutivo elevó al nivel máximo la alerta antiterrorista y aumento de 3.000 a 7.000 los soldados desplegados en el país para proteger las escuelas y los lugares de culto.

Estos militares se verán apoyados por los 7.000 miembros de las fuerzas de seguridad, la mitad de ellos policías reservistas, que a partir del lunes se encontrarán a disposición de los prefectos (delegados del gobierno) para garantizar la seguridad.

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