No son pocos los que asocian a las grandes ligas del mundo petrolero con las botas tejanas que a veces lucen los grandes ejecutivos del sector en Houston, la capital energética de Estados Unidos.

Pero la realidad es que en un mundo económicamente cada vez más multipolar, las grandes multinacionales estadounidenses del petróleo comparten el escenario principal con otros gigantes.

La petrolera estatal de Arabia Saudita, Saudi Aramco, es la que tiene mayor capacidad de producción de hidrocarburos en el mundo.

Según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), el monopolio árabe producía en marzo de este año cerca de 10 millones de barriles diarios

El segundo lugar en producción es era para la rusa Gazprom, con 8,38 millones de barriles diarios en 2016, según la revista Forbes. El tercero para la compañía nacional petrolera iraní.

Exxon-Mobil, la mayor petrolera estadounidense, apenas llega al cuarto puesto.

Y la mexicana Pemex, la única latinoamericana entre las primeras diez, estaba en el octavo puesto con 3,6 millones de barriles diarios.

Gigante estatal

La gigante saudita Aramco no cotiza en ninguna bolsa de valores.

Su propiedad es enteramente estatal. Por lo que no aparece en algunos listados que clasifican a las grandes petroleras por su valor en el mercado bursátil.

Precisamente donde Exxon/Mobil es rutinariamente presentada como la petrolera más valiosa del mundo.

Pero eso podría cambiar el año entrante. Arabia Saudita planea vender en 2018 un monto de alrededor del 5% de las acciones de Aramco en las bolsas.

Según Simon Jack, editor de negocios de la BBC, algunos estimativos calculan el valor de la empresa en US$2 billones.

Si la privatización parcial de Aramco confirma ese precio, convertiría la petrolera saudita en la empresa más valiosa del mundo, con un valor cuatro veces mayor que el de su rival más próximo, Apple.

Pero habrá que esperar hasta 2018 para verificar si el mercado le otorga a Aramco la enorme valoración de la empresa que han hecho esos estimativos.

En declaraciones a la BBC en 2016, el gerente de Aramco, Amin Nasser, reconoció que hay nuevas fuentes de energía tradicional y alternativa surgiendo como competencia para su negocio, pero insistió en que "el petróleo jugará un papel grande por mucho tiempo".

Chinos y rusos

Las firmas chinas y rusas también son rivales emergentes al evaluarse las cifras de producción de petróleo, las ventas totales y la valoración que el mercado hace de esas empresas.

Las rusas Gazprom y Rosneft van a la zaga de Saudi Aramco, pero ya han superado a muchas de sus rivales estadounidenses y de Europa Occidental. Más sorprendente tal vez ha sido el ascenso frenético de las petroleras chinas.

Según la revista estadounidense Fortune, la firma China National Petroleum es la mayor petrolera en el mundo por ingresos, que alcanzan casi US$300.000 millones.

Entre todas las empresas del mundo en cualquier ramo, solo la firma estadounidense de supermercados Walmart y el conglomerado chino de energía eléctrica State Grid tienen más ventas, asegura Fortune.

China National Petroleum emplea a un millón y medio de personas y sus ganancias llegan a US$7.000 millones.

El poder occidental

Pese a que en términos relativos están perdiendo terreno, nadie subestima el poder que tienen todavía las tradicionales petroleras estadounidenses y de Europa occidental.

Un símbolos notorio de ese poder fue la decisión del presidente estadounidense Donald Trump de nombrar al gerente de Exxon-Mobil, Rex Tillerson, como su secretario de Estado.

El nuevo jefe de la diplomacia estadounidense debe tener mucha práctica en negociar con gobiernos extranjeros desde su época al frente de la multinacional petrolera.

Exxon-Mobil sigue siendo una empresa gigantesca, con un rango de acción global y una capacidad de sacudir mercados y gobiernos con sus acciones.

Otras firmas como la británica BP y la angloholandesa Shell, así como la estadounidense Chevron, mantienen su puesto entre las principales petroleras del mundo.

Pero en décadas recientes, a medida que las naciones del resto del mundo iban asumiendo mayor control de sus recursos naturales, y en particular de uno tan estratégico como el petróleo, era inevitable que se diera un realinamiento en la estructura de poder de esa industria.

Cuyos ejes más importantes ahora cruzan por Riad, Moscú y Pekín como antes lo hacían por Houston y Londres.

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