La historia del dramático rescate de 300.000 soldados del bloque aliado mientras se aproximaba el ejército nazi se estrena esta semana.

Se trata de un recordado episodio de la Segunda Guerra Mundial sucedido en la ciudad francesa de Dunkerque en mayo de 1940.

La película, que tiene el mismo nombre de la ciudad donde se produjeron aquellos hechos, está dirigida por Christopher Nolan.

La historia recuerda aquellos sucesos como "el milagro de Dunkerque" o con el nombre con el que fue bautizada aquella acción de rescate: "Operación Dínamo".

Soldados británicos, belgas y franceses se salvaron de los nazis en esa acción militar ejecutada por la Fuerza Expedicionaria de Reino Unido poco antes de que Francia cayera en manos de Alemania.

Sin embargo, a medida que el escape de los militares se concretaba a través del Canal de la Mancha, miles de civiles quedaron a su suerte.

Eso fue lo que le sucedió a esta familia belga, cuya historia es contada a continuación por la prima de una de las protagonistas.


Eva y Stanislas

En mayo de 1940 Eva Zusman, su esposo Stanislas y su hija Anita, de cuatro años, llegaron a la estación balnearia en la ciudad belga de De Panne desde su casa en Amberes.

Allí se les unieron el padre de Stanislas y su familia cercana.

Era un día de fiesta organizado en el último minuto para celebrar el regreso de Eva de su ciudad natal, Ginebra, a donde fue a visitar a su familia.

De Panne era ideal para unas vacaciones de verano en familia.

Las playas de arena blanca se extendían hasta donde el ojo podía ver.

Pero al día siguiente de su llegada, el 10 de mayo, Alemania invadió Bélgica, Luxemburgo y Holanda.

Anita

A Anita, que ahora tiene 80 años y vive en Ginebra, la noticia de la invasión se la dio un guardia de la policía local que llevaba un tambor.

La resistencia de Bélgica no duró mucho tiempo.

Miles de soldados nazis marchaban por Bélgica y Holanda hacia el norte de Francia y la costa.

Eva y Stanislas vacilaron, conscientes de que como judíos estarían entre los primeros en ser atacados en la Bélgica ocupada.

Después de varios días se unieron a otros que hacían su camino a pie hacia Francia.

El ritmo era lento. Nacida con una cadera deformada, Eva cojeaba pesadamente mientras que su suegro, Abraham, necesitaba una silla de ruedas.

Anita y sus primos, al principio aterrorizados por lo que estaba sucediendo, pronto se distrajeron con las vistas del mar.

Stanislas compró un auto y contrató a un joven local para conducir a la familia Zusman hacia la frontera.

Una vez en Francia, se detuvieron en una casa de huéspedes para descansar.

Pero todavía no había pasado lo peor,

Dunkerque

La familia dejó sus maletas en el vehículo y pasó la noche en el alojamiento, junto al conductor contratado.

Por la mañana tenían que continuar su viaje hacia el sur.

Pero al día siguiente, tanto el auto como el conductor habían desaparecido.

Se habían quedado sin su único medio de transporte y sus pertenencias.

Sólo les quedaba seguir por sus propios medios.

El 15 de mayo, Holanda y Bélgica se rindieron ante Alemania.

Ya en Dunkerque, la familia constató que el ambiente era anormalmente tranquilo.

Las explosiones de bombas se podían oír en la distancia y el humo era visible si mirabas hacia el norte.

Eva buscó provisiones y un lugar para quedarse, y encontró ambas en una casa de campo en las afueras de la ciudad.

Fue cuando sucedió algo que marcó la vida de Eva durante muchos años, incluso después de la guerra y que ella anotó en su diario.

"No sabíamos que todo el ejército británico estaba en Dunkerque y que intentaban escapar por mar. Pasamos una noche terrible bajo bombardeo en Dunkerque, no sabíamos qué pasaría con los soldados en la playa. Pensamos que debíamos abordar uno de los barcos que se dirigían a Inglaterra también".

El 21 de mayo, las tropas británicas, francesas y belgas quedaron atrapadas a lo largo de la costa francesa.

Una división francesa había contenido a los alemanes cerca de Lille y los aliados habían podido reunirse en Dunkerque, pero el tiempo se estaba agotando.

El primer ministro británico Winston Churchill había pedido que pequeñas embarcaciones y barcos privados se reunieran a lo largo de aquella costa para participar en la evacuación.

El abrigo

Stanis y su familia se unieron a otros civiles que huían del bombardeo.

Se dirigieron hacia el sureste con la esperanza de que un tren los llevara lejos de la lucha.

En bicicletas, autos, carruajes tirados por caballos o camiones, jóvenes y viejos, mujeres y niños, huyeron hacia el sur de la manera que pudieron.

Nadie sabía cuánto duraría el viaje ni dónde pasarían la noche.

Más de 20.000 civiles perderían sus vidas en Francia entre mayo y junio de 1940.

Anita todavía recuerda la calidez del abrigo de piel de su madre.

Dormía con ella y se cubrió con el abrigo cuando hacía frío por la noche.

Se convirtió en en un tesoro más de lo que Eva podía haber imaginado.

Luego vendría la separación.

Stanis decidió comprar una motocicleta con un asiento lateral.

El hambre

Un joven se ofreció para conducir la moto y Eva iría en otro puesto junto a su hija.

Stanis, en cambio, permanecería con su padre y la familia de su hermano.

Ellos intentarían llegar hacia el sur, hasta Lyon, desde donde pensaban tomar un tren.

La huida en la moto fue lenta debido a la multitud de refugiados.

Al final la gasolina se agotó y la madre y la hija continuaron a pie.

Incluso ahora Anita recuerda el hambre que pasó en ese periplo.

Fueron días con poco o nada para comer, comprando pan y verduras de los lugareños.

Eva escribió en su diario:

"Nunca olvidaré a un granjero que me dio un huevo para Anita y una señora que quería arrebatármelo para alimentar a su anciano marido. Lo guardé para Anita, pude hervirlo, lo comió muy feliz. Y vomitó de inmediato".

El ataque

La mayoría de las personas en las carreteras dormían bajo los árboles y en los arbustos, pero Eva quería hallar un lugar más seguro.

Una noche llamó a la puerta de una granja pidiendo comida y un lugar para dormir.

Sin embargo, el campesino que allí habitaba estaba abrumado por el número de refugiados que había en su puerta.

Tuvieron que refugiarse en los campos cercanos y se despertaron por la sirena de un avión bombardero alemán Stuka.

Los bombarderos Stuka aterrorizaron a la población de inmediato, sus sirenas eran una advertencia de un ataque inminente.

Eva observó al avión acercarse a su objetivo, con su ametralladora escupiendo balas a todas partes.

Luego dejó caer una bomba y la granja y los campos cercanos se incendiaron.

El fuego

Eva y Anita corrieron lo más lejos que pudieron, para escapar del calor de las llamas, y el peligro de que el fuego se extendiera rápidamente por los campos secos.

Eva se tiró al suelo, tratando de cubrir a Anita con su propio cuerpo.

Qué le pasaría a su hija si ella muriera, pensó. Sería preferible que murieran juntas.

Todos los que habían emprendido la marcha al sur vieron como su viaje había sido detenido inesperadamente.

Eva había oído rumores de que los alemanes se acercaban, pero nadie se dio cuenta de que el ejército de ocupación alemán ya estaba en todas partes.

Cara a cara

En el puesto de control instalado por los alemanes, Eva se encontró cara a cara con el primer soldado nazi que había visto.

Insegura de cómo dirigirse a él, se decidió por el alemán.

Su intención era hacer todo lo posible para que ella y su hija abandonaran los campos franceses para ir rumbo a la capital belga, Bruselas.

Mientras Eva hablaba con los soldados nazis, Anita había estado recogiendo margaritas y decidió "rescatar" a su madre.

La niña le entregó el ramo de flores que había escogido. Ella recuerda la escena hasta el día de hoy.

"(El soldado nazi) Me tomó en sus brazos con las flores, y le dijo a mi madre que tenía una hija de mi edad en casa. Nos preguntó de dónde veníamos y qué podía hacer para ayudar".

"Cuando mi madre dijo Suiza, se rió", recuerda Anita.

No había carreteras abiertas hacia la Suiza neutral, pero el soldado sí las ayudó a llegar a Bruselas.

Mientras el resto de la cola miraba con envidia, Eva y Anita se metieron en un Volkswagen alemán con chofer y fueron llevadas a la capital de Bélgica.

Después de seis semanas, finalmente se reunieron con Stanis.

Todos en la familia regresaron a sus vidas en Bélgica, pero a medida que las leyes antisemitas se intensificaban en Bruselas, Anita tuvo que ser trasladada en un tren de la Cruz Roja a Suiza, siendo seguida por su madre.

Stanis trató de unirse a ellos, pero fue capturado y finalmente asesinado por los nazis en Auschwitz en febrero de 1943.

Puede que el final no fuera precisamente feliz, pero al menos Anita sobrevivió para contar esta historia.

A su modo, ella fue parte también del "milagro de Dunkerque".


Nadia Ragozhina es una prima lejana de Eva Zusman y está trabajando en un libro sobre el pasado de su familia a través del siglo XX.

Publicidad