Hace una semana, Aloísa Elvira Reis entró en una agencia especializada en buscar empleadas domésticas para familias de clase media, en Brasil.

Un hecho nada excepcional; lo que lo hace notable es la razón por la que fue.

Hace unos años, Aloísa hubiera entrado en la agencia para solicitar una empleada y no, como ahora, para ofrecer sus servicios.

Temprano en la mañana, las colas de solicitantes que se forman en la agencia de servicio se alargan por los corredores.

Hay varios indicadores que apuntan a la gravedad de la recesión en Brasil: uno es el desempleo de ingenieros que buscan trabajos alternativos en otras áreas.

El otro, es la oferta de empleadas domésticas que trabajan por días y que está creciendo a pasos agigantados.

El sector del servicio doméstico está siendo inundado a medida que cesan los empleos en la industria y el comercio.

Economía en reversa

Brasil está pasando por la peor recesión en más de dos décadas.

Según un informe realizado hace unos días por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), el producto interno bruto, PIB, del país tuvo una contracción de 3,8% en 2015. El peor registro desde 1996.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica que la economía tendrá una contracción en dos años de casi 8%, para finales de 2016.

Aloisa Elvira Reis está nerviosa porque es la primera vez que entra a una agencia de servicio doméstico.

La economía de Brasil se disparó en la década pasada, como uno de los países emergentes BRIC, cuando sus recursos naturales estaban en alta demanda en los mercados internacionales.

Pero con la ralentización de China y el precio de las materias primas alcanzando bajas récord, la economía brasileña entró en una rápida reversa.

La crisis política, la caída del consumo y las paralizaciones de las empresas involucradas en el caso "Lava Jato" (un escándalo que incluyó a personajes de la política y la petrolera estatal) también han sido señaladas entre las razones de la recesión.

Entre las víctimas de esa desaceleración se encuentran 9,1 millones de brasileños que están desempleados (2,6 millones más que hace un año, según el IBGE).

Son personas como Aloísa Elvira Reis, de 37 años, que, después de trabajar en Sao Paulo en la industria metalúrgica durante 12 años, hace una semana entró en una agencia de empleadas domésticas en busca de trabajo diario.

"Es la primera vez que vengo", explica con timidez, al solicitar información a dos jóvenes.

Aloísa cuenta que nunca había estado desempleada por tiempo significativo. "Mis excolegas también están sin trabajo y no tengo esperanza de encontrar algo en mi área", dice.

"Tengo un arriendo, un seguro de salud y una hija en la universidad. Gastos que debo pagar cada mes. Así que pensé que trabajar como empleada doméstica podía ser una solución. No tengo experiencia pero en mi casa hago este tipo de trabajo, entonces, ¿por qué no?"

Grave crisis

A las 8 am, la agencia de servicio doméstico está repleta de mujeres que quieren inscribirse para trabajar como empleadas o niñeras.

A las 10 am, las colas salen por los corredores y no hay más asientos para todas las solicitantes.

En los últimos meses, entre 200 y 250 personas pasan a diario por el local, según Fernando Souza, director administrativo de la agencia. Es un aumento de 35% en función de la crisis.

Algunas, como Aloísa, están intentando entrar en ese sector por primera vez.

Lo mismo ocurre con la boliviana Luisa Cortez, de 54 años, que quedó desempleada después de que la fábrica de prendas para bebé donde trabajaba cerró en 2015.

Las filas de candidatas a los empleos domésticos se alargan temprano en la mañana.

Luisa dice que llegó a Brasil hace más de 20 años y también tuvo un pequeño restaurante.

La familia prosperó y las dos hijas que tiene en Brasil (otra está en Bolivia) entrarán a la universidad. Una estudiará administración y la otra periodismo.

"Nunca había visto una crisis tan grave. Mi marido murió el año pasado y en la actualidad no creo que tenga muchas probabilidades de encontrar empleo en el área que estaba", comenta.

Mercado negro

Fernando Souza expresa que, debido a la crisis, la oferta de trabajo para empleadas domésticas "permanentes", con contrato laboral mensual, cayó 35% en el último año.

"Es uno de los primeros lujos que una familia de clase media corta cuando alguno de sus miembros queda desempleado", explica.

"Es por eso que hemos tenido un aumento de 25% en la contratación de domésticas que trabajan de por días, que es una opción más barata".

Aunque Brasil promulgó leyes que establecen contratos formales con prestaciones, los trabajos que están en oferta son informales.

Durante los años de bonanza, Brasil aprobó nuevas leyes del servicio doméstico que ofrecieron mayor protección laboral a las empleadas contratadas formalmente.

Pero, con la actual recesión, el precio de contratación formal de servicio doméstico ha aumentado.

El resultado es un mercado negro de empleo informal, con menos paga y sin prestaciones sociales.

Una de las afectadas por ese cambio fue Alessandra Pimenta, de 39 años, formalmente asalariada hasta 2014.

"Con la ley se ampliaron nuestros derechos y la gente ganó más dignidad pero terminé con una patrona que no aceptó el cambio de esquema", dice.

"Me dio un contrato como empleada de por días desde el año pasado. Hoy en día tengo un salario de 600 reales al mes, con dos hijos pequeños que criar y un arriendo de 550 reales. ¿Cómo voy a hacerle?"

Muchas mujeres, como Aloisa tienen hijas que sostener más arriendos y seguros de salud que pagar.

Ella dice que ya se siente mayor competencia en el sector. De acuerdo al IBGE, el número de empleados domésticos aumentó 3,8% en el trimestre que concluyó en noviembre, llegando a 6,2 millones de personas.

Con el progreso en la educación y el trabajo de los últimos años, el número de empleados domésticos se venía reduciendo. Ellos migraban a otros sectores.

Ahora, a medida que quedan cesantes y hay menos oportunidades, las personas son empleadas en trabajos menos remunerados y regresando a sectores que creían haber dejado atrás, como el de servicio doméstico.

Una tendencia que no augura bien para la economía de Brasil.

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