AFP

El Consejo de Seguridad de la ONU se instala este fin de semana en una reserva natural sueca, una novedad que tiene lugar en un contexto tenso entre potencias occidentales y Rusia con el conflicto sirio de fondo.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, participará en este retiro informal anual que se celebra habitualmente en los alrededores de Nueva York.

La presencia de su enviado especial para Siria, Staffan de Mistura, no ha sido confirmada.

Los 15 miembros del Consejo de Seguridad se reunirán en Backakra, la residencia de campo de Dag Hammarskjöld, el segundo secretario general de la historia de la ONU, fallecido en 1961 en un accidente de avión en África en circunstancias nunca explicadas.

El ala sur de esta casa construida en medio de una reserva natural cercana al mar Báltico, en el extremo sur de Suecia, sirve de residencia de verano a los académicos suecos que otorgan el premio Nobel de Literatura.

A miles de kilómetros de Nueva York y Damasco, los miembros del Consejo estudiarán "los medios de reforzar y hacer más eficaces las misiones de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas", indicó el Gobierno sueco.

La ministra de Asuntos Exteriores, Margot Wallström, se alegró de este traslado del Consejo a Suecia, país miembro no permanente pero "donde perdura una larga tradición de prevención y de resolución pacíficas de los conflictos".

El embajador sueco antes la ONU, Carl Skau, precisó que se trataba de "recrear un diálogo", "renovar una dinámica", con "humildad y paciencia", una semana después de los bombardeos occidentales contra el régimen sirio.

"Es importante para la credibilidad del Consejo", dijo el diplomático a los periodistas en Nueva York.

El principal objetivo de este "retiro" no es el conflicto sirio, aunque debería ocupar un sitio importante en las conversaciones al haber dividido profundamente a los miembros del Consejo desde hace meses.

"Necesitamos nuevas ideas políticas para avanzar", comentó Skau.

- 'Sin demasiadas esperanzas' -

Los bombardeos conducidos por Estados Unidos, Francia y Reino Unido el 14 de abril iban dirigidos a tres emplazamientos del programa de armamento químico del régimen de Bashar al Asad, acusado del presunto ataque con gases tóxicos del 7 de abril en Duma, por entonces el último bastión rebelde cerca de Damasco.

El régimen de Asad y su aliado ruso desmintieron toda responsabilidad en este ataque que, según los socorristas, provocó más de 40 muertos. Pero para los occidentales, el poder sirio traspasó una "línea roja".

Estos ataques, decididos sin resolución del Consejo de Seguridad, avivaron las tensiones ya existentes con Rusia, miembro permanente junto a Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y China.

Moscú ha utilizado 12 veces su veto en el Consejo desde 2011.

Wallström advirtió el viernes que "no debemos tener demasiadas esperanzas de que todo el problema (sirio) se resuelva" durante el fin de semana sueco.

"Sobre todo necesitamos tener tiempo para hablar sobre el papel del Consejo de Seguridad y de Naciones Unidas en el conflicto sirio", añadió. 

Algunos países no miembros critican este viaje a Suecia. Con los conflictos que tiene sobre la mesa, incluido el de Siria, no es normal que el Consejo se marche tan lejos ahora, denuncia un embajador bajo anonimato. "¿Qué pasará si sucede algo serio?", se pregunta.

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