AFP

La victoria demócrata, un terremoto político en la elección más disputada de 2017 y en uno de los estados más conservadores de Estados Unidos, representa un amargo golpe para el mandatario, quien dio todo su apoyo al candidato republicano Roy Moore, a pesar de los escandalosos señalamientos en su contra.

Su triunfo también reduce al mínimo la mayoría republicana en la cámara alta del Congreso, lo que obstaculiza la aprobación de las reformas de Trump, especialmente la adopción a corto plazo del gran recorte fiscal que se está considerando en el Legislativo. 

Con prácticamente la totalidad de los resultados, Jones obtuvo 49,9% de los votos frente a 48,4% de Moore, una diferencia de más de 20.000 votos, según cifras de medios estadounidenses.

"Le mostramos a este país la manera en que podemos estar unidos", dijo el senador electo Doug Jones, un exfiscal de 63 años, que se hizo conocer logrando la condena de miembros del Ku Klux Klan responsables de la explosión de una bomba en una iglesia negra, en la que murieron cuatro niñas.

Aclamado por sus seguidores en Birmingham, saludó una victoria del "Estado de derecho" y de la "decencia".

Trump, que se había metido de lleno en la campaña para evitar un triunfo del "terrible" Jones, escribió un tuit felicitando al demócrata por su "victoria duramente peleada". 

Pero el candidato republicano se negó a aceptar la derrota inmediatamente, declarando a sus simpatizantes en Montgomery que "cuando el voto es así de reñido, no se ha acabado".

El resultado coloca a un demócrata de Alabama en el Senado de Estados Unidos por primera vez en un cuarto de siglo.

La hazaña de Jones da oxígeno a la oposición a Trump, que ya ganó el mes pasado varias elecciones para gobernadores y otros escaños locales. 

"Si los demócratas pueden ganar en Alabama, podemos -y debemos- competir en todas partes", se regocijó Hillary Clinton.

 Derrota pero alivio 

Trump había ignorado las acusaciones contra Roy Moore, un exjuez de la Corte Suprema de Alabama de 70 años, en un intento de mantener esta banca, con el fin de mejorar las probabilidades de adopción de sus reformas. 

Además de un discurso tradicional en contra del aborto, los homosexuales y los transgénero, Moore retomó los grandes temas de las presidenciales como la inmigración clandestina y la defensa, erigiéndose en socio de confianza del presidente.

Pero el resultado en cambio achica la mayoría republicana del Senado a 51 escaños de 100, reduciendo su margen de maniobra casi al mínimo. 

Para el partido republicano, la derrota de su candidato también es, paradójicamente, un alivio, porque le evita tener que lidiar con el caso Moore, quien desde hace un mes es acusado de haber manoseado y acosado a dos menores en la década de 1970.

El jefe del Senado, Mitch McConnell, había advertido que Moore, si ganaba, sería inmediatamente objeto de una investigación de la comisión ética de la cámara alta del Congreso, una pesquisa que habría dividido al partido, aún más si la comisión recomendaba su expulsión.

Con la excepción notable de Donald Trump, la mayoría de los legisladores republicanos habían cortado puentes con Roy Moore tras la divulgación de los testimonios de las mujeres, con el fin de evitar ser manchados por el escándalo, en pleno examen de consciencia estadounidense ante la proliferación de denuncias públicas de acoso sexual contra personas conocidas.

Ante esta situación, Trump entró de lleno en la campaña para conservar el puesto que dejó vacante Jeff Sessions al ser nombrado fiscal general, sin pensar en las elecciones legislativas de 2018 o en cómo quedará la imagen de los republicanos.

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