Las alarmas llegan en los últimos días de septiembre de 2023.

Israel vive entonces una tormenta política interna. En Cisjordania, los ataques y la violencia alimentan la tensión. En Gaza, las protestas junto a la valla fronteriza se repiten. Las calles israelíes están atravesadas por manifestaciones masivas contra la reforma judicial impulsada por el Gobierno de Benjamin Netanyahu.

En apariencia, son crisis diferentes. Pero, vistas desde fuera, podían parecer piezas de una misma maquinaria a punto de ponerse en movimiento.

El presidente de Emiratos Árabes Unidos, el jeque Mohamed bin Zayed —conocido como MBZ—, estaba preocupado. Según el presidente israelí, Isaac Herzog, esa inquietud venía de meses atrás. “Habló conmigo sobre esto con frecuencia en los meses previos a la guerra (...) Transmitía constantemente mensajes sobre la necesidad de calmar la situación. Incluso envió un enviado especial a Israel que se reunió con el primer ministro. El emir parecía presentir que la zona estaba al borde de la explosión”, relata Herzog.

En esta reconstrucción del diario israelí ‘Haaretz’, la advertencia terminaría llegando al despacho del primer ministro. Y no de cualquier manera. Llegaría en una llamada telefónica de 45 minutos.

 

La llamada desde Abu Dabi

Una semana y media antes del 7 de octubre de 2023, desde el Palacio Presidencial de Emiratos Árabes Unidos, bin Zayed llamó a Netanyahu. El procedimiento era habitual: un representante de la embajada emiratí acudía al despacho del primer ministro israelí con un dispositivo telefónico especial destinado a garantizar la confidencialidad.

Pero el contenido de aquella conversación, según tres fuentes extranjeras de alto nivel citadas por el medio, estaba lejos de ser rutinario. Bin Zayed habría advertido a Netanyahu que Yahya Sinwar, entonces líder de Hamás en Gaza, estaba preparando una operación de gran envergadura contra Israel.

No se trataba, según esta reconstrucción, de una advertencia abstracta sobre la posibilidad de violencia. El emir hablaba de Sinwar. Y hablaba de una operación. También estaba presente un asesor cercano de bin Zayed, un palestino originario de Gaza que llevaba años viviendo en Abu Dabi y conservaba vínculos importantes con la Franja.

“El emir explicó que, en su opinión, Sinwar se estaba preparando para un acontecimiento importante (...) Le dijo a Netanyahu que Israel debía estar preparado. Al mismo tiempo, recomendó intentar encontrar una solución económica para la Franja y apaciguar Cisjordania para evitar una escalada”, afirma el asesor.

La advertencia incluía otra preocupación: un ataque podía provocar un derramamiento de sangre y desestabilizar no solamente Israel y Gaza, sino todo Medio Oriente, además de poner en peligro los Acuerdos de Abraham, el proceso de normalización entre Israel y varios países árabes.

Entonces llegó la respuesta de Netanyahu. Según el asesor citado, fue relativamente tranquila. El primer ministro habría dicho que, de acuerdo con la evaluación israelí, Hamás pretendía actuar en Cisjordania. El Estado de mayoría judía, remarcó, estaba preparado para cualquier escenario.

Pero la réplica esperada ante tal información era otra. “El emir esperaba que, a pesar de su respuesta reservada, Netanyahu tomara el mensaje en serio y actuara”, afirma el asesor.

Pero, según la investigación, ocurrió algo decisivo: los jefes de los principales organismos de seguridad israelíes no fueron informados de aquella advertencia.

Ni el jefe del Shin Bet, ni el del Mossad, ni el del Estado Mayor del Ejército de Israel sabía de la llamada de bin Zayed, remarca la investigación.

El canal secreto con Sinwar

Para entender por qué el emir estaba tan preocupado hay que retroceder varios meses. El centro del asunto cambia de escenario y entra en los canales clandestinos de negociación.

Durante 2023, con conocimiento y aprobación de Netanyahu, Israel y Hamás habían mantenido contactos secretos sobre una posible “hudna”, una tregua temporal que pudiera desembocar en un acuerdo más amplio para Gaza.

Por parte de Hamás estaba Ghazi Hamad, miembro del buró político de la organización y hablante fluido de hebreo. Por la parte palestina participaba un alto funcionario de Fatah al que ‘Haaretz’ identifica con el seudónimo de “Ojos de Carbón”, un intermediario considerado confiable y aceptable tanto para Hamás como para el Shin Bet.

Las reuniones se desarrollaban en Gaza, en la casa de Nasser Sarraj, antiguo subdirector del Ministerio de Asuntos Civiles de la Autoridad Palestina. Del lado israelí estaba Adi Rotem, funcionario del Shin Bet responsable de los rehenes y desaparecidos.

 

Egipto también estaba implicado, aunque una fuente del Shin Bet describe la peculiaridad de aquel canal: “Todo este canal directo fue ocultado por los egipcios, por temor a sentirse ofendidos al ser excluidos, y por lo tanto se convirtió en un canal personal cultivado por Netanyahu”.

Sobre la mesa había propuestas que, retrospectivamente, adquieren un significado distinto: reducir el bloqueo, aumentar la entrada de alimentos y materias primas, crear zonas comerciales en las fronteras con Israel y Egipto, generar miles de empleos para los gazatíes, facilitar el tránsito de residentes de Gaza hacia el aeropuerto de Sharm el-Sheikh. Y desarrollar el proyecto denominado “G4G”: gas para Gaza, utilizando el yacimiento marino descubierto frente a la costa del enclave.

Durante un tiempo, el ambiente fue sorprendentemente optimista. De hecho, uno de los funcionarios de Hamás implicados en las conversaciones salía de las reuniones convencido de que algo estaba a punto de ocurrir. “¡Está sucediendo!”, decía entonces.

El acuerdo que se quedó esperando

Para el verano de 2023, buena parte de las cuestiones económicas parecía resuelta. Quedaba el asunto más explosivo: los prisioneros y los israelíes retenidos por Hamás. A cambio de Avera Mengistu y Hisham al-Sayed, así como de los cuerpos de Hadar Goldin y Oron Shaul, Sinwar reclamaba inicialmente la liberación de 500 prisioneros de Hamás.

La cifra fue reduciéndose durante las negociaciones. Finalmente, el Shin Bet estaba dispuesto a aceptar la liberación de 30 prisioneros, entre ellos 20 condenados a cadena perpetua, de una lista que consideraba aceptable.

Para finales de agosto de ese año, según una fuente de seguridad israelí, Netanyahu había aprobado la propuesta. “A finales de agosto de 2023, Netanyahu aprobó la liberación de 30 prisioneros, entre ellos 20 que cumplían cadena perpetua, que serían elegidos por el Shin Bet”, indicó la fuente.

“En esta etapa solo se requería la aprobación del comité ministerial para rehenes y personas desaparecidas, cuyo consentimiento es necesario para la liberación de prisioneros, especialmente aquellos que cumplen cadena perpetua”, agregó.

Pero el comité no se reunió. Día tras día, Netanyahu, según la investigación, aplazaba la convocatoria. La explicación que recibían los representantes del Shin Bet era el temor a que las negociaciones se filtraran. “Y así se fue quedando estancada semana tras semana”, describe la fuente.

Mientras tanto, Sinwar comenzaba a perder la paciencia.

“Zilzal”

A principios de septiembre, Sinwar desapareció del canal de negociación. “Simplemente desapareció de nuestro radar, se esfumó”, afirma un alto funcionario del Shin Bet. Pero aquella desaparición escondía otra historia.

En septiembre, Sinwar convocó a “Ojos de Carbón” a una reunión privada. El mensaje fue directo: “Dígales a los israelíes que si no hacen progresos, les estoy preparando una gran sorpresa”, declaró.

Después pronunció una palabra: “Zilzal”, algo así como un terremoto. “Ojos de Carbón” salió de la reunión conmocionado. No sabía si debía acudir directamente al Shin Bet. Temía por su vida y decidió consultar al palestino que vivía en Abu Dabi y que era asesor de bin Zayed. El intercambio fue casi cinematográfico:

“¿Qué significa esto?”, preguntó bin Zayed al asesor después de conocer la advertencia.

“Si dice ‘zilzal’, se refiere a la guerra”, respondió.

“¿Está seguro?”, preguntó el emir.

“No, esa es mi interpretación”, respondió el asesor, “y así lo entendió también Ojos de Carbón”.

Pero bin Zayed no quiso precipitarse..

 

La posibilidad de interpretar erróneamente una amenaza podía provocar precisamente aquello que quería evitar: un ataque preventivo israelí. Así que decidió investigar y a mediados de septiembre se organizó otra reunión entre Sinwar y “Ojos de Carbón”.

La pregunta fue inmediata: “¿Y bien?”, preguntó Sinwar. “¿Transmitieron el mensaje a los israelíes?”.

“No”, respondió el mediador.

Sinwar volvió a insistir: “Transmíteles el mensaje de que estoy preparando la madre de todas las sorpresas. Una operación aterradora. Algo extraordinario”.

Volvió a pronunciar “zilzal”: “Por favor, transmíteles a los israelíes lo que estoy diciendo palabra por palabra”, exigió.

El mediador volvió a contactar con el asesor de bin Zayed. “Le pedí todos los detalles”, recuerda el asesor, “incluido el lenguaje corporal de Sinwar, su tono de voz preciso y el contexto en el que pronunció las palabras, especialmente en lo referente a la advertencia del ‘zilzal’”.

Y añade: “Le sugerí que abandonara la Franja de Gaza rápidamente y que nos reuniéramos en mi casa para una conversación privada”.

Después de aquella reunión, el asesor llegó a una conclusión: “Al finalizar la reunión, comprendí que ni Coal Eyes ni yo habíamos interpretado erróneamente el mensaje: Sinwar tenía la intención de ir a la guerra”.

Esta vez, bin Zayed decidió actuar. El mensaje, concluyó, debía llegar a los israelíes. Y debía hacerlo rápido.

15 de septiembre, menos de un mes antes de los ataques de Hamás

Ese día, “Ojos de Carbón” y el asesor transmitieron la advertencia al Shin Bet. El jefe del organismo, Ronen Bar, pidió hablar inmediatamente con Netanyahu. La llamada fue organizada por Avi Gil, secretario militar del primer ministro.

Bar informó a Netanyahu de las amenazas de Sinwar y del lenguaje del “terremoto”. Se acordó convocar una reunión de seguridad con todos los organismos pertinentes.

Dos días después, el 17 de septiembre, se celebró. Estaba el ministro de Defensa, Yoav Gallant. Había representantes de Inteligencia Militar, se invitó también al Mossad y al Consejo de Seguridad Nacional.

La primera evaluación del Shin Bet fue distinta de la que acabaría imponiéndose después. Los analistas consideraron que Sinwar podía estar preparando la captura de Elizabeth Tsurkov, una investigadora israelí secuestrada en Irak.

Pero Ronen Bar insistió en algo más importante. La advertencia debía tomarse en serio. Israel, dijo, estaba perdiendo capacidad de disuasión: “Nos dirigimos hacia un enfrentamiento”.

Bar recomendó incluso una operación denominada “bomba extintora”: un ataque potente y repentino destinado a neutralizar rápidamente una amenaza importante.

Como mínimo, pidió reforzar las defensas en Gaza y Cisjordania ante las próximas festividades judías. Pero no se tomó ninguna decisión.

Y entonces, según la reconstrucción de ‘Haaretz’, ocurrió algo extraordinario. Al comprobar que Israel no reaccionaba ante la información recibida, bin Zayed decidió hablar personalmente con Netanyahu.

45 minutos clave

A finales de septiembre llegó la llamada desde Abu Dabi. Cuarenta y cinco minutos. El emir volvió a hablar de Sinwar. Volvió a advertir de una operación de gran envergadura. Pero Netanyahu, según las fuentes  citadas, mantuvo su evaluación: el peligro principal estaba en Cisjordania.

“Si hubiéramos sabido de las advertencias, es posible que el primer mensaje que recibimos de Sinwar hubiera tenido más peso”

La investigación sostiene que el primer ministro no mencionó durante la conversación que ya había recibido la advertencia transmitida por el Shin Bet. Tampoco, según la investigación del diario, trasladó la advertencia emiratí a los máximos responsables de seguridad.

“Si hubiéramos sabido de las advertencias, es posible que el primer mensaje que recibimos de Sinwar hubiera tenido más peso (...) Quizás también habría aclarado el motivo de su repentina retirada de las conversaciones a principios de septiembre. Es posible que hubiéramos atado cabos y llegado a una conclusión completamente diferente, una que habría cambiado por completo nuestra evaluación”,  afirma un alto funcionario del Shin Bet.

La segunda llamada

En aquellos mismos días, desde Egipto llegó otra advertencia. El jefe de la inteligencia egipcia, el general Abbas Kamel, llamó a Netanyahu. Según la periodista Smadar Perry, que publicó los detalles en ‘Yedioth Ahronoth’, Kamel alertó al primer ministro sobre “algo inusual, una operación aterradora” que Hamás estaba a punto de lanzar.

La respuesta atribuida a Netanyahu volvió a apuntar hacia Cisjordania: “En Gaza, tenemos presencia, controlamos la situación. Nuestro problema está en Cisjordania, y es allí donde también estamos desviando fuerzas”.

El 1 de octubre, el jefe del Shin Bet volvió a recomendar atacar a altos funcionarios de Hamás, incluido Sinwar. El líder de Hamás, según la evaluación, “mostraba signos de arrogancia”.

Netanyahu respondió: “Preparen planes y los consideraré”. Pero un alto funcionario de defensa explica la fórmula: “Nunca dijo ‘no’”, explica. “Esa siempre fue su manera de posponer la solución del problema”.

Otro alto funcionario presente en la reunión recuerda las palabras finales del primer ministro: “Sigan trabajando en el desarrollo de las capacidades, pero por ahora, mantengan la calma”.

Y, durante aquella reunión, según las fuentes, Netanyahu tampoco mencionó las advertencias recibidas.

El “clavo” en la pared

La investigación no presenta esta historia únicamente como una sucesión de acontecimientos de septiembre. También retrocede años para explicar cómo Israel llegó hasta allí. Desde su liberación de una prisión israelí en el acuerdo de Gilad Shalit de 2011, Sinwar había construido una estrategia de doble vía. Por un lado, desarrollar la capacidad militar de Hamás. Por otro, mantener abierta la posibilidad de un acuerdo que permitiera a Gaza alcanzar una cierta normalidad.

Un alto funcionario de inteligencia israelí que conocía a Sinwar lo resume así: “Por un lado, aceleró el desarrollo de las capacidades militares de Hamás, convirtiéndolo en un poderoso ejército terrorista que se enfrentó repetidamente con Israel. Por otro lado, dejó que se asimilara la realidad de que Gaza había sido derrotada decisivamente en todos los enfrentamientos. Por lo tanto, a pesar de todo su odio hacia Israel, debía darse una oportunidad para intentar alcanzar un acuerdo que permitiera una vida normal en Gaza, incluso antes de poner en acción al ejército de Hamás si el acuerdo no se materializaba”.

En 2017, Sinwar llegó incluso a contactar con su antiguo rival Mohammed Dahlan. De aquel acercamiento nació otra red indirecta de contactos con Israel. En 2018, Sinwar llegó a enviar a Netanyahu una nota escrita en hebreo. Dos palabras: “Riesgo calculado”.

Meir Ben-Shabbat, entonces jefe del Consejo de Seguridad Nacional, recordaría aquel episodio años después: “Ese fue uno de los momentos más emotivos del proceso. De esto entiendo que Sinwar está muy atento a lo que sucede en Israel, analiza cada declaración de los políticos, comprende los dilemas y aporta su propia perspectiva”.

Pero, una vez más, la historia avanzó hacia el aplazamiento. Un alto oficial israelí recuerda la política de contención: “Ya era algo rutinario. Disparan cohetes, respondemos, se produce un enfrentamiento, los residentes de la zona fronteriza de Gaza (con Israel) quedan exhaustos y cuesta mucho dinero. El Ejército quiso lanzar una operación militar amplia y exhaustiva en Gaza en varias ocasiones, pero el mismo gobierno de quien prometió antes de su elección ‘ser firme contra Hamás’ insistió en no intensificar el conflicto y en preservar diligentemente el ‘activo’ llamado Hamás. ‘Tranquilos’, nos decían, ‘concentrémonos en el norte y en Irán’”.

Un exgeneral de división del Ejército israelí asegura haber escuchado más de una vez al jefe del Estado Mayor, Herzl Halevi, criticar aquella política. Y utiliza una metáfora que parece escrita para el último acto de una película: “Es como tener un clavo clavado en la pared de casa y, en lugar de sacarlo, reunir a toda la familia, incluidos los niños, y decirles: ‘Cada vez que pasen por aquí, ¡cuidado con el clavo!’. Cuando aceptamos convivir con el clavo, no comprendíamos que, al final, en lugar de quitarlo de la pared, acabaríamos empalados en él”.

6:29 a.m. del 7 de octubre de 2023

Los contactos se interrumpieron. Israel pasó por sucesivas crisis políticas y cinco rondas electorales. Mientras tanto, dentro del eje formado por Irán, Hamás y Hezbolá se fortaleció la percepción de que Israel se encontraba debilitado. Sinwar siguió desarrollando túneles, entrenando combatientes, acumulando armas, esperando. Y entonces pasaron los años y llegó la mañana del 7 de octubre de 2023.

A las 6:29 llegó el “zilzal”.El terremoto que Sinwar había mencionado semanas antes. En una carta enviada esa misma mañana a Hezbolá, Sinwar, Mohammed Deif y Marwan Issa describían la operación. “Cuando lean estas palabras, miles de combatientes yihadistas de las Brigadas Iz al-Din al-Qassam saldrán a atacar objetivos de la criminal ocupación sionista y bombardearán puestos de avanzada enemigos, sus concentraciones (ciudades) y sus nudos en la zona sur de la Palestina ocupada”.

La carta continuaba: “Romperán la valla de separación para enfrentarse y luchar contra las fuerzas de ocupación, tomar posiciones militares y civiles en la zona y capturar a muchos soldados de la ocupación”.

A partir de ahí, la película deja de ser una reconstrucción de advertencias. Se convierte en una retransmisión en tiempo real de una catástrofe.

Al mediodía, las redes sociales estaban llenas de imágenes de asesinatos, incendios, destrucción y secuestros. Civiles israelíes eran llevados hacia Gaza.

La magnitud del ataque todavía no estaba clara. A las 14:45, el gabinete de seguridad israelí se reunió. El jefe del Shin Bet ofreció una primera estimación: “Actualmente hay 14 soldados y 28 civiles como rehenes, y decenas más con los que no se ha podido establecer contacto”.

El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, reclamó que los cautivos fueran ignorados. “Es imposible operar con esa mentalidad”.

Gallant fue tajante: “He dado instrucciones a las Fuerzas de Defensa de Israel: ¡Nada de negociaciones! Solo hablarán con nosotros cuando estén en tierra, con la cabeza bajo el agua”.

Una puerta que se abre

Pero mientras Israel se preparaba para responder militarmente, otra historia comenzaba en Doha. A las 19:00, el primer ministro de Qatar, Mohammed bin Abdulrahman al-Thani, llamó al jefe del Mossad, David Barnea.

El líder catarí acababa de hablar con Ismail Haniyeh y Khalil al-Hayya, dirigentes políticos de Hamás que habían llegado a Doha. El mensaje, según la investigación, era sorprendente.

Al-Thani dijo que había amenazado a los dirigentes de Hamás con expulsarlos de Qatar si no liberaban inmediatamente a todos los rehenes civiles. Y ofreció mediar. Pero Barnea respondió que Israel no estaba dispuesto a hablar con Hamás. Al-Thani, según Haaretz, quedó desconcertado: “Estos no son los israelíes que conozco”, dijo a sus colaboradores. “Este no es el Dedi Barnea que conozco”.

Desde el entorno catarí llegó una versión todavía más precisa. Samir Mashharawi recuerda la propuesta transmitida desde Hamás: “Me dijo que en la primera etapa no tenían problema en liberar a todos los civiles sin nada a cambio. Lo juro, esas fueron sus palabras exactas: todos los civiles, sin nada a cambio. Solo tenían una condición: querían que trajéramos a un mediador acordado”.

La versión israelí era distinta: Barnea sí habría escuchado la oferta, pero junto a condiciones que consideraba inaceptables. El primer ministro catarí negó que Hamás hubiera impuesto condiciones draconianas aquel primer día.

“Hacer un pacto con el diablo”

Un alto funcionario del Shin Bet sostenía, el 18 de octubre, que Israel debía detener temporalmente las hostilidades y aceptar el coste de liberar a los prisioneros exigidos por Hamás. “Deberíamos haber respirado hondo, mordernos los labios, armarnos de valor y aceptar el golpe de liberar a todos los prisioneros que Hamás exigía. Entonces, deberíamos haber encontrado la primera oportunidad para reincorporarnos a la guerra”.

La razón, explicaba, era el factor tiempo. “Las primeras horas y días tras el secuestro son los más críticos. Con el paso de los días y la intensificación de la respuesta militar, ambas partes tienden a atrincherarse en sus posiciones y el precio de los rehenes aumenta. ‘También necesitamos actuar con estratagemas’, dije. Pero cuando la idea llegó al primer ministro, dijo: ‘En el momento en que una estratagema sale a la luz, deja de ser una estratagema’, y ahí terminó todo”.

El coronel de reserva Doron Hadar, antiguo comandante de la unidad de negociación del Estado Mayor de las FDI, llegó a una conclusión similar. “Comencé a recibir mensajes, a recopilar información y otros datos, y la situación empezó a aclararse: dada la situación, con la otra parte también atónita, y con Hamás alarmado por el daño a la imagen pública internacional causado por las imágenes de cientos de rehenes, ancianos, mujeres aterrorizadas y niños llorando, podríamos crear un marco de acuerdo dentro del cual, si quisiéramos, no sería difícil argumentar posteriormente que Hamás lo había violado y lanzar un ataque”.

Y añadió: “Para mí es evidente, por supuesto, que nuestro bando está completamente conmocionado y, además, furioso. Pero, en última instancia, uno espera que los líderes sepan separar los procesos emocionales de los racionales y se tomen un momento para considerar qué es lo correcto en este momento. Es como hacer un pacto con el diablo y luego matarlo”.

Hadar intentó llevar aquella idea a la oficina de Ophir Falk, asesor de política exterior de Netanyahu. “Le pregunté a Falk: ‘¿Entiende lo que está pasando aquí?’”, relata Hadar. “Podemos traer de vuelta a las mujeres, a los niños, ahora mismo. Es un intercambio uno por uno. Podemos iniciar una ofensiva”. Falk pidió a los demás que abandonaran la sala.

Hadar continuó: “Propongamos un acuerdo. Les ofreceremos mil prisioneros, incluso dos mil si es necesario. El mundo está con nosotros ahora, ejerzamos presión internacional y propongamos un acuerdo”.

La respuesta fue contundente: “Aquí no habrá acuerdo. Esto es el ISIS. Son asesinos. No conseguirán nada”. Y, según Hadar, Falk concluyó: “Cambia tu mentalidad, Doron”.

El dilema que duró dos años

La investigación de ‘Haaretz’ termina regresando al gran dilema que atravesó toda esta historia: Israel quería recuperar a sus rehenes, pero también destruir a Hamás. William J. Burns, exdirector de la CIA, lo resume con una frase que funciona como cierre de la película: “El problema fundamental era que Hamás buscaba un ‘fin definitivo del conflicto’, como ellos lo llamaban. Netanyahu solo estaba dispuesto a considerar un acuerdo de ‘primera fase’, pero afirmaba que debía reservarse constantemente la opción de ‘seguir destruyendo a Hamás más adelante’, según su propia definición. Y ese, para nosotros, siempre fue el reto: ¿Cómo resolver este dilema y lograr que todos regresen?”.

El resultado, según la investigación, fue que el conflicto continuó durante otros dos años antes de alcanzarse un acuerdo que permitió el regreso de los últimos rehenes de Gaza, vivos o muertos, mientras Hamás seguía en pie.

Pero el misterio central permanece en la escena anterior al desastre. Un hombre en Abu Dabi, una llamada de 45 minutos, una advertencia sobre Yahya Sinwar, un jefe del Shin Bet recibiendo el mensaje del “terremoto”. Luego, otra advertencia llegando desde Egipto, una recomendación para preparar un ataque, una respuesta: “Preparen planes y los consideraré”. Y, finalmente, una orden para mantener la calma.

“Si hubiéramos sabido de las advertencias nuestra evaluación habría cambiado por completo”

La cuestión que deja abierta la investigación de ‘Haaretz’ no es únicamente qué sabía Israel antes del ataque, sino qué habría ocurrido si todas las piezas de aquella cadena de advertencias hubieran sido conectadas a tiempo. “Si hubiéramos sabido de las advertencias (...) nuestra evaluación de la situación habría cambiado por completo”, afirma un alto funcionario del Shin Bet.

La frase, situada al final de esta reconstrucción, adquiere el peso de una pregunta que ya no puede responderse.

La versión de Netanyahu

La oficina del primer ministro rechazó frontalmente la investigación y calificó sus conclusiones de “mentira absoluta”. “El primer ministro Netanyahu no habló con el presidente de los Emiratos Árabes Unidos durante el período en cuestión y no recibió ninguna advertencia de su parte”, afirmó su oficina.

El exjefe del Shin Bet Ronen Bar y el exjefe del Estado Mayor de las FDI Herzl Halevi también declararon no haber sido informados de la advertencia atribuida al presidente de Emiratos Árabes Unidos. ‘Haaretz’ señala que intentó obtener comentarios directamente del presidente Mohamed bin Zayed, pero no recibió respuesta.

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