Un balance preliminar entregado por una fuente del gobierno venezolano apunta a que alrededor de 40 personas habrían muerto durante la operación estadounidense ejecutada este sábado en Venezuela, acción que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro. La información fue recogida por The New York Times, que citó al funcionario bajo condición de anonimato.
De acuerdo con ese testimonio, entre las víctimas fatales se contarían civiles y miembros de las fuerzas armadas, en un contexto de alta confusión y versiones contrapuestas sobre el alcance real del operativo. Desde Washington, en tanto, el presidente Donald Trump sostuvo en una conferencia de prensa que no hubo bajas estadounidenses, aunque dejó entrever que algunos militares resultaron heridos durante la intervención.
Con el transcurso de las horas comenzaron a surgir antecedentes concretos sobre daños en zonas habitadas, particularmente en Catia La Mar, una localidad costera de escasos recursos situada al oeste del aeropuerto de Caracas. Según informó el New York Times, un bombardeo impactó directamente un edificio residencial de tres niveles, provocando el derrumbe parcial de una de sus paredes exteriores.
El ataque habría causado la muerte de Rosa González, de 80 años, y dejado a otra persona en estado grave, según relataron familiares de la víctima al medio estadounidense. Las imágenes posteriores al impacto mostraron los departamentos abiertos al exterior, entre escombros, mobiliario destruido y un retrato de Simón Bolívar aparentemente perforado por metralla.
Más tarde, el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, general Dan Caine, entregó detalles adicionales durante una comparecencia en Mar-a-Lago, acompañado por Trump. En esa instancia, confirmó que helicópteros estadounidenses enviados para extraer a Nicolás Maduro y a su esposa fueron blanco de disparos, y que una de las aeronaves fue alcanzada, aunque “siguió siendo operable”, lo que permitió que todas regresaran sin perder capacidad de vuelo.
Tras concretarse el operativo, Maduro fue evacuado por vía aérea bajo custodia de decenas de agentes federales estadounidenses y trasladado a una prisión en Brooklyn, donde permanecerá antes de comparecer ante un tribunal federal de Nueva York, en un episodio que marca un giro drástico en la ya tensa relación entre Caracas y Washington.