Para quienquiera que viaje Holanda, una de las primeras impresiones es cómo las bicicletas han reemplazado a los autos como medio principal de transporte. 

Y no es sólo una impresión. En Holanda más de un tercio de los viajes son hechos en bicicletas, en comparación a sólo el 2% de los viajes en Reino Unido -y este número asciende al 38% en Ámsterdam y a un 59% en la Universidad de la ciudad de Groninga, según cifras de The Guardian.  

Pero llegar a estas impresionantes cifras no fue una tarea fácil para los holandeses. De hecho, uno de los principales hitos que potenció el uso de las bicicletas en el país fue un movimiento activista de desobediencia cívica. 

Para 1970 la industria automotriz se había apoderado de las calles holandesas. En 1971 el número de muertes por accidentes de auto llegó a 3.3000, de ese total más de 400 eran niños. 

Como respuesta a esas alarmantes cifras nace Stop de Kindermoord,  el movimiento de ciclistas que se tomó a la fuerza las calles de Holanda en señal de protesta. 

La popularidad del movimiento fue radical, y en poco tiempo el número de adherentes al grupo se elevó rápidamente. Cada vez eran más las bicicletas que bloqueaban las calles, cerrando los pasos de los vehículos y dándoles espacio a los niños para jugar de forma segura. 

En un giro excepcional Stop de Kindermoord dejó de ser un movimiento de protesta y pasó a ser subvencionado por el estado holandés, desarrollando ideas para una planificación urbana más segura que terminó con la creación de los woonerfs: calles amigables para jugar, con lomos de toros y donde los únicos que tenían restricciones de circulación eran los autos. 

Otro hito importante fue en 1973 cuando Arabia Saudita y otros países árabes exportados cuadriplicaron el precio del crudo para Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Japón y los Holanda como medida de castigo por apoyar a Israel en la guerra del Ramadán. Poco después de eso, el gobierno holandés tomó medidas para reducir el uso de autos en el país hasta llegar a proclamación de los domingos libres de autos. 

De a poco las autoridades comenzaron a  tomar consciencia de las muchas ventajas del ciclismo en comparación al auto como medio de transporte. En 1980 los pueblos y ciudades holandesas introdujeron medidas enfocadas a crear calles más amigables con los ciclistas.

La Haya y Tilburg fueron las primeras ciudades en experimentar con rutas especiales para atravesar la ciudad en bicicleta. Luego fue Delft la que siguió la iniciativa, construyendo todo un circuito de ciclovías que motivó a más gente a subirse a sus bicicletas. Así hasta que finalmente todas las ciudades siguieron el ejemplo.

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