AFP

El presidente estadounidense Donald Trump pronosticó este sábado el inicio de una era de transición hacia la paz en Siria, luego de que los yihadistas perdieran Raqa, un hecho que calificó como "el fin del califato del Estado Islámico".

"Con la liberación de la capital del Estado Islámico y la gran mayoría de su territorio, el fin del califato del Estado Islámico está a la vista", dijo el mandatario en un comunicado difundido por la Casa Blanca. 

Esta victoria de las fuerzas dominadas por los kurdos, aliados de Washington, anuncia una "nueva fase" en Siria, agregó.   

Los combatientes del grupo Estado Islámico (EI) están cada vez más concentrados en los pocos feudos que les quedan y asisten al desplome de su "califato", erigido en las regiones que conquistaron en Siria e Irak en 2014.  

Las fuerzas del gobierno de Bashar al-Asad retomaron a su vez este sábado una ciudad simbólica de la provincia de Homs, indicó la agencia oficial siria Sana.

"Vamos a transitar rápidamente a una nueva fase en la cual apoyaremos a las fuerzas locales de seguridad, haremos caer la violencia en Siria y crearemos las condiciones para una paz duradera, para que los terroristas no puedan volver para amenazar nuestra seguridad colectiva", señaló Trump.

"Juntos, con nuestros aliados y socios, apoyaremos negociaciones diplomáticas que pondrán fin a la violencia, permitirán que los refugiados vuelvan a casa de manera segura y conducirán a una transición política" en Siria, prosiguió.

Trump no hizo mención al destino que Washington pretende reservar a Bashar Al Asad, ni a la influencia que podría tener Rusia en esas negociaciones, dos puntos que en el pasado llevaron al fracaso a discusiones anteriores. 

Mientras las capitales europeas exigen la salida de Al Asad, Trump insistió por su lado en el hecho de que el proceso de transición política debe "respetar la voluntad del pueblo sirio". 

Hasta el momento, las siete rondas de negociaciones sobre el porvenir político de Siria desarrolladas en Ginebra no condujeron a nada. En paralelo, un segundo proceso de discusiones, en Astana, Kazajistán, bajo la égida de Rusia, Irán y Turquía definió zonas de "desescalada", bajo influencia extranjera, y permitió una clara merma de la violencia. 

Una caída crucial

"La liberación de Raqa es una etapa crucial en la lucha mundial contra el grupo Estado Islámico", dijo el viernes el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, que actualmente se encuentra de viaje en la península arábiga. 

Pero la "pérdida de Raqa (por el EI) no significa que nuestro combate contra el EI haya terminado", advirtió Tillerson.

"La coalición mundial continuará apoyándose en todos los elementos del poder nacional --militar, inteligencia, diplomacia, economía, fuerzas del orden-- y en el vigor de nuestras comunidades hasta que todos los sirios sean liberados de la brutalidad del EI y que estemos seguros de que ya no pueda exportar su terror", señaló. 

La captura de Raqa, la ex "capital" de facto del EI en Siria, es la victoria más reciente de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una alianza antiyihadista a la cual Estados Unidos le dio un apoyo aéreo crucial.  

Desde 2015, las FDS expulsaron al EI de varias regiones y se impusieron como un actor insoslayable de la lucha contra la organización yihadista. 

En un país despedazado por la guerra, no es de descartar que estas fuerzas terminen acerándose al gobierno de Al Asad y a Moscú. 

Desatado en marzo de 2011 por presión de manifestaciones pacíficas contra el régimen de Bashar al-Asad, el conflicto en Siria se complicó con la intervención de potencias extranjeras y de grupos yihadistas.

Desde entonces más de 330.000 personas han muerto en la guerra y varios millones fueron desplazadas.

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