Desde barrios del conurbano bonaerense en Argentina hasta pueblos abandonados a pocos kilómetros del frente oriental de Ucrania, la guerra trajo a decenas de voluntarios latinoamericanos que decidieron alistarse en un conflicto que comenzó en 2022 y que, a cuatro años de la invasión rusa a gran escala, sigue dejando miles de víctimas.
Sin cifras oficiales claras, se estima que al menos medio centenar de argentinos y una veintena de chilenos han combatido -o continúan haciéndolo- bajo contrato con las Fuerzas Armadas ucranianas, integrados principalmente a la llamada Legión Extranjera.
El fenómeno quedó retratado en profundidad por un documental del canal argentino Todo Noticias (TN), que siguió el proceso completo de reclutamiento, viaje y entrenamiento de voluntarios sudamericanos, desde el primer contacto por redes sociales hasta su llegada a zonas cercanas al frente de batalla, donde la vida cotidiana transcurre bajo la amenaza constante de drones, artillería y combates cuerpo a cuerpo.
El reportaje describe cómo muchos de estos combatientes no cuentan con experiencia militar previa y firman contratos por dos años, con sueldos variables según la zona de despliegue, seguros de vida y la posibilidad de solicitar la baja tras seis meses de servicio, aunque no siempre sin dificultades.
“Sé que puedo morir, pero tengo la decisión y convicción de viajar para unirme al ejército ucraniano a luchar”, dijo uno de los chicos con los que logró contactar el medio argentino.
El reclutamiento se ha apoyado fuertemente en redes sociales y contactos informales, con combatientes experimentados que ofician como enlaces desde América Latina, coordinando viajes, alojamiento previo y el traslado hacia Europa del Este.
Electricistas, albañiles, exmilitares, bomberos y guardias de seguridad aparecen entre los perfiles más comunes, empujados por motivaciones que van desde lo económico hasta crisis personales o convicciones ideológicas. Y en América Latina principalmente hay voluntarios de Colombia o Brasil, pero en los últimos meses se sumaron cada vez más desde la Argentina, Paraguay e incluso de nuestro Chile.
Una vez en Ucrania, los voluntarios pasan por períodos de instrucción intensiva, firman contratos con el Ministerio de Defensa y son enviados progresivamente a zonas de mayor riesgo, donde muchos descubren una realidad muy distinta a la imaginada.
“No quieran hacerse los héroes, cuídense entre ustedes y traten de volver enteros, aunque es probable que alguno de los que está acá no regrese”, relató al medio el soldado argentino Fabian "Gringo" Castro, quien actualmente sigue en Ucrania.
Chilenos en el frente de Ucrania: motivaciones y heridas
En el caso chileno, varios de estos relatos ya han sido conocidos públicamente y comparten un patrón similar: viajes impulsados por razones económicas, experiencias de combate en primera línea y un retorno marcado por secuelas físicas y emocionales, cuando el regreso es posible.
Combatientes como Cristián Basualto han reconocido abiertamente que su decisión estuvo ligada al dinero y a momentos personales complejos, relatando meses de enfrentamientos directos antes de volver a Chile con heridas y recuerdos difíciles de procesar.
Otros, como Luis Lagos, describieron escenas de combate a pocos metros del enemigo, trincheras bajo fuego constante y la pérdida de compañeros como el impacto más profundo de la experiencia.
Herido en varias ocasiones, Lagos aseguró que “lo más terrible fue ver hermanos morir”, testimonio que resume la crudeza con la que muchos retornaron al país, algunos incluso organizando memoriales para honrar a quienes no sobrevivieron.
También están quienes optaron por no volver. Sebastián, de 30 años, llegó a Ucrania en 2023 y continúa combatiendo, afirmando que su permanencia responde a una decisión ideológica y personal, pese a los riesgos evidentes.
En paralelo, persisten historias abiertas, como la de Christian Hernán Sagredo Araneda, guardia de seguridad chileno que viajó en 2023 para unirse a la Legión Extranjera y desapareció tras una misión en zona de combate.
El 15 de junio de 2023, Sagredo salió a cumplir una difícil misión y -según el contenido de los mensajes que les mandó a sus seres queridos- sabía que sería una tarea de vida o muerte.
El hombre escribió mensajes de despedida a sus seres queridos antes de salir a una tarea de recuperación de cuerpos en una zona de combate, pero nunca regresó.
A casi un año de su última comunicación, su familia sigue sin información oficial sobre su paradero ni sobre la eventual repatriación de restos, sumando incertidumbre al drama humano que rodea a estos casos.