Las mallas antialuviones en Santiago cumplen una función clave en la protección de las zonas precordilleranas frente a los flujos de barro, piedras y vegetación que pueden descender por las quebradas durante episodios de lluvias intensas. Estas estructuras permiten retener parte del material arrastrado por el agua, pero su efectividad depende de que se mantengan operativas y se retiren los sedimentos acumulados.

En la Región Metropolitana, donde existen quebradas identificadas como zonas de alto riesgo aluvional, estas barreras forman parte de las medidas de mitigación implementadas para reducir el impacto de posibles emergencias.

Su funcionamiento se basa en una combinación de resistencia estructural y capacidad de deformación. A diferencia de una pared rígida, las mallas están diseñadas para recibir el impacto de una masa de material en movimiento y disipar parte de su energía.

¿Cómo funcionan las mallas dinámicas antialuviones?

Las barreras se instalan en los cauces de quebradas con riesgo de aluviones y se sujetan mediante postes y sistemas de anclaje. Dependiendo de las características del terreno, pueden distribuirse en distintos puntos de una misma quebrada para interceptar el material durante su descenso.

Simón Inzunza, geógrafo de Riesgo Cero, explica que su mecanismo de operación se puede comparar con el de un colador de gran tamaño: retienen piedras, troncos y sedimentos gruesos, mientras permiten el paso del agua y de parte del material más fino.

Cuando se produce un aluvión, la fuerza del flujo impacta contra la estructura. La malla se deforma de manera controlada y, junto con sus elementos de soporte, contribuye a absorber y disipar la energía del material que desciende por la pendiente.

Este diseño busca reducir la capacidad destructiva del flujo y evitar que todo el material llegue sin obstáculos a los sectores ubicados aguas abajo. No obstante, la protección depende de las características del aluvión, las condiciones del terreno y el estado de conservación de la infraestructura.

La precordillera de la Región Metropolitana cuenta con distintas quebradas expuestas a este tipo de amenazas. En ese contexto, Lo Barnechea instaló en 2022 la primera malla dinámica en la quebrada Ñilhue.

Actualmente, la comuna cuenta con nueve estructuras distribuidas en tres quebradas. El costo aproximado de cada unidad alcanza los 80 millones de pesos.

También se han instalado barreras de características similares en la Quebrada Seca y Huallalolén.

Estas obras buscan reducir los riesgos asociados al desplazamiento de material desde las zonas altas hacia áreas habitadas. Sin embargo, su presencia no elimina por sí sola la posibilidad de que se produzcan aluviones ni garantiza que todos los flujos puedan ser contenidos.

La importancia del mantenimiento de las mallas dinámicas

Uno de los principales desafíos de las mallas dinámicas es retirar las piedras, los troncos y los sedimentos que quedan atrapados después de los eventos meteorológicos.

Con el paso del tiempo, la acumulación de material puede reducir el espacio disponible para recibir nuevos flujos. Por eso, la limpieza periódica es una condición esencial para conservar la capacidad de retención de estas estructuras.

Una barrera saturada puede tener un desempeño distinto al previsto frente a un nuevo aluvión. Si sus componentes fallan o el material acumulado es liberado repentinamente, las consecuencias aguas abajo podrían agravarse.

La mantención, por tanto, no consiste únicamente en conservar la estructura en buenas condiciones. También implica verificar cuánto material ha retenido y determinar cuándo es necesario retirarlo para recuperar su capacidad operativa.

El desafío de limpiar las quebradas de difícil acceso

Las labores de limpieza pueden resultar especialmente complejas debido a la ubicación de estas estructuras en sectores cordilleranos y de difícil acceso.

Según Felipe Alessandri, alcalde de Lo Barnechea, la limpieza y mantenimiento de las mallas sobrepasa las capacidades de cualquier municipio. “Ni un municipio en Chile tiene la capacidad para limpiar esto, y después, si vamos a la de Huallalolén, incluso yo creo que se tiene que limpiar con helicóptero por la altura. Aquí se puede llegar con maquinarias donde estamos ahora, quebrada en Ñilhue, pero a Huallalolén no, y a eso lo tiene que hacer el MOP, sobrepasa la atribución de cualquier municipio".

Las barreras dinámicas forman parte de un conjunto más amplio de medidas que pueden utilizarse para disminuir los efectos de los aluviones. Entre las obras complementarias se encuentran las piscinas de decantación, diseñadas para retener sedimentos y reducir la cantidad de material que continúa desplazándose por un cauce.

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