Nuevos antecedentes han salido a la luz sobre el escolar involucrado en el homicidio ocurrido en un colegio de Calama, ocurrido el pasado 27 de marzo, caso que ha causado conmoción a nivel nacional.

De acuerdo con información de La Tercera, el menor presentaba un diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA) y, desde temprana edad, había sido atendido por distintos psiquiatras y psicólogos.

Sin embargo, no mantuvo un tratamiento constante en el tiempo. Según los antecedentes, además, negó consumo de drogas.

Una vida marcada por el aislamiento

Según recoge el matutino, el joven tenía afinidad por el teatro, el cine y los contenidos audiovisuales, los cuales utilizaba como una forma de refugio personal.

Entre sus intereses, figuraban videojuegos y producciones como Fortnite, Grand Theft Auto, Batman, Joker y Los Soprano.

En su entorno más cercano, se indicó que sus padres estaban separados y que vivía con su madre al momento de ocurridos los hechos.

El citado medio indica que el estudiante también pasó un periodo viviendo con sus abuelos en Vallenar, en medio de un cuadro depresivo que, con el tiempo, se volvió severo.

Participación en teatro y cambios de conducta

El menor participó en un taller de teatro, donde fue descrito como “tímido, retraído y silencioso”, destacando por no buscar protagonismo y preferir roles secundarios.

Con el paso del tiempo, su asistencia comenzó a disminuir durante 2025, hasta que finalmente dejó de participar en la actividad.

Pese a su bajo perfil, hubo episodios que llamaron la atención de su entorno. En una ocasión, durante una clase, realizó un comentario que generó extrañeza: “Viva mi general Pinochet”.

El conjunto de estos antecedentes ha puesto el foco en su historia personal, su salud mental y las redes de apoyo con las que contaba el joven antes del hecho.

Los rasgos de la personalidad del atacante en Calama

Recientemente, Reportajes Teletrece accedió a antecedentes exclusivos de la carpeta de investigación, donde figura el cuaderno del atacante de Calama. 

El fiscal Eduardo Peña dio a conocer en la formalización que el joven había manifestado en su cuaderno: “No pretendo sobrevivir, en caso de hacerlo, perseguiré de forma activa la muerte en reclusión". Adicionalmente, decía que los niños más pequeños eran un blanco fácil para maximizar bajas y que ellos eran “puros”.

Desde el 2023, el joven de 18 años asistía solo media jornada a clases, de 10:00 a 13:00 horas, por indicación médica. Aquel fatídico viernes, llegó al colegio y en su mochila tenía: cuatro cuchillos, dos cortaplumas, un bastón de defensa personal retráctil, gas pimienta, una botella con diluyente sintético, una jeringa médica, una caja de fósforos y una pistola de agua de juguete cargada de acelerante.

El fiscal precisa que esto "significa, de acuerdo a los estudios de seguridad nacional y psicología forense, una premeditación clara y a menudo, una lista de objetivos que incluye a docentes específicos o compañeros identificados como acosadores en establecimientos educacionales".

Minutos antes del ataque, el escolar había publicado en redes sociales mensajes e imágenes que anticipaban lo que vendría. Lo que denominó “día de la ira” y un video con el nombre “Ataque en el Instituto Lezaeta” serían los primeros indicadores.

El joven fue sometido a un examen mental preliminar, que se aplica exclusivamente en casos con sospechas de inimputabilidad. El informe fue emitido por el Servicio de Psiquiatría del Hospital de Antofagasta.

Sin antecedentes anteriores de patologías médicas (no psiquiátricas), tampoco hospitalizaciones en psiquiatría. Originario de Calama, vive con su madre y tía desde aproximadamente desde los 11 años . Antes vivía con los abuelos paternos en Vallenar (...) Refiere atenciones psiquiátricas desde el año 2019 (12 años aproximadamente) por riesgo de repitencia, menciona que fue evaluado con pruebas de ADOS-2 con presunto diagnóstico de TEA y trastorno del ánimo (ansioso-depresivo)", dice el examen.

Desde niño, el imputado visitó múltiples psiquiatras y psicólogos, pero no tuvo un tratamiento mantenido en el tiempo. De todas formas, niega consumir drogas. El joven presentaba cicatrices antiguas y recientes en el antebrazo izquierdo, pero dijo que se había cortado con una silla.

El informe agrega: "Lúcido y orientado en tiempo, espacio y persona, contacto conservado, en ocasiones mirada evitativa, lenguaje notificativo, con buena prosodia y fluidez, logra meta comunicativa, actitud coherente con el relato, ánimo rabioso con relación al relato de su vivencia, sentimientos de frustración, rechazo y marginación, soledad. Rabia con la vida y hacia terceros (figuras a las que él denomina exitosas)".

De todas formas, el examen no observó "tristeza vital" , pero lo detecta como una persona autorreferente con un sentido de grandiosidad. “Pensaba matarme a los 18 años y querer dejar un legado”, sostuvo el imputado.

Por otra parte, el informe establece que "comenta el hecho, refiere que no salió como estaba en sus planes, sin dificultad de describir el hecho cometido".

El caso continúa en investigación, mientras se profundiza en los factores que rodearon la vida del estudiante que se encuentra en prisión preventiva tras ser formalizado y que hoy forman parte clave del análisis de este impactante suceso.

Publicidad