Reportajes de Teletrece accedió a nuevos antecedentes sobre la presunta secta Cahuala en Chiloé, cuyos miembros habrían estado vinculados con un colegio en Castro y que habría sido fundado por los mismos jefes de la organización.

La comunidad está bajo una investigación penal por denuncias de exintegrantes sobre posibles abusos ocurridos en su interior.

Una mujer que nació y creció dentro de la comunidad hasta los 10 años, a quien llamaremos Sonia en resguardo de su identidad, recordó las dinámicas que se repetían en Cahuala y en el establecimiento educacional. 

"No era lo mismo si yo abrazo a una persona x, que si yo abrazo a mi mamá o mi papá. Si yo abrazo a mi mamá o papá eso desencadena en una humillación, literalmente bullying. No le podía decir mamá o papá, debía llamarlos por su nombre y en cualquier instancia, por ejemplo el apoderado del colegio o el que te lleva al médico, no pueden ser ellos", recordó en conversación con Reportajes de Teletrece.

Incluso, Sonia aseguró que "el colegio tenía la misma filosofía de la comunidad. Algunos profesores eran miembros de Cahuala y la directora, durante la mayor parte de mi infancia, también pertenecía a ella".

Si bien reconoce que el colegio recibía estudiantes externos a la comunidad, sostiene que ambos espacios funcionaban dentro de un mismo entorno de influencia. “A nivel de filosofía coincide. Ahora es un colegio relativamente común y corriente, donde muchos no saben o comparten la filosofía Cahuala, pero efectivamente estás dentro del mismo ecosistema”, explica.

Mujer que creció en secta Cahuala fue rescatada un año después de la huida de sus padres

Sonia recordó que cuando cursaba segundo básico fue suspendida durante aproximadamente dos meses por su caligrafía, pese a sus buenas calificaciones. mientras tanto, tuvo que realizar labores domésticas en la comunidad.

Posteriormente, reflexionó que la persona que había decidido su suspensión era entonces la directora del colegio, pero también ocupaba una posición de autoridad dentro de la comunidad, donde era reconocida como una de las “Jefas”.

"Lo que pienso es que tenía seguramente que ver con mis papás, no conmigo, alguna especie de manipulación psicológica que haya estado ocurriendo. En ese tiempo mis papás ya estaban buscando la forma de salir de la comunidad Cahuala, entonces creo que puede haber sido un castigo", comentó.

La salida de sus padres fue difícil, ya que no contaban con ahorros ni redes de apoyo, por lo que inicialmente abandonaron Cahuala sin ella y regresaron aproximadamente un año después.

"No podían sacar a una niña de nueve años sin saber dónde iban a vivir o cómo iban a mantenerla. De a poco fui entendiendo lo mal que lo habían pasado ellos, la poca libertad que tuvieron y lo valientes que fueron para que yo no viviera lo que ellos vivieron. Literal me sacaron de la comunidad de manera casi clandestina”, señaló.

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