En los últimos siete días el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, tuvo que enfrentar las repercusiones mediáticas de los dos acontecimientos que marcaron la agenda económica del gobierno: el veto a la reforma laboral y la discusión por el salario mínimo. En ambos el ministro salió golpeado, porque sus planteamientos no generaron consensos, obligándolo a aceptar definiciones que no lo convencían al cien por ciento.

Además, Valdés recibió los dardos de columnistas, políticos y dirigentes del mundo empresarial, quienes consideran que tras estos episodios quedó debilitado. Incluso hubo quienes se atrevieron a poner en duda su permanencia en la cartera.

En medio del huracán mediático, Valdés respondió. “Respecto al Presupuesto 2017, me encuentro completamente empoderado y respaldado por la Presidenta”, señaló a Pulso.

Dos días después en el programa El Informante, repetía la idea: “No estoy cansado, estoy con hartas ganas de seguir haciendo el trabajo diario”.

Así, Valdés llega “herido” a una de las batallas más duras que le quedan por dar: la confección del presupuesto para el año 2017, el cual ya ha adelantado que será austero (crecería en torno al 3%), porque sólo de esa forma podrá cumplir la meta que se planteó cuando llegó a Teatinos 120: que Chile vuelva en 2020 a contar con balance fiscal.

Por eso, ya prepara la estrategia y artillería que usará para ganar esta batalla.

La artillería que se viene

Si bien en estos días las críticas se han concentrado en el traspié de la reforma laboral y el salario mínimo, altas fuentes del oficialismo aseguran que una de las peleas internas más complejas, y en la que resultó vencedor, fue aquella en la que "aterrizó" los alcances de la promesa de gratuidad en educación.

Valdés fue clave a la hora de conjugar el concepto de realismo y reducir solo hasta los cinco primeros deciles (para las universidades del Cruch y cinco privadas sin fines de lucro) la gratuidad en educación superior.

En esta misma línea, se apunta que habría sido el ideólogo de la fórmula comprometida para el próximo año, y que debe ser ratificada durante la discusión del Presupuesto 2017.

Se trata de mantener como "techo" para la gratuidad a los alumnos de los cinco primeros deciles, pero ampliar la cobertura hacia los Centros de Formación Técnica (CFT) e Institutos Profesionales sin fines de lucro.

Esta ampliación lateral "hacia los lados" de la gratuidad no es casual: si bien tras el fallo del TC, que acotó el beneficio, el Gobierno quedó "en deuda" con los CFT e IP, incluir a estas instituciones manteniendo el tope del 50% más pobre implica un desembolso menor de recursos para el Fisco. Se calcula que un alumno de estas instituciones implica solo un tercio del costo.

Entre las batallas que le quedan a Valdés, está el compromiso del oficialismo de dejar amarrado el Presupuesto para el año 2018, donde debe quedar zanjada la expansión de la gratuidad universitaria de las instituciones ya señaladas hasta el sexto decil más vulnerable.

El déficit político

En los últimos días, los comentarios de pasillo en el mundo económico y político apuntan al apoyo con que cuenta Valdés para imponer la idea de un presupuesto más austero.

Hay quienes argumentan que sus credenciales en materia económica no serán suficientes si no cuenta con el apoyo político. Tras los últimos acontecimientos, Valdés se ha dado cuenta que es clave combatir ese déficit político.

Los principales aliados, y en quienes más se ha apoyado desde que asumió en Hacienda, son el titular de la Segpres, Nicolás Eyzaguirre; el subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy; el director de Presupuesto, Sergio Granados y el ministro de Energía, Máximo Pacheco.

También, mientras estuvo en el cargo, estrechó lazos con el ex ministro del Interior Jorge Burgos. Con él, además de Eyzaguirre, fue con quienes impulsó la idea de aplicar la tesis del "realismo" ante el ímpetu reformista de buena parte de la Nueva Mayoría, en especial el ala izquierda del oficialismo.

En el gabinete, también ha logrado formar equipo con del ministro de Agricultura Carlos Furche y el ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes. De hecho, en la reunión que sostuvo la semana pasada con los senadores y economistas del PS; Pacheco, Furche y Céspedes lo escudaron.

A nivel parlamentario, el mundo que le era más desconocido y esquivo a Valdés antes de asumir el ministerio, el economista ha estrechado lazos con parlamentarios clave.

Además de mantener una sintonía especial con la bancada de senadores de la DC -partido que oficia casi como un aliado de Valdés a la hora de poner coto a las reformas estructurales y donde el Senador Andrés Zaldivar- hay dos miembros de la Cámara Alta, de su mismo partido, con los que ha estrechado lazos: Guido Girardi y Ricardo Lagos Weber.

El primero asoma como un aliado clave, dado su carácter de "socio controlador" de la colectividad, y el segundo ostenta el cargo de presidente del Senado.

En la Cámara Baja, se identifica a los diputados José Miguel Ortiz (DC) y Pepe Auth (hasta hace poco PPD), ambos miembros de la comisión de Hacienda.

Quienes lo conocen sostienen que sus grandes detractores y con quienes Valdés tiene más conflictos "son aquellos que no ven como necesarios los equilibrios macroeconómicos ni su obsesión por cumplir con la regla fiscal cuando la economía está a la baja".

De hecho, es esa ala más dura de la Nueva Mayoría, la cual ha instalado la idea de que las elecciones se ganan con mayor gasto, no con superávit, y que si no hay ingresos se puede echar mano al Fondo de Estabilización Económico Social (FEES).

Pese a las presiones, Valdés se ha mantenido firme en sus convicciones, echando abajo las tesis de que las elecciones se ganan con mayor gasto. “Perdimos las elecciones con un déficit muy grande y con un aumento de gasto muy grande. No garantiza nada despeinarse y soltarse las trenzas y hacer una gran expansión”, señaló el miércoles pasado en una entrevista en El Informante, con lo cual dio un portazo a las pretensiones de quienes anteponen la coyuntura electoral ante la disciplina fiscal.

¿Echará mano al FEES?, es la gran pregunta. Es probable que lo haga, pero de manera limitada y no para costear nuevos gastos, sino para reemplazar deuda, pero siempre manteniendo los niveles de gastos.

Reencantar al mundo empresarial

Si bien su llegada al cargo fue celebrada por el mundo empresarial, no solo por su calidad técnica sino por el contraste que marcó respecto de su antecesor, Alberto Arenas, en el oficialismo asumen que si bien a Valdés es "respetado", su derrota en la batalla interna respecto de la Reforma Laboral le restó puntos.

Alberto Salas, presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio  (CPC), en el programa Mesa Central de Tele13 Radio, puso en duda de su capacidad de influir. "La verdad es que uno tiene duda permanente del nivel de influencia de todos los ministros en este Gobierno", aseveró.

La relación con el presidente de la CPC y el de Sofofa, Hermann von Mülenbrock, ha ido de más a menos, ya que las altas expectativas con que partió se han ido desinflando.

Pero Valdés necesita que los empresarios impulsen el crecimiento. En esta labor será clave lo que haga el senador socialista Carlos Montes, quien está articulando una nueva estrategia: capturar el apoyo de empresarios individuales.

Según comentan sus cercanos, para dos o tres semanas está organizando reuniones con empresarios con nombres y apellidos, para conseguir su compromiso con el crecimiento y la reactivación de la inversión.

Para ello, Montes ha pedido a cambio a Valdés que ponga una cuota de apoyo en el próximo presupuesto, que ejecute lo que tiene que ver con gasto de capital. También se busca que se agilice la tramitación del fondo de inversiones y las concesiones pendientes, ya que esto  será el gancho para que el sector privado se anime y revitalice la inversión.

La relación con la Presidenta

El apoyo de Montes, del PPD y la DC, son claves para Valdés en el impulso del crecimiento. De hecho, quienes han hablado con él en los últimos días indican que su único temor hoy es que no logre revertirse pronto la desaceleración económica y que eso le reste puntos frente a la Presidenta.

Según quienes han participado en las reuniones del comité político de Palacio -compuesto por los ministros del Interior, Segpres, Segegob y Hacienda-, la de Valdés con la Presidenta es una relación directa.

Además, explican quienes han compartido con él en el gabinete, si bien opera de manera bastante autónoma, antes de tomar decisiones relevantes es de "conversar mucho".

Sus interlocutores favoritos, relatan estas fuentes, son Eyzaguirre (con quien comparte una sintonía prácticamente total en materias económicas), Aleuy y Pacheco.

Sin embargo fuentes señalan que lo importante es lo que piense la presidenta y hasta qué punto seguirá apoyándolo en los recortes y la austeridad fiscal. “El dice que está bien ser arquero y atajar los goles, pero su preocupación es que si no es capaz de lograr que la cosa mejore en cuanto a crecimiento y ánimo para invertir, la presidenta empiece a escuchar a otras personas que quieren reactivar la economía a través del gasto público”, explica un cercano.

De hecho, agrega que Valdés le teme más al fuego amigo, a los globos sondas de seguir haciendo reformas, a las AFP e Isapres.  “Sabe que si aparecen estos nuevos puntos de conflicto, la idea de crecer se desvanecerá y con ello también sus posibilidades de detener el avance del gasto.

Agregan que ese es el flanco que lo puede terminar por debilitar, ya que ahí pondrá en la mesa las cartas de seguir embarcado en un barco que va directo a aumentar déficit o seguir sus planteamientos ortodoxos y no perder la credibilidad ante sus pares a nivel mundial. A fin de cuentas, Rodrigo Valdés es uno de los tres economistas chilenos con mayores credenciales.

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