China es una potencia económica de primera clase, pero su divisa todavía viaja en clase turista.

Esa es la queja que recurrentemente presentan las autoridades en Pekín al exigir que el yuan, su moneda nacional, sea reconocida oficialmente como una divisa internacional de reserva.

Y esta semana el objetivo de China está un poco más cerca de cumplirse.

Este lunes el Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció que el yuan se unirá a la canasta de monedas de reserva que maneja el organismo multilateral.

Hasta el momento, el FMI usa un selecto grupo de divisas compuesto por el dólar estadounidense, el euro, el yen japonés y la libra esterlina.

Desde 2000

A comienzos del mes, la directora general del FMI, Christine Lagarde, había respaldado la inclusión del yuan.

Expertos aseguran que, luego del anuncio del lunes, lo más probable es que el yuan se una a la canasta del FMI a comienzos del año entrante.

China es la segunda economía más grande del mundo, después de Estados Unidos, y el año pasado solicitó la denominación de su divisa como moneda de reserva.

Estas monedas de reserva son usadas por bancos centrales y otros organismos financieros para pagar la deuda externa y regular las tasas de cambio.

El último cambio que se hizo a la canasta del FMI tuvo lugar en 2000, cuando el euro reemplazó al marco alemán y al franco francés.

Lo que sigue

Algunos analistas sugieren que para el año 2030 el yuan se convertiría en una de las tres divisas internacionales principales, junto con el dólar y el euro.

En momentos anteriores, se dijo que el yuan no cumplía con las condiciones requeridas para ser divisa de reserva.

Una de las razones tenía que ver con preocupaciones sobre las maniobras de Pekín para mantener su moneda a una tasa de cambio artificialmente baja para ayudar a sus exportadores.

Sin embargo, los funcionarios chinos han llevado a cabo un esfuerzo concertado para fortalecer el apoyo para la inclusión del yuan, y un reciente informe del FMI apoya esa medida.

Inicialmente, la inclusión de la divisa china tendría un efecto esencialmente simbólico, aseguran analistas.

También han dicho que para que el yuan siga haciendo parte de la canasta en el futuro, se requeriría que China continuase con sus actuales reformas financieras.

En plata franca

La inclusión del yuan en la canasta del FMI también puede tener beneficios concretos aparte del prestigio que le otorgaría a China.

Es un sello de garantía que podría ayudar a tranquilizar a los inversores que en los últimos meses han presenciado con preocupación la creciente volatilidad de los mercados bursátiles en la potencia asiática.

Sin embargo, asegura un informe de la agencia calificadora de crédito Fitch, esa firma no espera que eso lleve a un aumento en la demanda por la moneda china en el corto plazo.

Pero "con el tiempo, la aparición del yuan como una divisa global de reserva podría apoyar el perfil de crédito".

De modo que, así como Estados Unidos y Europa se han beneficiado en el pasado de ser monedas "de primera clase", también podría llegar un rédito semejante para Pekín.

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