Jaime Bellolio, exvocero de gobierno, esta semana asistió a una reunión entre el expresidente Sebastián Piñera y dirigentes influyentes de Chile Vamos. Allí abordaron, justamente, el tema principal de esta entrevista con T13.cl: el rol opositor de la centroderecha y el desafío de buscar un tono único. Ya casi son nueve meses desde que asumió el gobierno de Gabriel Boric y, advierte el exministro, no se han visto hechos concretos sobre el giro del discurso del mandatario hacia lo socialdemócrata. Pone como gran ejemplo la seguridad: esa agenda aún no se reactiva en el Congreso, repara. Sin embargo, sostiene, tampoco se ha visto a Chile Vamos con mayor fuerza en su rol opositor, principalmente, dice, por una falta de coordinación.

El ingeniero comercial está dedicado ahora a la academia, en la Universidad Andrés Bello, y desde ahí ha tenido tiempo para analizar detalladamente el momento que vive Chile. Tiene críticas ásperas para este gobierno. Y dice que le preocupa esta suerte de “presentismo” de la ciudadanía que permea a los políticos y que, a su vez, deja un amenazante espacio para el populismo.

En la búsqueda del tono opositor, el exparlamentario advierte que no por ser más firmes se debe caer en la tentación del “bloqueo por el bloqueo”, ni tener una mirada a corto plazo.

—¿Cómo ha visto el rol opositor de Chile Vamos?

—Esta oposición ha sido con guante blanco en comparación con la oposición que hubo durante el periodo pasado. Me sorprende que digan que esta es una oposición obstruccionista, porque la oposición de la izquierda acusó a siete ministros y dos veces al Presidente. Hicieron unas once o quince interpelaciones, votaron en contra absolutamente de todas las leyes en materia de seguridad, pensiones, en temas laborales, educacionales; hicieron una cantidad de comisiones investigadoras cuyo propósito era hacer puntos políticos; presentaron una cantidad de querellas penales de manera impresionante, incluso trataron de boicotear la estrategia contra el Covid. Estuvieron favorables a que los colegios no abrieran; de hecho, cuando un ministro intentó abrirlos, lo acusaron constitucionalmente.

—Pero perfilarse de esa manera como oposición fue una decisión de la centroderecha...

—Absolutamente, porque ser una oposición como la que se hizo en el periodo pasado no solo le hace mal al gobierno hoy sino que le hace mal a los ciudadanos, porque son ellos los que terminan perjudicados. ¿Por qué no se pudo subir antes la pensión a través de la PGU? Bueno, porque el debate sobre pensiones está completamente estancado desde Bachelet, no quiero decir que esto es solo exclusivo de un sector, luego Piñera, y ahora nuevamente. En los debates en materia de seguridad pasa exactamente lo mismo. Salud también, que es un tópico que le importan a las personas. Empleo, inversión, también, tenían una mirada demasiado radical que nos impedían ir al fondo.

—¿En qué áreas ve conflictiva la gestión del gobierno?

—En educación estamos viviendo un drama: todos diagnosticamos con temor y urgencia, que significa mayor deserción, estudiantes que tienen gravísimos problemas de aprendizaje, que no saben leer y escribir adecuadamente desde primero a sexto básico. Si es que eso no tiene una solución ahora va a significar problemas de aquí a 20 a 30 años más. Yo veo que el gobierno ha cambiado de lectura en materia de seguridad: votaron en contra de todos los estados de emergencia y hoy llevan 12; dijeron que la Ley de Seguridad del Estado era antidemocrática y autoritaria y acaban de presentar doce querellas por la misma ley y ahora quieren aprobar, teóricamente, las leyes de seguridad que ellos mismos rechazaron en el pasado. Pero ahí aún no vemos acciones. En materia de salud, el cambio de ministros ha servido porque la ministra actual conoce mejor el sistema, pero mientras tenga al mismo subsecretario de Salud Pública -que fue un negacionista de la estrategia contra el Covid del gobierno pasado- no vamos a poder avanzar, no sabemos cuáles son los datos de contagios, no sabemos su estrategia, la comunicación de riesgo ha sido un desastre. Frente a todos estos temas hoy tenemos a una oposición que no han salido a la palestra.

—¿Por qué Chile Vamos no ha salido a la palestra?

—Pienso que no se ha visto a Chile Vamos con mayor fuerza en su rol opositor por una falta de coordinación. Hay esfuerzos valiosos, pero que son individuales; hay personas talentosas dentro de los partidos, que hacen vocerías, propuestas relevantes, pero se ven como esfuerzos aislados. En cambio, el gobierno ha sido capaz de ordenarse, al menos durante un tiempo, creo que tuvo efecto esa última catarsis que hicieron en Cerro Castillo, y quizás el mejor ejemplo es la reforma de pensiones. Presentan la reforma de pensiones -la mayor parte de la ciudadanía está en desacuerdo con lo que están proponiendo particularmente en el 6%- y hacen un despliegue gigantesco, en matinales, en noticieros centrales, radios, van a regiones. Entonces, si hay un Chile Vamos que está coordinado en sus acciones sobre la reforma de pensiones, por ejemplo, obviamente es una mejor oposición, porque comunica mejor y a la vez tiene más fuerza para ir a exigir cambios.

—¿Por qué Chile Vamos no ha logrado aunar un tono opositor único, con fuerza? ¿Hay diputados que son inexpertos -porque acaban de llegar- o bien cree que se ven intimidados por el Partido Republicano?

—Esas dos cosas son ciertas. Este es el Parlamento que tuvo más renovación y, sí, algunos se ven muy afectados por lo que pasa con el Partido Republicano y ahí no hay que permitir que el Partido Republicano sea para Chile Vamos lo mismo que lo que fue el Frente Amplio y el Partido Comunista para la Nueva Mayoría, que dejaron de defender lo que hicieron por treinta años y lo que ocurrió es que ese Frente Amplio más ese PC terminó pasando por arriba del Socialismo Democrático. Eso no le puede pasar a Chile Vamos; no hay que permitir que el Partido Republicano sea un Frente Amplio para Chile Vamos. Hay diferencias que son sustantivas entre el Partido Republicano y Chile Vamos, y hay otras materias en las cuales hay acuerdo, entonces está bien que existan acuerdos puntuales políticos en ciertos aspectos, pero en otros se tiene que notar que hay una narrativa distinta, que no hay bloqueo por bloqueo ni que tampoco tenemos una mirada a corto plazo. Chile Vamos se ha organizado en las dos elecciones presidenciales de Sebastián Piñera y en el Rechazo del plebiscito de salida logró una unidad de propósito, de coordinación y obviamente la coalición que asume como gobierno se coordina en instancias de gobierno, pero cuando ya pasas a ser oposición sin una figura o un liderazgo evidente, no hay orgánica ni incentivo a hacerlo. El tema es que esa orgánica -no tiene por qué ser una orgánica pesada, llena de reglas- debe existir y tiene que incluir reuniones sistemáticas entre los partidos de Chile Vamos para tener posición única sobre las reformas más importantes y sobre las temáticas más relevantes para los chilenos, que son seguridades -no solo del delito sino de la vida cotidiana-, el trabajo, la salud, educación y lo que ya hemos abordado en esta entrevista.

—La ofensiva de las 13 censuras en comisiones es una oposición dura, ¿no responde a ese “tironeo”de perfilamiento con el Partido Republicano?

—El error inicial es por parte de la izquierda que, teniendo un voto más, tiene el 100% de las comisiones de la Cámara, en cambio, en el Senado no ocurre así; están empatados, entonces como están empatados, se reparten las presidencias de las comisiones...

—Claro, alegaron que no se replicó ese pacto de gobernabilidad…

—Exacto. Ha sido un error de la izquierda en los últimos gobiernos: han tenido las presidencias de las comisiones en los últimos tres periodos. Es legítimo, sí, así son las reglas… ¿pero es conveniente para que haya cooperación dentro del sistema político y avancemos en reformas transversales? No, más bien lo que ocurre es que se trancan. No me parece mal que hoy la oposición quiera estar en las presidencias de las comisiones para impulsar una agenda. Ahora, entiendo que para la gente se ve como una disputa entre políticos...

—O como que están pagando con la misma moneda que el FA y el PC...

—Lo que sería bueno es que se replique un pacto de gobernabilidad dentro de la Cámara que implique esa rotación acordada de la presidencia de las comisiones y no que algunos pretendan llevarse la pelota para la casa. Yo hubiese preferido que se hubiese replicado lo que ocurrió en el Senado para la elección del presidente de la Cámara. Y con eso no se trata de que tengan que estar de acuerdo en todas las cosas, al revés, dado que resuelves eso, te pones a discutir sobre los disensos que existen respecto a las políticas públicas y los acuerdos que puedan tener en algunas de ellas.

—La ofensiva por los Derechos Humanos de la semana pasada en la Cámara, se vio ahora en el Senado. ¿Esta actitud va a ser una transversal en Chile Vamos? El Partido Republicano protagonizó un episodio polémico con el PC.

—Es un error negar el financiamiento al Museo de la Memoria y a algunas fundaciones que rescatan la memoria, yo eso no lo habría hecho nunca (como parlamentario). Eso es una herida abierta todavía y el Museo de la Memoria cumple un rol que es relevante dentro de la sociedad chilena. Con respecto al Instituto de Derechos Humanos (INDH), yo entiendo que, lo que quisieron hacer los parlamentarios, es hacer un punto en que de que, un tiempo a esta parte, se ve que el INDH ha descuidado su labor de promoción y protección de los Derechos Humanos para ser más activistas de izquierda sobre esa materia y no de la supervigilancia que tiene del pasado, del presente y del futuro en el valor de los DD.HH. Es importante la institución del INDH y por lo mismo cuando uno ve que se querella contra un diputado de RN, pero nunca tuvo siquiera una actitud semejante respecto a quienes levantaron fake news durante el estallido, como por ejemplo, cuando dijeron que hubo un centro de tortura en Baquedano, duda de ese rol. Con ese actuar suponen que los DD.HH. no son una cuestión universal sino partisana de izquierda y yo me niego a esa tesis: los DD.HH. son de los seres humanos.

—¿Pero no es al menos sorprendente que los senadores de derecha sigan con esta ofensiva a través de sus votos? El punto ya se había hecho en la Cámara.

—Ahora que la votación fue estrecha y se aprobó, pienso que está bien que el INDH tenga financiamiento...

—Pero en la Cámara corre riesgo aún...

—Se debería aprobar. Pero sí, es necesario que se haga una reflexión sobre el estado de situación del INDH, si va a ser un brazo político de la izquierda o si es que realmente va a cumplir su función de proteger, difundir el valor universal de los DD.HH. No puede peligrar el financiamiento de instituciones que promueven DD.HH. que hacen un rescate de la memoria. Ahora, yo he visto poco ánimo de la izquierda de hacer esa reflexión. 

—En estos ejemplos se ve ahora que Chile Vamos intenta este cambio de tono más duro. ¿Hubo ingenuidad al pensar que el gobierno iba a valorar que fueran una oposición constructiva…?

—No sé si la palabra es ingenuidad, porque a este gobierno le tocó una particularidad: tuvo elecciones a los seis meses de haber asumido y, además, siguieron la estrategia impuesta por el ministro Jackson de que el destino del programa de gobierno se jugaba en la propuesta de nueva Constitución, lo dijo en febrero y lo repitió una vez asumido y de a poco tuvo que desdecirse a medida que las encuestas mostraban que eso no iba a ocurrir. El gobierno fue el jefe de campaña del Apruebo, entonces, uno hubiese esperado que después de haber perdido -vivieron una derrota cultural y programática muy dura-, hubiesen cambiado de actitud, pero no, cada cierto rato esa actitud de insultar a los 8 millones de personas, diciendo que no sabían lo que estaban votando, que no lo entendieron, vuelve. Yo esperaba que después del 4-S el gobierno dejara de sentir como culpa frente a la izquierda más radical y entonces modificara parte de su programa a algo que los chilenos están exigiendo. Como eso no ha ocurrido, Chile Vamos dice ‘ok, no va a ocurrir, dicen una cosa, pero luego hacen otra para dejar contentos a ese 24% de la primera vuelta’…

—¿Fue un error no haber acusado constitucionalmente a Izkia Siches y Giorgio Jackson antes del 4-S?

—No, porque no había suficientes argumentos jurídicos para sostenerlo. Yo sé que luego de que degradaron la institucionalidad de las acusaciones constitucionales en el gobierno pasado algunos se quedaron con la idea de que esto es un punto político, como nos dijo la izquierda tantas veces. Pero las acusaciones son algo de última ratio y es frente a un incumplimiento expreso de la Constitución. Si una acusación constitucional es para que se suponga que la oposición está siendo más firme con ellos, es un problema, porque la ciudadanía no está esperando acusaciones sino que las urgencias de ellos sean las de la política. Y esto es complejo de abordar, en la U. Andrés Bello hicimos un estudio que señala que los chilenos proyectan el futuro en un plazo muy corto, es decir, cuando hablan de futuro son dos meses. Todo es el ‘presentismo’ y eso permea a la política, entonces, cuando la política no tiene plazo de futuro, la cooperación no existe, porque si no hay mañana o pasado mañana, es el gallito de quién gana hoy. Y ahí pierden aquellas materias donde tienen consecuencias en el largo plazo, educación, por de pronto, pensiones... así sucesivamente. Los políticos se deben preocupar de lo urgente, pero también de lo importante. 

—¿Cómo se equilibra este nuevo tono con la aparición del Partido Republicano y del PDG? Algunos en Chile Vamos han recalcado que no por gritar más fuerte sé es más efectivo, como ha ocurrido, dicen, con los republicanos; y por otro lado, está el PDG, que evita casarse con una ideología y que, se dice, son una amenaza de populismo…

—En la dificultad de que el futuro está cancelado es muy difícil lograr un proyecto de país porque para eso necesitas tener una perspectiva de futuro que es más que lo inmediato, entonces, en eso el populismo siempre tiene para avanzar, porque es la lógica del hoy y de que el mañana no importa, es la misma lógica del retiro (de pensiones). Entonces en las asociaciones que se hacen al PDG y al Partido Republicano, pienso que está bien que sea Chile Vamos el que pueda fijar el tono y no que el tono se fije desde lo más radical o que se fije desde la flexibilidad de las ideas. Obviamente dentro del PDG y el Partido Republicano hay gente distinta. Arturo Squella, Cristián Valenzuela o incluso el mismo José Antonio Kast son distintos a las personas que están en una tesis mucho más moralista dentro del Partido Republicano, en donde si no estás con ellos, estás contra ellos. En el PDG hay personas valiosas con las cuales se puede conversar y hacer esa política, pero la verdad es que en esto yo buscaría mayorías que sean sostenibles en el tiempo. Me gusta mucho más ponernos de acuerdo en reformas con una mayoría que exceda el Partido Republicano y el PDG y no se aprueben cosas por uno o dos votos sino que se aprueben, ojalá, por dos tercios. 

—Y en el discurso de fondo, ¿qué debe transmitir Chile Vamos?

—Chile Vamos debe transmitir con mucha claridad qué es lo que se está buscando, qué se quiere modificar de la propuesta de gobierno, y cómo se separan de las voces que están buscando el inmediato plazo o la mayor radicalización que tiene rédito en redes sociales, en la cuña de la semana, pero que no lo tiene en aplacar el malestar y para generar mayor bienestar. Yo creo que, durante todo este tiempo post dictadura, ha habido esta tesis de esta modernización capitalista, Carlos Peña le pone el adicional de que eso también trae problemas y otros eran de la tesis del malestar ‘sí, crecimos, pero en verdad se incubó un malestar’; hoy ambas cosas las viven al mismo tiempo, las personas tienen malestar por injusticias, pero también tienen la añoranza de bienestar. No estamos mejor al menos desde hace tres años y para recuperar esa senda se necesita que haya un diagnóstico bien equilibrado sobre el bienestar y el malestar, y eso es parte del trabajo que tiene que hacer la centroderecha.

—En la discusión del presupuesto en la Cámara, el Partido Republicano votó a favor en bloque de una indicación para aumentar el monto del PGU; sin embargo, la indicación era inadmisible porque no tenía patrocinio del gobierno. ¿Cuál es el riesgo de que ellos empiecen a mover esa línea que se trazaron sobre que respetarían la Constitución?

—Yo entiendo y comparto el fondo: aumentemos las pensiones a través de la PGU a $250 mil de manera de que los seis puntos de solidaridad queden entregados hoy. El problema es que uno no puede ser inconsistente con cosas que cree que son de convicción. Obvio, la oposición anterior, es decir, quienes hoy son gobierno, lo hicieron hasta el último día que fueron diputados y votaban cosas inconstitucionales en Hacienda, hasta los últimos días de sesiones en enero, pero eso no es bueno, ¡es malo! Así como el gobierno actual pensó que no les iba a ocurrir lo mismo a ellos, porque la derecha iba a ser como la salvaguarda sobre el saltarse la Constitución, hoy le toca darse cuenta de que cuando ellos mismos la relativizaron entonces lo hicieron para todos. La incoherencia del Partido Republicano es que si ellos sostienen que la cuestión constitucional se acabó y la que está plenamente vigente es la actual Constitución entonces por qué se la saltan. Si estuviera plenamente vigente querrían que cada una de sus disposiciones se cumpliera, entre ellas, una de la más relevante; que la iniciativa de gasto es exclusiva del Ejecutivo. Comparto la idea política de que se le exija al gobierno subir a 250 mil, pero creo que el mecanismo para hacerlo no da lo mismo cuál sea, no todo medio justifica el fin. El tono de la oposición debe ser firme, de convicción, de cuáles son las prioridades y cómo éstas tienen que llevarse adelante, pero también pensando en que, si la oposición quiere ser gobierno el próximo periodo, entonces, no vaya a pasar que por ser una oposición “muy dura” -y que pueda ser celebrada en el corto plazo- se termine dañando aún más aquellas instituciones que son las que permiten gobernar después...

—Me imagino que su análisis es que el próximo gobierno es de derecha...

—Hoy, si todo sigue igual, el próximo gobierno sería de oposición. ¿Cuál oposición? Falta mucho aún para saber qué oposición y quiénes son las personas... en los últimos años ha cambiado mucho el rumbo político.

Acuerdo constitucional: “El mejor mecanismo para hacer una nueva Constitución es aquel que permita cambiar el sistema político”

—¿Chile Vamos ha capitalizado el 62% del Rechazo post plebiscito?

—Así como es difuso el ganador, es muy claro el perdedor. Como es un muy claro el perdedor, que particularmente es el Partido Comunista y el Frente Amplio, ellos no han querido asumir la derrota en su magnitud. El 62% tiene el riesgo de ser sobreinterpretado, como esta tesis que dice que ganó el Rechazo y que, por tanto, no hay nada más que hacer, en circunstancias de que la votación por el Rechazo fue muy heterogénea. Se ha capitalizado en la parte que se puede, es decir, cuando solo en ocho comunas en Chile gana en el Apruebo significa que la tesis de la izquierda de ser los únicos representantes de los intereses del pueblo queda completamente derrotada. En eso por supuesto que hay una ganancia no solo para la centroderecha sino que para las ideas moderadas. Eso es notable: que haya un arco relevante de que quiera defender la lógica de los acuerdos, de la democracia, que los disensos se hacen de manera razonable, y no a través de la funa, la cancelación o la violencia, como método legítimo de expresión política, me parece que es una súper buena noticia para Chile. Eso no significa que haya ganado un partido o que pueda atribuírselo como propio. Los partidos de Chile Vamos jugaron un papel importante así como también los organismos de la sociedad civil y la centroizquierda también, porque no les era sencillo cruzar la frontera. Se ha capitalizado, pienso, de manera más indirecta que directa, porque el ganador es difuso.

—Aunque se esperaba que esta semana fuese clave para el acuerdo constitucional, finalmente se dilató zanjar el mecanismo. ¿Ha perdido fuerza este entendimiento? Chile Vamos sigue sin casarse con un mecanismo...

—Este es un juego donde nadie quiere mostrar sus cartas, porque cuando están en privado se las dicen, pero después cuando hay que ponerlas arribas de la mesa todas se las guardan y, bueno, eso es parte de las negociaciones. Tenemos un arco de personas: desde las que creen que no hay que hacer nada -solo reformas en el Congreso- hasta otros sectores de izquierda que creen que hay que hacer de nuevo la misma Convención. Por supuesto, yo no estoy de acuerdo con ninguna de las dos cosas y más aún, creo que hay que estar lo más lejos posible de repetir la Convención. Perdón que sea tan pragmático, pero el mejor mecanismo para hacer una nueva Constitución es aquel que permita cambiar el sistema político para que genere mayor cooperación. Ya hemos tenido muchos gobiernos en los cuales son de minoría o de mayoría muy frágil, entonces, no se instala la lógica de la cooperación para los grandes temas de reformas de largo plazo: educación, salud, seguridad social en general, pensiones, medioambiente y otros tantos. Cuando eso pasa, todo es una disputa sobre lo que ocurre en cada uno de estos sectores que necesitan cierta estabilidad... El presidencialismo fuerte que tenemos con un sistema proporcional, con la atomización de partidos, es una mezcla venenosa. Ese es el principal tema de la nueva Constitución.

—Pero ese órgano, ¿es mixto entonces?

—Para llegar a ese objetivo hay dos cosas claras: no puede ser solamente el Congreso y el nuevo órgano debe estar lo más lejos posible de la última Convención. No sé decir exactamente cuál mecanismo. Uno mixto parecer ser algo razonable, pero aún faltan muchos detalles de cómo se escogen, qué listas, etc. Por último: el catálogo de derechos sociales, que creo que hay que ampliar, si tú los amplías, pero no haces una modificación en el sistema político que permita tener buenas instituciones, van a ser simplemente una quimera, una ilusión, porque van a estar ahí bien, pero no se van a traducir en algo real. 

—En el mundo político se dice que se vive una suerte de zapato chino porque ni a la derecha ni a la izquierda sacan buenos cálculos electorales en una elección de convencionales… al contrario, el PDG y los Republicanos serían los que sacarían cuentas alegres…

—Hay duplicidad de cosas aquí. El gobierno quería llegar rápido a un acuerdo porque se siente más cómodo en la política de este tipo que en la ejecución de políticas públicas; tiene graves deficiencias en administración de problemas inmediatos, pero por otro lado -lo escuché en la izquierda- hay quienes quieren que, si hay una elección, ésta fuese lo más lejos posible del 4-S. Si la elección hubiese sido un mes después, era muy probable que se repitieran los mismos resultados. Hoy las encuestas muestran que los sectores que fueron más duros frente a esta molestia o hartazgo de este proceso que fue largo y divisorio, aparecen con primeras prioridades (republicanos y PDG), pero sabemos que, con voto obligatorio, se tiende a la mayor moderación y no hacia la radicalización.

—¿Ve un dilema para la centroderecha en este acuerdo constitucional?

—El dilema de la derecha es cuánto de ese 62% del Rechazo, que se siente representado por la centroderecha o derecha, cree que hay que hacer una nueva Constitución… las encuestas muestran incluso que es 50 y 50. En la izquierda es 80 y 20, por eso hay críticas de ‘derechita cobarde’... Esa es una mirada miope porque supone que nunca más tendremos una crisis social económica -espero que no-, pero si la llegamos a tener, debe haber una solución institucional para no favorecerle el camino a los que no creen en las soluciones democráticas.

Amarillos por Chile propuso un órgano designado por el Congreso. ¿Ve viable ese camino? Dicen que era el sueño del UDI más duro...

—Amarillos en su propuesta fue poco amarillo (ríe)... Ahora, está bien que se discuta.

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