Esta vez no habrá pendrives, carpetas, ni chaquetas rojas. Los preparativos para designar al gabinete del segundo gobierno de Sebastián Piñera están marcados por un exhaustivo chequeo de datos y con un objetivo claro: detectar qué errores no volver a cometer respecto del 2010, cuando el entonces mandatario electo definió el elenco que lo acompañaría en La Moneda.

En esa primera experiencia dos nombres fueron clave para configurar junto a Piñera el perfil y los integrantes del gabinete: Cristián Larroulet, que terminaría a cargo de la Secretaría General de la Presidencia (Segpres) durante cuatro años, y María Luisa Brahm, la poderosa asesora y jefa del segundo piso durante gran parte de esa administración.

La búsqueda no fue fácil, hubo algunos que quedaron en el camino por distintos motivos, entre ellos, asuntos familiares. En el entorno presidencial recuerdan que hubo un llamado a un conocido economista para sumarlo al equipo ministerial. El convocado, sin embargo, pidió antes de responder consultarlo con su esposa.

¿El resultado de su petición? Piñera finalmente desistió de nominarlo. Quería gente comprometida y sin vacilaciones.

La primera lección

Hace ocho años, en el Museo Histórico Nacional, el Presidente Sebastián Piñera figuraba sobre un escenario, encabezando la ceremonia de presentación de su nuevo gabinete. Uno a uno, los ministros iban apareciendo en escena y recibían del Mandatario un pendrive con un colgante. El rito, según recuerdan varios de los presentes, se asemejaba a una condecoración deportiva o una graduación de cuarto medio.

“El pendrive lo había hecho yo mismo, porque tenía el contenido programático en el que trabajé durante la campaña en el comando, y después fui nombrado en la cartera afín”, admite uno de los ministros designados.

Piñera explicó que los pendrives contenían parte de los desafíos y proyectos de las carteras, pero según el ex ministro, el hecho no era más que un acto simbólico, en tiempos en que el ex Presidente quería remarcar que llegaba “el gobierno de los mejores”, con un equipo conformado, principalmente, por gerentes exitosos e importantes ejecutivos.

Así, desfilaron sobre ese escenario profesionales provenientes del mundo privado, como Laurence Golborne (ex gerente general de Cencosud), Alfredo Moreno (ex director de las empresas Sodimac, Mall Plaza y Falabella), Magdalena Matte (ex directora de Cristalerías Chile), Camila Merino (ex vicepresidenta de Recursos Humanos de SQM), y Jaime Mañalich (ex director de la Clínica Las Condes), entre otros.

“En el primer gobierno, todo tenía un sello de gestión. Con Piñera todo estaba muy enfocado a tener gerentes generales y grandes técnicos. Hoy, las cosas son distintas, porque en el camino del primer gobierno aprendimos de los errores”, admite una ex ministra del ex Presidente. Ahora, la política tendrá mayor protagonismo que los rostros del mundo privado.

Cuando la ex secretaria de Estado se refiere al aprendizaje, recuerda que al poco tiempo de andar, Piñera debió hacer cambios en su equipo debido a la falta de habilidad política de algunos de sus “técnicos” para resolver problemas de último minuto o lograr acuerdos en el Parlamento, lo que obligó a un plan B e incorporar a nombres de trayectoria política, como Andrés Allamand, Evelyn Matthei y Andrés Chadwick.

Hoy, cuando el ex Mandatario se encuentra en pleno diseño de su nuevo gabinete para un segundo gobierno, sabe que la performance inicial debe ser distinta. Según uno de sus colaboradores “una de las exigencias es que los miembros de su gobierno tengan una convicción política con proyección, y no entren al gobierno a hacer ‘turismo aventura’, pensando en que después van a volver a sus empresas”.

Piñera les dejó clara esta convicción a los presidentes de los partidos de Chile Vamos, cuando, luego del triunfo del 17 de diciembre, les solicitó elaborar una lista de candidatos de cada partido, y les advirtió que deben estar dispuestos a renunciar para convertirse en aspirantes a intendente o al Parlamento.

Un técnico que no aprecia la política, como el legítimo ejercicio del poder, suele ser más una piedra de tope que un aporte para la búsqueda de consensos amplios en aprobación de proyectos de ley”, explica un colaborador de la cúpula más íntima del Mandatario electo.

La misma fuente asegura que como premisa para la conformación del futuro gabinete un imperativo es que exista un justo equilibrio entre lo político y lo técnico.

La libertad de Piñera

El amplio triunfo obtenido en la segunda vuelta presidencial, con 54,57% libera a Piñera, dicen en el entorno del mandatario electo, de eventuales presiones de los partidos de Chile Vamos a la hora de definir el gabinete.

"El Presidente hoy sabe que pesa mucho más que su propia coalición y que la contundencia del triunfo le permite un margen grande para imponerse sin dramas sobre sus partidos", dicen en su círculo cercano.

“Piñera hoy es más libre. Tiene una mejor relación con los partidos, que por cierto, ya no son lo fuertes que eran y presionan muchísimo menos. Él sabe que los necesita para gobernar, pero también sabe que la relación ya no sólo está con sus principales líderes. Hoy tiene cercanía con más gente”, dice Gonzalo Müller, analista de la Universidad del Desarrollo.

Pese a ello, la otra tarea que por estos días ocupa al 'piñerismo' es de la mayor relevancia y pasa por detectar todos los potenciales conflictos de interés que puedan surgir en un nombramiento, para evitar cualquier tipo de revés. "La oposición estará esperando encontrar la más mínima razón que exista para armar una teleserie", dicen en el equipo del mandatario electo.

Nombres vetados del 'piñerismo'

Quienes se dedicaron a reclutar nombres para el gobierno anterior, admiten que el nivel de chequeo de profesionales que se realizó en esa época no es comparable con la alta exigencia que hoy debe convertirse en un filtro riguroso para seleccionar a las nuevas autoridades.

Al día de hoy, en el 'piñerismo' admiten que es fundamental “determinar todos los conflictos de interés que puedan surgir”, porque son conscientes de que la oposición iniciará una búsqueda exhaustiva, y que el tema es delicado para Piñera, debido a las críticas que históricamente ha recibido por sus vínculos empresariales.

En el círculo cercano al Presidente también aseguran que existirán presiones de los partidos políticos, para intentar imponer a figuras que no cumplen con estándares fijados por el equipo, como personas vinculadas a casos comunicacionalmente complejos, como las investigaciones de SQM o Penta.

Ejemplos de esos casos, explica la misma fuente, son dirigentes como Claudio Eguiluz (RN), quien fue condenado por el caso SQM, Claudia Nogueira y su marido Gonzalo Cornejo (ambos UDI), quienes están investigados por pagos de asesorías al Parlamento o Eduardo Salas (PRI), quien también fue mencionado en la investigación de SQM en 2015.

Tras el cierre de esta nota, la presidenta del PRI, Alejandra Bravo, dijo restarle validez al planteamiento acerca de Salas, "puesto que no existe caso judicial alguno que esté vigente ni pendiente".

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