¿Por qué se “cuelga el sistema” de nuestro organismo a veces? Envejecer no es otra cosa que acumular pequeños fallos en las células. A medida que pasan los años, se dañan los genes y se acortan los extremos de los cromosomas. Las “centrales de energía” (mitocondrias) de nuestras células se agotan y aparecen errores en cadena. Si no limpiamos esos fallos y reparamos con rapidez, llegan antes las enfermedades.

Limite la corriente: comer menos y practicar ayuno intermitente

Bajar moderadamente las calorías ayuda al ahorro interno y mejora la reparación de piezas gastadas. Esto no implica hacer dietas extremas, sino reducir un poco la energía total o acotar las horas en las que comemos.

Varios estudios en humanos, incluido el ensayo clínico CALERIE, han demostrado que una reducción calórica moderada mejora los marcadores de inflamación, reduce la resistencia a la insulina y favorece un metabolismo más eficiente en adultos sanos. Estas mejoras aparecieron sin necesidad de llegar a un ayuno estricto.

Dejar transcurrir 14 a 16 horas entre cena y desayuno también ayuda. Es lo que se conoce como ayuno intermitente. En este enfoque no se come menos volumen total, sino que se concentra la ingesta en una franja del día de 8 o 10 horas, alargando el tiempo nocturno sin comer. Los estudios en personas con exceso de peso o síndrome metabólico han identificado descensos de glucosa, presión arterial y grasa abdominal, junto con una mejor regulación del apetito, simplemente cambiando el “cuándo” más que el “qué” se come.

¿Por qué? Al parecer, el cuerpo interpreta esa pausa como un reinicio suave. Si la cena es especialmente ligera, el efecto se potencia, ya que una cena temprana y menos copiosa se asocia con mejor control de la glucosa en ayunas y menor acidez nocturna, y favorece que el descanso nocturno se use para reparar tejidos en vez de seguir digiriendo comida pesada.

Actualizar el firmware moviéndonos cada día

El ejercicio funciona como una especie de taller de mantenimiento. Renueva piezas, recicla proteínas y mejora el azúcar en sangre. Además, el músculo activo envía señales antiinflamatorias.

No es preciso correr una maratón: basta con constancia y un plan sencillo. Tres días de fuerza y caminar la mayoría de días ya ayuda. Tanto en adultos de mediana edad como en personas mayores, programas sencillos de fuerza dos o tres veces por semana han conseguido aumentar la masa y la función muscular, reducir la grasa visceral y mejorar el control de la glucosa. La regularidad es el verdadero secreto.

Limpiar la caché: dormir mejor y a horas regulares

Dormir poco equivale a apagar mal el ordenador de nuestro cuerpo: quedan tareas críticas a medias y se acumula basura. El sueño profundo, por el contrario, activa la limpieza interna y la reparación.

Durante el sueño profundo se activa el sistema linfático, un mecanismo que drena desechos del cerebro, incluidos metabolitos asociados al deterioro cognitivo. Asimismo, dormir en horarios regulares ayuda a estabilizar hormonas como la melatonina y el cortisol, que rigen procesos de reparación nocturna, regulación de energía e incluso el estado de ánimo.

Además de fijar horarios, conviene evitar pantallas por la noche, oscurecer el dormitorio y cuidar el silencio. Acostarse y levantarse a la misma hora cada día es gratis y rejuvenece.

El equivalente a instalar un buen antivirus es cuidar la microbiota. El intestino alberga billones de microbios aliados, una comunidad que pierde diversidad con la edad. Si se empobrece, aumenta la inflamación de bajo grado y se debilita la barrera intestinal, lo que provoca que el sistema inmune no pare de trabajar sin encontrar al culpable lo que afecta negativamente a la energía, al estado de ánimo y al metabolismo.

Una microbiota diversa se asocia a longevidad en poblaciones centenarias, mejor digestión, menor inflamación y un perfil metabólico más estable. Esta diversidad mejora en cuestión de semanas cuando se consumen alimentos reales (verdura, fruta, legumbres, frutos secos…), especialmente si son ricos en fibra fermentable, porque alimentan a bacterias beneficiosas como Faecalibacterium prausnitzii o Akkermansia muciniphila. Este patrón alimentario se asocia a mejor salud metabólica en numerosas cohortes modernas. Expulsa el malware: silencia las “células zombi”.

La importancia de eliminar a las “células zombi”

Algunas células viejas (senescentes) no mueren, funcionan mal, consumen recursos y generan ruido inflamatorio. Este consiste en enviar señales inflamatorias al resto del organismo como si fueran un programa defectuoso generando errores en segundo plano.

Los polifenoles de frutas y verduras –compuestos naturales de acción antioxidante– pueden disminuir parte de esa señal inflamatoria según varios estudios celulares y humanos ENLACE. Frutas rojas, cebolla, manzana y té verde aportan estos compuestos y se han asociado a mejores marcadores de inflamación en distintos ensayos nutricionales.

Viendo los avances actuales de la ciencia, podemos pronosticar que pronto sabremos qué palanca necesita accionar cada persona para vivir más gozando de mejor salud. Mientras tanto, la mejor receta es aplicar lo que funciona: comer mejor y en horarios razonables, movernos y dormir bien. Empecemos hoy: cada pequeño cambio, cuenta.

Antonio Fernando Murillo Cancho no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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