"No lloro porque esté en mi periodo ni nada por el estilo. No puedo creer que un documental sobre la menstruación acaba de ganar un Oscar", exclamó emocionada Rayka Zehtabchi, directora de "Period. End of Sentence".

Y es que "Periodo. El final de una sentencia" (en traducción libre) ganó en la categoría de mejor documental corto.

El filme, que produjo y lanzó Netflix en 2018, sigue a un grupo de jóvenes en una aldea de la India que hace toallas sanitarias en una pequeña fabrica.

Geeta Pandey, de la BBC, se reunió con las mujeres que participaron en el documental antes de la ceremonia que se celebró el 24 de febrero en Los Ángeles para hablar sobre los retos y tabús de la menstruación en su pueblo.

El estigma de la menstruación

Sneh tenía 15 años cuando comenzó a menstruar. La primera vez que sangró no tenía idea de lo que le estaba pasando.

"Estaba muy asustada. Pensé que estaba enferma de algo muy serio y comencé a llorar", me dijo cuando la visité en su casa en el pueblo de Kathikhera, cerca de Nueva Delhi.

"No tuve el valor de decírselo a mi madre, así que le conté a mi tía. Ella dijo: 'Ya eres una mujer adulta, no llores, es normal'. Al final fue ella la que le dijo a mi madre".

Sneh, ahora de 22 años, ha recorrido un largo camino desde ese entonces. Trabaja en una pequeña fábrica en su pueblo que hace toallas sanitarias y protagonizó el documental "Period. End of Sentence" que salió premiado en la edición 91 de los Oscar.

La película se produjo después de que un grupo de estudiantes del norte de Hollywood realizara una campaña de recolección de fondos para enviar una máquina de compresas al pueblo de Sneh, donde Zehtabchi, cineasta iraní-estadounidense, documentaría la experiencia.

Debido a que Kathikhera se encuentra a 115 km de Delhi, en el distrito de Hapur, la distancia a los centros comerciales o los rascacielos de la capital india es bastante significativa.

Normalmente debería tomar dos horas y media recorrerla, pero los trabajos de construcción en el camino hacen que sean cuatro horas. A esto se le suma que los últimos 7,5 km de recorrido a la villa desde el pueblo de Hapur es todo un reto con estrechas carreteras sinuosas, bordeadas por desagües abiertos a ambos lados.

El documental se filmó en las granjas y en los campos -y en las aulas- de Kathikhera donde, como en el resto de India, la menstruación es un un tema tabú. Las mujeres en su periodo son consideradas impuras y tienen prohibido ingresar a lugares religiosos. También son excluidas a menudo de los eventos sociales.

Con todos los estigmas en torno a la menstruación, no es de sorprender que Sneh jamás hubiera escuchado de esta antes de que le llegara su periodo.

"No es un tema que se discutiera, incluso entre chicas", dijo.

La situación empezó a cambiar cuando la organización de beneficencia Action India, que trabaja en temas de salud reproductiva, estableció una unidad de fabricación de toallas sanitarias en Kathikhera.

Del tabú al reconocimiento

En enero de 2017, Suman, quien trabaja con Action India, le preguntó a Sneh si quería emplearse en la fábrica. A lo que ella, graduada de la universidad y con sueños de trabajar para la policía de Delhi algún día, aceptó emocionada. Después de todo, "no había otras oportunidades de trabajo" en la villa.

"Cuando le pedí permiso a mi mamá me dijo que le preguntara a mi padre. En nuestras familias todas las decisiones importantes las toman los hombres", contó.

Pero como le avergonzaba demasiado decirle a su padre que iba a hacer toallas sanitarias, terminó diciéndole que haría pañales para niños.

"Fue hasta dos meses después de empezar a trabajar que mi mamá le dijo que estaba haciendo compresas", se rió Sneh. Y para su alivio la respuesta de su padre fue: "Está bien, trabajo es trabajo".

Actualmente la unidad emplea a siete mujeres entre 18 y 31 años de edad. Trabajan de ocho horas diarias durante seis días a la semana y se les paga un salario mensual de 2.500 rupias (equivalente a US$35). El centro produce 600 compresas al día que se venden bajo la marca de Fly.

"El principal problema al que nos enfrentamos son los apagones. A veces tenemos que regresar en la noche para trabajar cuando se restablece la electricidad y así cumplir con nuestras metas", dijo Sneh.

Este pequeño negocio, cuya administración transcurre en dos habitaciones de una casa, ha ayudado a mejorar la higiene femenina en el pueblo. Antes de que empezaran a operar, la mayoría de las mujeres usaban trozos de tela de saris o sábanas viejas cuando les llegaba su período. Ahora el 70% usa compresas.

También ha ayudado a cambiar las actitudes y reducir los tabúes en torno a la menstruación en una sociedad conservadora de maneras que parecían inimaginables hace solo un par de años. Sneh dijo que la menstruación ahora se discute abiertamente entre las mujeres. Pero, añadió, no ha sido un proceso fácil.

"Al principio fue complicado. Tenía que ayudar a mi mamá con las tareas domésticas, tenía que estudiar y hacer este trabajo. A veces, durante los exámenes, cuando la presión era demasiado grande, mi madre fue a trabajar en mi lugar", dijo.

Su padre, Rajendra Singh Tanwar, comentó que está "muy orgulloso" de su hija. "Si su trabajo beneficia a la sociedad, en particular a las mujeres, entonces me siento muy feliz al respecto".

En un inicio, las mujeres se enfrentaron a las objeciones de algunos aldeanos que veían con suspicacia lo que sucedía en la fábrica. Y una vez que llegó el equipo de filmación hubo preguntas sobre lo que hacían.

Una lucha constante

Algunas, como Sushma Devi, de 31 años, todavía tienen que luchar a diario en casa. La madre nos dijo que su esposo accedió a dejarla trabajar solo después de que la mamá de Sneh hablara con él, pero puso la condición de que terminara las tareas domésticas antes de ir a la fábrica.

"Así que me levanto a las 5:00 de la mañana, limpio la casa, lavo la ropa, alimento a los búfalos, hago los pasteles de estiércol que usamos como combustible para cocinar, me baño, hago el desayuno y la comida antes de salir. La cena la hago una vez que regreso", dijo.

Pero su esposo sigue inconforme con el arreglo. "A menudo se enoja conmigo. Dice que hay suficiente trabajo en casa, ¿por qué tienes que salir a trabajar? Mis vecinos también dicen que no es un buen trabajo, que el salario es bajo".

Dos vecinas de Sushma llegaron a trabajar en la fábrica también, pero se fueron después de unos meses. Sin embargo, Sushma no tiene la intención de hacer lo mismo.

"Incluso si mi esposo me golpea, no voy a dejar mi trabajo. Disfruto trabajando ahí".

En el documental, se oye a Sushma decir que había gastado parte de sus ganancias para comprarle ropa a su hermano menor.

"De haber sabido que esto llegaría a los Oscar, hubiera dicho algo más inteligente", dijo entre risas.

El orgullo del pueblo

Para Sushma, Sneh y sus compañeras de trabajo, el reconocimiento en los Oscar ha sido un gran impulso.

Y mientras Sneh se preparaba para ir a la ceremonia en Los Ángeles, sus vecinos apreciaron el "prestigio y la fama" que trajo al pueblo.

"Nadie en Kathikhera ha viajado al extranjero así que será la primera en hacerlo", dijo. "Ahora me reconocen y me respetan en el pueblo, la gente me dice que está orgullosa de mí".

Sneh comentó que había oído hablar de los Oscar y sabía que eran los premios de cine más importantes del mundo. Pero nunca había visto la ceremonia y, definitivamente, nunca pensó que algún día estaría en la alfombra roja.

"Nunca pensé que iría a Estaos Unidos. incluso ahora no logro procesar por completo lo que está sucediendo. Para mí, la nominación en sí es un premio. Es un sueño que estoy soñando con los ojos abiertos".

Todas las fotos son de Abhishek Madhukar, de la BBC.

Publicidad