Amber Case plantea que todos somos “cyborgs”, es decir, que cada vez que utilizamos un dispositivo electrónico nos convertimos en robots capaces de habitar distintos tiempos a la vez. Sin embargo, la antropóloga estadounidense invitada al Congreso Futuro, advierte que esta condición conlleva riesgos enormes para los niños.

La investigadora del Instituto del Futuro en Palo Alto California es experta en la relación de los humanos con la tecnología. Su primer trabajo lo obtuvo a los 14 años como diseñadora de sitios webs y desde entonces no ha parado.

Durante su juventud le tocó vivir desde dentro el “boom de las punto com”, la burbuja de inversión especulativa que se formó en torno a compañías de Internet entre 1995 y el 2000 y que derivó en el colapso de muchas de estas empresas. Confiesa que, a pesar de haber tenido una buena infancia, involucrarse tan tempranamente en la web “desordenó” su cabeza. La académica explica que de esa experiencia juvenil aprendió mucho y por eso ahora promueve formas saludables de relacionarse con la tecnología. 

Niños clones y adictos a la tecnología

En Chile el 85 % de los niños y jóvenes ya tienen un celular y el 70% de ellos prefieren internet antes que otras actividades. Se trata de una realidad a la que ya estamos acostumbrados, pero que puede afectar gravemente el desarrollo de los niños e incluso causar enfermedades como depresión o ansiedad. 

Al respecto la especialista explica que, si los niños tienen acceso constante a la computadora, entonces “están acostumbrados a tenerlo todo en un clic, no entienden la gratificación tardía, el gusto de construir algo analógico y cómo un proyecto a largo plazo puede ser más satisfactorio y gratificante”.

Según Case, un riesgo importante para ellos es que no desarrollan singularidad. “Si miras las mismas interfaces y haces lo mismo que todos los demás ¿Por qué y cómo desarrollarías capacidades que son diferentes a las de los otros cuando crezcas? ¿Qué tienes de único? ¿Cuál es el punto de mirar y hacer lo mismo que el de al lado? Sólo estás siendo un clon” señala.

Otro mal hábito que según la experta es urgente controlar es el de los niños que se van a la cama con el teléfono. “Estos aparatos emiten una luz azul que afecta la producción de melatonina, la hormona que controla el sueño, lo que a la larga puede ser muy perjudicial”, explica la experta.

Algo muy importante también es evitar medicarlos lo más posible, dice Amber. “Si un niño es hiperactivo probablemente sólo necesita estructura y no Adderall y si un niño está deprimido necesita tener significado. Tal vez son muy inteligentes y necesitan un desafío mayor, entonces ponerlos en clases avanzadas es buena idea, pero no los fuerces a ser un clon o una copia de quien crees que debiste haber sido”, comenta. 

La ciberantropóloga advierte que los humanos estamos dejando cosas demasiado importantes en manos de la tecnología y una de ellas es el tiempo con los hijos. Al respecto, advierte que se debe poner atención al negocio que hay detrás de las aplicaciones, redes sociales y videojuegos a los que acceden los más pequeños. “El contenido de tu hijo está siendo constantemente monetizado por grandes compañías. Su atención está siendo monetizada”, afirma y agrega que “si un niño está perturbado es probablemente porque sea adicto a la tecnología”.

Estrellas de YouTube

Amber ha estudiado casos de niños con padres separados donde uno tiene una casa con mucho acceso a la tecnología y el otro tiene una casa con más restricciones. “Conozco a un padre que no permite que su hijo use nada de tecnología mientras ven series como Doctor Who o Star Trek, lo que hace que se concentran en lo que ven.  A veces el niño puede usar la computadora para jugar, pero es por solo una hora. En cambio, cuando va a casa de su madre está todo el tiempo utilizando tecnología. El chico nos dijo después que, si bien al principio no le gustaba estar sin el celular, ahora disfruta ir a casa de su padre porque está más cerca de él, no está siendo ignorado o puesto en pausa”.

Otro de sus estudios consistió en entrevistar a niños y jóvenes que se convirtieron en estrellas de YouTube. “Me di cuenta que muchos niños se convierten en estrellas famosas a través de plataformas como YouTube, pero este fenómeno solamente dura alrededor de un año o dos y ¿qué hacen después? El sentido de quiénes son se puede perder con esa experiencia”, afirma y agrega que para evitarlo es necesario “darles algo universal y de largo plazo como acceso a la música, al arte o asociarlos a actividades interesantes”.

Amber Case: Ahora todos somos ciborgs

La tecnología nos está haciendo evolucionar, dice Amber Case, a medida que nos convertimos en homo sapiens mira-pantallas que se lo pasan haciendo clic en botones. Hoy en día dependemos de los "cerebros externos" (los teléfonos celulares y las computadoras) para comunicarnos, recordar, e incluso para vivir vidas secundarias.

El buen uso de la tecnología

“No te molestes si un niño no es perfecto, sólo asegúrate de que vivan y que aprendan lo que es la vida”, aconseja la antropóloga para quien uno de los aspectos claves es enseñar a los niños a entender la tecnología como una herramienta y volver a cultivar relaciones más cercanas con ellos.

Existen muchas formas de hacer buen uso de la tecnología, explica Amber, “algunos de los chicos más populares de la escuela son los que aprendieron a utilizar cámaras y a editar videos con los compañeros, o los que usan sus computadoras para hacer música”, señala. Y agrega que “cada niño es muy diferente a otro, algunos se van a interesar más en las computadoras, pero lo importante es qué es lo que hacen con ellas. Si las usan para aprender alguna cosa creativa no van a absorberse y deprimirse”, afirma. Sin embargo, para Amber el buen uso de la tecnología “debe ir de la mano con entregarles más tiempo libre para hacer actividades que no sean prepararse para ir a la universidad, sino pasar tiempo de calidad con ellos”.

El “Keep Calm” de la tecnología

Amber Case recomienda volver a lo más básico, buscar espacios de reflexión y la tecnología calmada, es decir, disponer de ella como un recurso escaso en lugar de algo que siempre esté al alcance de la mano.

“Los padres antes les enseñaban a sus hijos a cocinar, a tejer o a reparar un auto y hay una conexión profunda que se forma al aprender a hacer este tipo de cosas con tus padres. Yo odiaba aprender a coser, tenía una máquina de coser de los años treinta y me enojaba siempre porque se trababa todo el tiempo” recuerda Amber y añade que otra actividad que hemos olvidado es cocinar. “Es una de las cosas que los padres y los niños pueden hacer juntos. Puedes buscar la receta en un libro o ver un tutorial en internet, pero de este modo estás utilizando tu teléfono y la tecnología para hacer algo interesante”, explica.  

Finalmente, la ciberantropóloga reflexiona en torno a la idea propuesta por los transhumanistas, quienes esperan que gracias al uso de tecnologías el Homo sapiens sea sustituido muy pronto por un modelo mejor de ser humano.

Al respecto señala que para ella “el punto de ser humano es que puedes elegir a qué cultura quieres pertenecer y si quieres viajar a la Antártica o bucear o dedicarte toda tu vida a tejer también puedes hacerlo, así como puedes descargar tu teléfono en una supercomputadora y hacer investigaciones en física particular, pero tenemos que tener una opción. No debemos dejar que un grupo muy específico de gente, que son ricos y que tienen una visión del mundo muy específica, en la que todos deberíamos estar conectados permanentemente a la red, defina cómo deberíamos vivir”, concluye.

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