Las miradas de terror de los numerosos espectadores sentados alrededor de Landon Cunningham daban una idea de la gravedad de la situación.

Un pequeño niño de ocho años, distraído con un teléfono celular, estaba en el punto de mira de la fuerza devastadora de un bate volador que se dirigía directamente a su cara.

Pero cuando el contacto parecía inminente, surgió el brazo heroico de su papá.

Fue una fracción de segundo, lo justo para que Shaun Cunningham fuera capaz de desviar el bate descontrolado del jugador de los Piratas de Pittsburgh Danny Ortiz y así salvar a su hijo Landon, quien estaba cumpliendo 9 años y asistía a su primer partido de béisbol.

El hecho ocurrió el pasado fin de semana durante un partido de pretemporada del béisbol de las Grandes Ligas entre los Piratas y los Bravos de Atlanta, equipo del que Landon es aficionado, disputado en Lake Buena Vista, en Florida.

Fue tal la reacción que causó la historia del "superpapá", que la familia Cunningham apareció en populares programas de alcance nacional de dos de las principales cadenas de televisión de Estados Unidos, Good Morning America de ABC y The Today Show de NBC.

En esta última, Landon reconoció que su primera experiencia en un partido fue extraordinaria, aunque quiso aclarar que no estaba jugando con el teléfono.

"Tomé una foto de uno de los jugadores de béisbol y se la estaba enviando a mi mamá", aseguró.

Objetos voladores identificados

El caso de Shaun Cunningham forma parte de los riesgos que toman los aficionados cuando van a ver un partido de béisbol, teniendo en cuenta la naturaleza del juego.

En 2015 hubo varias situaciones en las que las acciones en las tribunas opacaron lo que sucedió en el terreno de juego.

Estuvo el curioso dilema que enfrentó Keith Hartley, un hombre de 29 años y aficionado de los Cachorros de Chicago, que pudo atajar una pelota mientras alimentaba a su bebé de siete meses.

O el aficionado de Minnesota, conocido simplemente como Alan, que atajó un bate con una sola mano ya que en la otra aguantaba su cerveza.

También se ha visto el caso del pequeño de 10 años John Pizzi, aficionado de los Gigantes de San Francisco, que salvó a su papá de un fuerte dolor de cabeza al atrapar una pelota que se dirigía directamente hacia su progenitor.

No todos los casos terminan con un final feliz, como le pasó a Tonya Carpenter, quien quedó inconsciente por el impacto de un bate que recibió en el Fenway Park de los Medias Rojas de Boston y tuvo que pasar ocho días en el hospital.

Por suerte para ella se pudo recuperar del golpe.

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