En noviembre del año pasado, la escuela superior de música de Colonia, en Alemania, recibió un regalo poco usual: tres guitarras construidas con palisandro brasileño fueron donadas por la Oficina Federal para la Conservación de la Naturaleza (BfN). En 2015, los instrumentos habían sido confiscados al llegar a Alemania por la policía de aduanas del aeropuerto Fráncfort. La razón: las guitarras estaban construidas con esta madera noble y no contaban con las respectivas licencias para entrar al país.

En 1992, el palisandro brasileño (Dalbergia nigra) –también referido como palo de rosa–, en peligro de extinción, fue añadido al acuerdo de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), prohibiendo estrictamente su exportación y uso comercial. El palisandro brasileño solo puede ser obtenido y utilizado si este fue cosechado y exportado antes de la prohibición, o recolectado de árboles que hayan caído naturalmente. En ambos casos, deben estar acompañados de un certificado de procedencia.

Ahora, no solo el palisandro brasileño está prohibido por el acuerdo CITES, sino que muchas otras especies han entrado a la lista. Por ejemplo, todas la subespecies de la familia de palisandros (Dalbergia), entre ellos el también muy utilizado palisandro indio (Dalbergia latifolia), situado ahora en el Apéndice II del Convenio, donde están clasificadas especies no necesariamente amenazadas de extinción, pero que pueden llegar a estarlo a menos que el comercio de dichas especies esté sujeto a una estricta regulación.

La CoP 17 en Johannesburgo

Así, respondiendo a la necesidad de luchar contra la explotación y el comercio ilícito, la última conferencia de la CITES, celebrada en septiembre de 2016 en Johannesburgo (CoP17), aumentó el número de maderas que están bajo protección, endureciendo las normas  preexistentes. La CITES trabaja sometiendo el comercio internacional de especies seleccionadas a ciertos controles. Toda importación, exportación y reexportación de especies cubiertas por la Convención debe ser autorizada a través de un sistema de licencias.

La decisión sobre las nuevas prohibiciones, adoptada a principios de octubre de 2016, tuvo como plazo entrar a la legislación alemana a más tardar el 2 de enero de 2017. La UE, por su parte, había anunciado que las enmiendas deberían aplicarse a finales de enero, y a más tardar a principios de febrero de 2017. Antes de que se cumpliera este plazo, se les recomendó a todos los comerciantes de instrumentos (tanto fabricantes como distribuidores) a registrar las maderas e instrumentos para demostrar su existencia previa al 2 de enero y presentar una "factura correspondiente" para cada venta.

Para el reconocido constructor de guitarras alemán, Antonius Müller, las medidas, de momento, no son ningún problema. El luthier cuenta con su reserva legal de palisandro brasileño de 1985, así como una gran reserva –el cual se abstuvo a especificar– de palisandro indio, que según él, le durará un buen tiempo. No obstante, reconoce que el uso de las maderas tendrá un fin. "Mis clientes saben que yo no compro más palisandro brasileño. Eso significa que cuando se llegue a acabar, se acabó”, dijo Müller a DW.

Los instrumentos prohibidos

No solo las maderas de especies en peligro de extinción están protegidas por el Convenio, en vigor desde 1975. Varios instrumentos hacen uso también de otros "productos” de origen natural estrictamente protegidos por los reglamentos establecidos. Este es el caso del marfil, del caparazón de tortugas marinas, del hueso y dientes de ballena, y de los colmillos de morsa, utilizados en la construcción de arcos para instrumentos de cuerda frotada, como los son el violín, el violonchelo, la viola y el contrabajo. Asimismo, el uso de cuero de cocodrilos, serpientes y lagartos en la construcción de arcos y parches para instrumentos de percusión está protegido por el reglamento europeo (EG) 338/97, basadas, en gran medida, por las pautas dadas por la CITES.

A diferencia de comerciantes, músicos que posean tales instrumentos deberán atenerse a otras reglas: por un lado, la simple posesión del instrumento no precisa de documentos especiales, así como el viajar con el instrumento dentro de la Unión Europea (UE). Pero en caso de viajar afuera de la UE, se permite llevar el instrumento sin la presentación de documentos siempre y cuando el peso de la madera protegida por la CITES sea inferior a 10 kilos.

Este, por ejemplo, no fue el caso de la La Filarmónica de Südwestfalen en agosto de 2016. Para poder viajar hacia un festival de ópera en Suiza, la orquesta tuvo que reconstruir y reemplazar las maderas protegidas de 15 violines, violonchelos y violas, invirtiendo más de 30.000 euros. De lo contrario, los instrumentos no habrían estado autorizados a entrar al país no miembro de la UE.

Estética o sonido

En ciertos casos está claro que el uso de marfil en instrumentos musicales es simplemente una cuestión estética, pero en otros, como en el caso de las maderas, el uso de estos materiales prohibidos es fundamental para el instrumento. "He estado usando estas maderas (palisandro) durante 40 años desde que he sido un constructor de guitarras, y hasta el día de hoy no he encontrado ninguna alternativa real”, dijo Antonius Müller. "Tanto el palisandro brasileño como el palisandro indio tienen características únicas, y no solo por su belleza, sino por las propiedades acústicas que no pueden encontrarse en ninguna otra madera”, agregó. Sin embargo, admitió que en guitarras de menor valor, debajo de los 1.000 euros, el uso de estas maderas puede ser reemplazado.

Mientras las regulaciones sigan escalando, y hasta que las reservas de estas maderas no se acaben, estará por verse si será posible encontrar un reemplazo plausible que logre satisfacer las necesidades acústicas tanto de constructores como músicos y que ayude, al mismo tiempo, a proteger el medio ambiente.

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