Nació como parte de la ópera y desde que se separó, el ballet clásico no ha hecho más que deleitar: además de la admiración que causa, también ha provocado críticas por su severidad y por exigir lo que algunos señalan como "poses poco naturales". Pero en los últimos tiempos ha estado ganando popularidad como una forma de ejercicio.

Olvida la imagen tradicional de niñas en tutús rosados.

Hoy en día, las clases de ballet bien pueden estar dirigidas a gente mayor que no sueña con ser prima donna.

Su intención es mantenerse en forma y sano, lo que nos llevó a preguntarnos cuáles son los beneficios de entregarse a esta antigua forma de arte.

Pongámonos físicos

Una clase de ballet provee una sesión de ejercicio rigurosa.

Cuando los bailarines profesionales bailan en el escenario, lo que vemos son poses perfectas y agraciados movimientos, pero de cerca es evidente que el esfuerzo es arduo y el sudor corre.

Las clases se enfocan en muchas partes diferentes del cuerpo: brazos, piernas, músculos del estómago, pies y tobillos, que se van tornando cada vez más fuertes y firmes.

Practicarlo regularmente puede mejorar la postura y el equilibrio, lo que resulta en una figura más larga, delgada y elegante.

Es, no obstante, una forma extrema de movimiento que ejerce mucha presión sobre las articulaciones.

Los beneficios físicos del ballet se empezarán a notar en cuestión de unas pocas semanas de asistencia regular a las clases.

Sin embargo, la sensación de bienestar de las lecciones será visible casi inmediatamente, pues además de la actividad física, el ballet es excelente para la salud mental.

Ejercitando el cerebro

Mientras que los bailarines ejercitan sus cuerpos, sus cerebros también están siendo estimulados.
No es posible participar de una clase sin concentrarse completamente.

Los pupilos tienen que prestarle atención al profesor para poder aprender y repetir la coreografía.

Tienen que trabajar para mejorar los pasos y posiciones y aprender a calcular su espacio en el salón de clase o escenario, todo al ritmo de la música.

Porque puede ser complicado, obliga a la mente a enfocarse y estimula el cerebro. Hay estudios que indican que puede ayudar a reducir el riesgo de sufrir de demencia.

El ballet también puede ayudar a quienes sufren de la enfermedad de Parkinson, pues sus síntomas a menudo incluyen la falta de equilibrio y coordinación, de manera que tomar clases regulares puede aliviar temporalmente esos problemas.

Por otro lado, aunque la lección parezca exigente, puede ser una manera excelente de aliviar el estrés, pues el bailarín está completamente enfocado en el momento.

Deportistas que bailan

El mundo del ballet sigue siendo un espacio predominantemente femenino, pero a medida que los beneficios físicos del ballet se han ido conociendo más allá de los salones de clase y los escenarios, más hombres están incorporando la danza a su rutina de ejercitación.

Muchos deportistas profesionales ya han descubierto cómo el ballet les puede ayudar.

El futbolista Rio Ferdinand se entrenó como bailarín de ballet y en Estados Unidos es común que los futbolistas tomen clases, mientras que el equipo escocés de rugby 7 recibió entrenamiento psicológico del ex bailarín de la compañía de ballet rusa Bolshoi Misha Botting.

Aunque estos deportistas no tengan ninguna intención de convertirse en los Nureyevs del siglo XXI, entienden que el ballet hace que sus músculos sean más fuertes y mejora su equilibrio y postura.

El ballet puede contribuir al bienestar de la gente de una manera significativa, así que vale la pena animarse y buscar una barra en algún salón de clase en el que haya algo de música y un profesor que te enseñe qué hacer cuando ésta suene.

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