Su historia podría ser sacada de la ficción: una joven de poco dinero  y muchos sueños de gloria, que tras encontrar fama como actriz, conoce al líder del país y termina liderando masas como una amada –y también criticada- primera dama. Eva Perón se ha convertido en una leyenda en Argentina, y es material de películas, libros, obras de teatro y más.

Nació en Los Toldos como Eva María Duarte, una de los cinco hijos de la familia ilegítima que mantenía un político de la zona rural.  Su padre murió cuando Eva María era pequeña y la familia quedó a la deriva, en grandes apuros económicos; su madre comenzó a trabajar como costurera para mantener a sus hijos. Luego se trasladaron a Junín, donde Eva hizo sus primeras obras de teatro escolares. Entusiasmada por un futuro de luces y escenarios, la joven no terminó el colegio y partió con quince años a Buenos Aires, como tantas otras, a probar suerte en la gran ciudad.

Se demoró dos años en avanzar; dos años en que Eva Duarte hizo papeles secundarios en cine, teatro y radio, viviendo en lugares baratos que apenas podía pagar, esperando su despegue, acompañada por su hermano. Tras ese tiempo de penurias, en 1937 comenzó a ganar mayor reconocimiento y mejores roles en cine, y en 1939 logró un contrato con la Compañía Candilejas, que transmitía famosos radioteatros; en 1943 fue la fundadora del sindicato de su radio, demostrando su interés por los derechos de los trabajadores, lo que eventualmente se volvería parte central de su discurso como líder. Ese mismo año, comenzaría a ser la protagonista de un radioteatro en Radio Belgrano, donde interpretaba a grandes mujeres de la historia.

En 1944, cuando tenía 24 años, Duarte conoció al general Juan Domingo Perón en un evento solidario; al mes vivían juntos. Estaban juntos cuando Perón fue obligado a dejar la vicepresidencia por un golpe de Estado; fue apresado pero pronto hubo una gran marcha de obreros exigiendo su liberación. Eva y Juan Domingo Perón estaban juntos, y ya casados, cuando el militar llegó a la presidencia de la nación tras las elecciones de 1946; con 26 años, Evita, como la comenzó a llamar el pueblo, se transformó oficialmente en la primera dama de Argentina.

Su estilo se hizo famoso en el mundo: una mujer hermosa, que tenía voz y que era capaz de encender a las masas con sus llamados de justicia social. Antes de Evita las primeras damas argentinas, y de buena parte de Sudamérica, eran solo ornamentales, sin política propia. Ella se transformó en una líder, y al mismo tiempo, en una máquina de propaganda para su marido y su propio poder, que era capaz de vetar medios internacionales del país si no le gustaban las notas. Eva dedicó su rol de primera dama, y mano derecha de su marido, al trabajo por los “descamisados” de Argentina, ganándose el amor incondicional del pueblo, creando y empujando varias fundaciones de beneficencia, apoyando sindicatos y más. Fue una de las principales impulsoras del voto  femenino, aprobado en 1947.

En 1951 era considerado un hecho que Evita, la dama de la esperanza, sería la candidata a la vicepresidencia en la campaña de reelección de su marido. Eventualmente rechazó el cargo en un mítico discurso, en el hoy conocido Día del Renunciamiento. “Yo no soy más que una mujer del pueblo argentino, una descamisada de la Patria”, dijo frente a sus seguidores.

Al año siguiente, la primera dama argentina murió víctima de un cáncer de útero fulminante. Su leyenda vive hoy, y quizás lo hará por siempre, en la historia de su país.

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