Fue el evento literario del año: en la librería londinense Waterstones la presentación de la segunda parte de "El cuento de la criada", de Margaret Atwood. Muchos han estado esperando durante tres décadas para ver lo que sucedería con los personajes del estado totalitario ficticio de Gilead. La autora canadiense de 79 años se presentó en Londres para leer por primera vez fragmentos de su nueva novela.

Cuando se publicó "El cuento de la criada", en 1985, hubo algunos que no se entusiasmaron con la visión sombría de Atwood sobre el futuro de las mujeres. Algunos críticos consideraban que el texto era demasiado exagerado. Otros, según Atwood, solo preguntaban: "¿Cuánto tiempo nos queda?".

En el marco de los debates actuales sobre los derechos de la mujer en Estados Unidos y en otros lugares, Atwood cree que incluso hoy en día las sociedades pueden caer en el totalitarismo como el de Gilead: "Si nos fijamos en ciertos proyectos de leyes, algunos Estados de EE.UU. ya están casi listos", dijo Atwood en una conferencia de prensa en la British Library, la biblioteca nacional del Reino Unido. "Si los gobiernos fuesen justos y equitativos, solo las mujeres potencialmente embarazadas podrían decidir sobre esos temas".

¿Realidad o ficción?

En vista del debate actual en Estados unidos sobre la autodeterminación de las mujeres en cuestiones reproductivas, la continuación de la novela de Atwood llega en el momento justo. En la presentación del libro dijo que el mundo de hoy se parece más a Gilead que hace 34 años, cuando salió "El cuento de la criada": "Con el tiempo nos hemos movido hacia Gilead en vez de alejarnos de ella", señaló la autora.

A pesar de la aparentemente fina línea divisoria entre realidad y ficción, hay algunas diferencias significativas entre "El cuento de la criada" y "Los testamentos". La nueva novela se sitúa 15 años después del final de la primera narración y se cuenta desde la perspectiva de tres mujeres que observan e interpretan los acontecimientos del mundo brutal de Gilead de diferentes maneras. Quería "indagar cómo reaccionan las diferentes mujeres ante la opresión", dijo Atwood.

Cuando Margaret Atwood escribió "El cuento de la criada", vivía en Berlín Occidental, un enclave rodeado por la RDA socialista y el Muro. Ante la ciudad dividida, se preguntaba cómo sería un estado totalitario en Norteamérica, dice. Así surgió la idea del patriarcado violento de Gilead. Atwood basó su relato en casos reales e históricos de opresión de la mujer. "Para todo en esa novela hay una base real. No quería agregar nada que no hubiese sucedido ya de alguna manera", dijo Atwood una vez a la revista "People".

Una distopía moderna

Después de tantos años de la caída del Muro de Berlín, se discute sobre un nuevo muro a lo largo de la frontera entre Estado unidos y México, justo en el momento de la publicación de "Los testamentos". El aislamiento, la política de los aranceles y el populismo se están extendiendo en Occidente. El momento de esperanza tras el final de la Guerra Fría parece ahora una nota a pie de página. ¿Es el mundo de "El cuento de la criada" y "Los testamentos" una distopía? "Esperemos que así sea", responde Atwood en Londres, pero, de cara al futuro, suena desilusionada.

Este nuevo matiz también se puede sentir en su libro. Mientras que en "El cuento de la criada" se podía percibir la esperanza del fin de la teocracia y el totalitarismo, "Los testamentos" se centra en la experiencia de las diferentes personas y el comportamiento que tienen que desarrollar para sobrevivir en ese tipo de esclavitud.

Publicidad