Luego de una obertura más cercana a sus éxitos caribeños, Ricky Martin hace una breve pausa y se recluye en una suerte de container ubicado en el centro del escenario del Festival de Viña del Mar. En las pantallas, una transición lo muestra convirtiéndose en un James Bond (con un desnudo integral casi incluido) que va de camino a Las Vegas. La relación es obvia, la carretera apunta a Estados Unidos y sus hits en inglés como "Livin' la vida loca".

Horas antes, en una conferencia de prensa que acaparó completamente la atención de los medios, el puertorriqueño aseguró que no veía a la Quinta Vergara a darle sermones a nadie y cumplió. Aún así, su música está enraizada en su propia historia y es esta la que entrega el mensaje. Habló de la importancia del matrimonio igualitario, y en su performance coquetea igual de apasionado con sus bailarinas y sus bailarines; incluye "Tiburones", ese último single de llamado al reencuentro que vino precedido de un video en el que la gente sale a protestar, como lo hizo en San Juan con Bad Bunny, Residente y el pueblo de Puerto Rico para sacar con éxito del poder al ex gobernador Ricardo Roselló; y hoy, "Pégate" resuena como un himno de la victoria y esperanza en el futuro. 

Todo lo anterior, y a seis años de su último concierto en Viña, envuelto en un show de cinco estrellas, desde la destreza de su cuerpo de baile hasta la sobriedad necesaria de sus músicos. Detalles que valen las dos Gaviotas.

Aplausos y gritos multiplicados por varios dígitos cuando se plantó en medio del escenario para cantar buena parte de sus baladas que evocan al Ricky Martin de melena y camisa blanca oversize. "Fuego contra fuego", "Te extraño, te olvido, te amo" y "Fuego de noche, nieve de día" se amplificaron desde las butacas del jurado hasta la punta más alta de la galería. Un karaoke, como dijo Martín Cárcamo, que aunque suena a cliché también es la definición insuperable de la respuesta del público a su música.

"¿Qué le diría a la Quinta?", le preguntaron los animadores. "Que se exprese, que exijan lo básico, los derechos humanos, es básico, no pedimos nada. Yo estoy contigo Chile, en Chile y fuera de Chile estaré contigo y siempre al tanto, te quiero, Dios te bendiga, sostuvo el artista.

Y añadió: "Y nunca callados, siempre con amor y con paz y con paz pero nunca callados, exijan lo que ustedes merecen", respondió.

Entonces, el hombre de "Tal vez" representa igual de bien el espectáculo, el sentimentalismo puro y la contingencia. El pasado y el futuro. Y ahí cada uno se queda con su propia versión del artista. Como dice uno de sus discos, él le canta (y le habla) "A quien quiera escuchar".

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